Como Criar Villanos Correctamente Novela - Capítulo 346
C346. Votación (1)
Cuando Alon recibió el documento de entrevistas de parte de Alexion por primera vez, no pensó demasiado: simplemente eligiría una compañera adecuada.
…hasta que él vio los nombres de los candidatos.
‘¿…por qué está Yutia aquí…?’
Sí, el nombre de Yutia estaba escrito en el documento de entrevista.
Y no solo eso.
Al verificar que los nombres de todos los que actualmente permanecían en la casa del Marqués estaban incluidos —incluyéndola a ella—, Alon quedó momentáneamente confundido.
‘…¿Qué está pasando?’
Aunque, claro, en el caso de Yutia y Seolrang…
Tal como Evan le había contado, ambas habían estado intercambiando cartas constantemente, así que podría tener sentido que presentaran una entrevista de compañera.
Pero, ¿qué hay de Rine y Magrina, que estaban en Fildegreen?
¿Cómo demonios había logrado contactarlas?
Y lo mismo ocurría con Historia y Ryanga.
Él podía entender que lograra contactarlas si sabía que estaban en Divine Land, pero ¿cómo sabía Alexion de la relación que ellas tenían con él?
Alon ladeó la cabeza sin darse cuenta.
Él miró a Alexion.
—Alexion.
—Sí.
—…Dijiste que habías enviado cartas para recibir participantes, ¿verdad?
—Así es.
—…Digamos que con Yutia y Seolrang es comprensible, pero ¿cómo enviaste cartas a las demás?
—Eso es…
Alexion desvió ligeramente la mirada hacia un costado, y de repente palideció. Luego contestó con una sonrisa torpe.
—Ah, eso… Lo escuché de parte del señor Evan.
—…¿De Evan?
—Sí.
—Ya veo.
Entonces algo comenzaba a tener sentido.
Alon asintió, pero notó que los ojos de Alexion seguían mirando furtivamente hacia otro lado.
Y en cuanto se dio cuenta de que esa mirada estaba dirigida detrás de él, se giró de inmediato.
Pero tras la ventana que daba a su espalda, no había nada.
Solo el paisaje habitual del interior del castillo.
Alon sintió una leve duda, pero solo por un instante.
Tal vez había visto mal, pensó. Volviendo su mirada al frente, decidió preguntar una de las dudas que tenía en mente.
—A propósito.
—Sí.
—…Este documento de entrevistas, ¿está correctamente investigado?
—Claro que sí… ¿Por qué lo pregunta?
—Bueno, decía que Yutia Bloodia tiene dieciocho años.
Una pregunta inocente.
Alexion vaciló.
¿Él debía decir la verdad?
En ese momento, Alexion podía ver claramente los ojos de quienes lo estaban presionando para que dijera la verdad.
En la ventana detrás de Alon —en la que antes no había nada cuando él miró— ahora había de nuevo varias personas que observaban fijamente a Alexion.
Entre ellas, Seolrang y Rine.
‘¡Es ahora! ¡Di la verdad! ¡Vamos!’
Estaban pegadas una a la otra, con los ojos muy abiertos, animándolo desde la ventana opuesta —una ventana en la que solo Alexion podía verlas.
—Bueno… la verdad es que…
Justo cuando Alexion, tomando valor gracias a esos “ánimos”, estaba por hablar—
Él la vio.
Los rostros de Seolrang y Rine, que hacía un instante mostraban un entusiasmo feroz, se volvieron pálidos de golpe.
Y entonces—
¡Fwoosh!
Desaparecieron de la ventana como si hubieran sido absorbidas hacia algún lugar.
«…!»
Una escena digna de un cuento de terror.
Alexion abrió la boca sin querer, soltando un chillido.
Alon lo miró confundido, pero Alexion no podía apartar la vista.
Y lo que apareció en el campo de visión de él fue un par de ojos rojos brillantes.
A pesar de ser pleno día…
Desde la oscura ventana opuesta brillaban esos ojos rojos.
Y bajo ellos…
La tenue sonrisa de Yutia Bloodia.
¿Estaba débil por estar cubierta por la oscuridad?
¿O es que realmente…?
¿La sonrisa de ella estaba desapareciendo?
Pero.
En cuanto Alon notó la dirección de la mirada de Alexion y se giró otra vez…
Yutia desapareció como si nunca hubiera estado ahí.
—Alexion.
—S-sí, señor marqués…
—…¿Hay algo detrás de la ventana?
A esa pregunta repentina:
—…N-no, no hay nada.
—¿Sí?
—Sí.
—Pues para no haber nada…
Lo negó débilmente.
Alon lo observó como si algo no cuadrara.
Pero Alexion no podía abrir la boca.
Porque tan pronto como Alon volvió a mirar al frente, Alexion vio a Yutia nuevamente, con una sonrisa cada vez más tenue.
Por eso—
—L-la verdad es… ¡la verdad es!
—…¿La verdad?
—L-la edad de la señorita Yutia… la escribí yo por mi cuenta…
—¿Por tu cuenta?
—S-sí. Les pregunté a todos los demás, pero me olvidé por completo de preguntarle solo a ella…
Alexion soltó una risa torpe.
—¿Ya veo? ¿Pero por qué escribiste “dieciocho”?
—Bueno, verá… se ve extremadamente joven, ¿no cree?
—¿Y?
—Pensé que debía al menos poner una información básica en los documentos, así que la puse de forma provisional….
Él agregó rápidamente: “Es que ella se ve demasiado joven”.
Él parecía luchar desesperadamente por su vida.
—Hmm… bueno, con Yutia podría ser. No es muy alta tampoco.
Alon asintió como si lo hubiera comprendido. Y en ese instante, Alexion pudo verlo.
La habitación oscura volvió a iluminarse.
Yutia, sonriendo alegremente, agitándole la mano con dulzura.
Y Seolrang y Rine, sujetadas por la nuca por Yutia mientras sus rostros parecían gritar:
‘¡TRAIDOR! ¡MALDITO TRAIDOOOOOR—!!’
Pero eso duró solo un instante.
Yutia, sonriendo satisfecha, arrastró a ambas fuera de escena.
Alexion soltó un suspiro de alivio.
—Entonces, ¿todo lo demás está basado en hechos?
—En principio sí. A medida que vaya revisando los documentos, le iré haciendo pequeñas anotaciones.
Respondió Alexion recordando su determinación anterior:
Aunque había fallado en influir en el contenido de las entrevistas, al menos interferiría un poquito de esta manera.
—Bien. Empecemos.
—Sí.
Pero lamentablemente, Alexion no pudo cumplir su propósito.
Cada vez que intentaba decir algo, alguien aparecía de algún lado y, desde un lugar que solo él podía ver, lo observaba con expresiones aterradoras.
Al final, lo único que él pudo decirle a Alon fue: “Sí” y “Correcto”.
—¿Esto es todo?
—Sí. Entendido.
Al salir del despacho de Alon y regresar al suyo, Alexion notó una copa dorada sobre su escritorio.
Un cáliz que parecía gritar:
‘Soy un cuerpo caro hecho en Rosarion—’
Alexion frunció el ceño.
‘¡Por mucho que me guste el dinero, esto es—!’
Él tomó la copa dorada.
Y en ese momento…
—Señor Alexion, tengo algo que inf… ¡Ah, ¿esa no es una copa de oro!? ¡Es un objeto increíblemente caro y valioso! ¿Dónde la consiguió?
Su secretaria entró repentinamente y soltó una exclamación exagerada.
—Hmph, ignóralo.
—Vaya, es impresionante. Solo vendiendo una podríamos comprar varias villas incluso para la casa del Marqués.
—…¿Cómo dices?
Alexion, que había respondido con indiferencia, giró la cabeza al escuchar eso.
—¿Qué?
—¿Este cáliz vale tanto?
—¡Por supuesto! Es claramente una pieza artesanal de Rosarion. Que no valiera eso sería lo raro, ¿no?
Y tras la explicación adicional—
Alexion dejó la copa cuidadosamente sobre el escritorio.
…Era demasiado valiosa para usarla solo por orgullo.
—
Al día siguiente.
—Señor marqués, ¿qué observa tan concentrado?
—La lista de parejas.
—¿…Parejas? Ah, ¿eso?
—Sí.
—¿Todavía no decides?
—No.
Evan entró al despacho, dejó escapar un “hmm” y asintió comprensivamente.
—Bueno, no es fácil elegir así nada más. Después de todo, una pareja de baile es importante tanto para usted como para la otra persona.
—¿Es tan importante?
—Claro. Asistir juntos al baile como pareja es prácticamente reconocer un “algo” entre ustedes. Ese tipo de rumores se esparcen fácil. Y afecta la imagen pública.
—…Parece un puesto más pesado de lo que pensé.
Evan se encogió de hombros.
—Pero tampoco tiene que pensarlo tan profundamente. Mientras no vaya más allá, los rumores se calmarán solos. No es como si usted fuera un rey. Para alguien que no sea rey o príncipe, no es una posición tan crucial.
—¿Ah sí?
—Al contrario, para un rey o un príncipe sí sería raro cambiar tan seguido de pareja.
—Ya veo.
Alon asintió, comprendiendo.
—Aun así, es difícil elegir.
—¿Hay tantas opciones prometedoras?
—No es que sean “prometedoras”… simplemente… es difícil escoger.
Alon volvió a mirar la lista.
‘……Hay muchas opciones, pero…’
Aun así, la razón por la que él no podía decidir con facilidad era simple:
Porque la elección de él podía decepcionar a los demás.
Claro está, si quienes se decepcionaran fueran personas que él ni conocía, no le importaría.
El problema era que…
Más de la mitad de los nombres en la lista eran personas que él conocía.
Él pncluso pensó en elegir a alguien que no conociera en absoluto, pero…
Eso tampoco parecía correcto.
Tras pensarlo un rato:
—Evan.
—Sí.
—……¿Podrías reunir a los demás?
—¿Los que están en la casa del Marqués ahora?
—Sí.
—…? Bueno, está bien.
Con eso, su decisión estaba tomada.
Y cuando Evan estaba por salir, recordó algo.
—Ah, cierto, señor marqués. Tengo un mensaje rápido.
—¿Cuál?
—La otra vez pidió enviar cartas de invitación a los reyes, ¿no?
—Sí, ¿por qué?
—No es nada grave, pero creo que para hoy todos deben haber llegado. ¿Quiere que avise a los de Divine Land para que se preparen por si acaso?
Alon lo pensó un momento y negó con la cabeza.
—No hace falta. Como dije antes, solo es una formalidad.
—¿Sí?
—Nadie va a aceptar la invitación.
—Hmm—. Entendido.
Evan salió obedientemente.
—
Normalmente, nadie debería estar allí.
Pero ahora había reunidos cinco reyes:
Criteania Siyan, del Reino de Asteria
Stallian V, del Reino de Ashtalon
Karmaxes III, del Reino de Colony
Palmarian IV, del Reino de Caliban (Caliburn para los amigos)
Torimavia, del Reino de Laksas
Reyes que solo se juntaban en reuniones de la alianza.
Esta vez estaban allí, sin informar a nadie, en una reunión secreta.
Y que esos reyes —que rara vez abandonaban sus reinos— se reunieran así solo significaba una cosa:
El Marqués Palatio.
Más precisamente:
—¡Se los dije! ¡El Marqués Palatio desea convertirse en un nuevo cielo! ¡Él está preparando una guerra!
—…Ejem.
Su comportamiento últimamente era inquietante.
—Aun no podemos asegurarlo —replicó Stallian V.
Pero Palmarian IV frunció el ceño con fuerza.
—¿De verdad lo crees? El marqués ha entrenado una enorme cantidad de caballeros y soldados. Y además de eso, los mercenarios aumentan cada día.
—Piénsenlo. Si él no piensa iniciar una guerra, ¿para qué necesita tantas tropas? ¿Cuánto dinero cuesta mantener un ejército así? ¿No es obvio?
—¡Y últimamente su reputación ha subido absurdamente! Como si alguien lo estuviera manipulando.
A esas palabras, todos guardaron silencio.
No era que estuviera equivocado.
Palmarian IV continuó, volviendo cada vez más siniestro el retrato del Marqués Palatio.
Y entonces—
—¿Tienes algo que decir?
Karmaxes III —que había permanecido en silencio— habló finalmente.
—Para ser honesto, no creo que el Marqués Palatio vaya a cometer algo así.
—…¿Lo dices en serio?
—¿No podría ser solo una coincidencia?
—¿Coincidencia? ¡¿Entrenar tantas tropas, reunir poderosos individuos, fundar su propia religión, unir poblados enteros y fortalecer Divine Land?!
—Hm…… Visto todo junto, sí… cuesta llamarlo coincidencia.
Karmaxes hizo una mueca.
Si el marqués escuchara esto, estaría pálido negándolo con desesperación.
Pero los reyes no sabían eso y continuaron la discusión.
Al cabo de un rato, Palmarian IV se volvió hacia Criteania Siyan.
—¿No tienes nada que decir?
—¿Algo que decir…?
Siyan murmuró en silencio, pensativa.
A diferencia de los otros reyes, el rostro de ella no mostraba emoción alguna.
Tras un largo momento:
—Entonces, ¿qué es lo que quieres hacer?
Le preguntó a Palmarian.
—Naturalmente—
Pero justo cuando él iba a responder—
Toc, toc.
Un golpe cortés sonó en la puerta.
Alguien entró.
Era el asistente de Palmarian IV.
Con expresión grave, se acercó a él y le susurró algo.
Y como si lo hubieran estado esperando, los asistentes de los otros reinos también entraron uno por uno para informar una misma mala noticia.
Al momento siguiente, los reyes se miraron profundamente.
—…Parece que todos hemos recibido el mismo mensaje.
—…Así es.
—Una… invitación, ¿cierto?
—Sí.
—…Parece que no podemos rechazarlo. Que llegue justo ahora significa que él sabe que estamos aquí, así que—
Karmaxes III no terminó la frase.
Pero todos sabían qué venía después.
—…Entonces… ¿ni siquiera podemos rechazar su invitación?
Y así, los reyes se vieron obligados a aceptar la invitación del Marqués Palatio.
…Llevando consigo un enorme y absurdo malentendido.
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