Me Case con la Dragona que Maté Novela - Capítulo 183
Capítulo 183: Punto de Quiebre
El sitio debajo del Árbol del Mundo hacia donde el Anciano Elfo Superior condujo a Ferda y Erica resultó ser una celda cuyos barrotes estaban entrelazados con raíces. Dado lo hermético que era el ambiente de los elfos, rara vez había reclusos, por lo que el área estaba prácticamente reservada para su uso exclusivo.
—¿Cuáles son sus intenciones con nosotros? —cuestionó Erica, dirigiéndose al Anciano.
—¿Y qué más podríamos hacer? A fin de cuentas, ese humano es el responsable del suceso que tanto temíamos.
El Anciano apuntó a Ferda usando su barbilla. Resultaba irritante notar cómo dejaba de lado los tratamientos formales al verse en una posición de poder.
—Encerrarnos antes de comprobar los hechos, ¿acaso no es una provocación directa?
—El Gran Jefe se encuentra entre la vida y la muerte, Maestra de la Torre. Comprenderá que no nos es posible simplemente ignorarlo.
—…
Los Elfos Superiores actúan como la aristocracia de toda su raza, siendo el Gran Jefe una figura similar a la de un Emperador. Dicho soberano había entrado en una crisis fatal por razones desconocidas. Debido a esto, Erica y Ferda habían accedido a acompañarlos sin oponer resistencia.
—Les pido que aguarden aquí sin causar alboroto hasta que el Gran Jefe recobre el conocimiento.
Acto seguido, el Anciano Elfo Superior dio media vuelta y se retiró abruptamente. No implementaron precauciones adicionales. Aunque tenían prisioneros a dos hechiceros, y uno de ellos formaba parte del experimentado grupo que rescató el continente, no se molestaron en atarlos o separarlos. Esto no se debía a un trato preferencial, sino a que resultaba innecesario. Cada vez que intentaban liberar su maná para formar un círculo mágico, la energía desaparecía, succionada por el entorno. Las mismas raíces que estructuraban la celda devoraban la magia como si fuera alimento.
Erica sujetó con fuerza los barrotes. Deseaba destrozar la madera y escapar de inmediato, pero sabía que un intento así solo terminaría perjudicándolos.
—Haa…
Erica dejó escapar un aliento cansado. De reojo, observó a Ferda. Él continuaba sentado, manteniendo un mutismo absoluto.
—Haa…
—…
—¡¡¡Haaaaa!!!
—…Estás haciendo mucho ruido.
—¿Ah, sí? ¿Acaso no es comprensible que haga ruido en una circunstancia como esta?
Erica entrelazó sus brazos y le lanzó a Ferda una mirada asesina.
—Bien, habla ya. ¿Qué le ocurrió realmente al Gran Jefe?
—…
El ceño de Erica se frunció con evidente molestia.
—Regente-nim. Ignoro los detalles, pero el líder de los Elfos Superiores está al borde de la muerte justo después de reunirse con usted. Si espera que lo defienda, es imperativo que me explique qué clase de altercado tuvieron. ¿Me comprende?
Ferda reflexionó sobre la mejor manera de abordar el tema. Decidió ofrecer una explicación que revelara la menor cantidad de detalles.
—El Gran Jefe sintió curiosidad por mi propio maná, de modo que procedió a examinarlo.
—¿Su maná, afirma?
—Exacto.
—Si el problema vino del maná del Regente-nim…
De pronto, Erica llegó a una conclusión inesperada. Con las mejillas ruborizadas, lanzó una pregunta llena de tacto.
—Ese anciano, no me diga que lo dejó al borde del colapso durante un acto íntimo…
—…No se trata de nada de eso.
Reflexionándolo un instante, su actitud se asemejaba a la de una adolescente impulsiva. Al darse cuenta de que su suposición había sido demasiado descabellada, decidió desviar la atención.
—Es innegable que se percibía algo inusual en la magia del Regente Ferda.
—Y usted dejó escapar un alarido bastante vergonzoso.
—Bueno, fue una impresión repentina, simplemente me tomó por sorpresa, no hubo ninguna otra razón. Nos estamos desviando hacia un tema muy raro. ¿Podemos volver a lo importante?
Empezó a balbucear, alterándose a sí misma sin ayuda de nadie.
—La energía del Regente Ferda es peculiar, sin embargo… aquel viejo no es de los que bajan la guardia fácilmente… Si el Árbol del Mundo llegó a temblar con tanta fuerza, es muy probable que haya sido obra de él mismo…
El análisis de Erica era acertado. Ferda rememoró la expresión en los ojos del Gran Jefe. Su rostro, al mirarlo, estaba completamente consumido por el terror.
«¿Cómo es que esto es posible…?»
¿Qué habría presenciado el anciano como para pronunciar aquellas palabras? En realidad, no era difícil deducir qué imagen había provocado semejante reacción. Seguramente fue su propio reflejo, impregnado de un odio y una rabia inconmensurables. Ferda sencillamente prefería no admitir que se había mostrado de una forma tan sombría.
«¿Acaso actué de más?»
Aunque el Gran Jefe provocó la situación, fue el propio Ferda quien le abrió la puerta. La urgencia suele empujar a las personas a moverse de forma impulsiva. Aquella reacción automática era la verdadera causante de este desenlace, por lo que la responsabilidad recaía sobre Ferda.
—¿Me está escuchando?
—¿Dígame?
—¿Piensa contestarme ya? ¿Qué fue exactamente lo que le hizo?
Erica demandó una explicación con la mirada encendida de impaciencia.
—¿Qué tanto conoce la Maestra de la Torre respecto al Rey Demonio?
—¿Contestar una duda con otra duda? Es una costumbre que me desagrada bastante.
—Tiene mucho que ver.
Aunque protestó con un claro gesto de disgusto, terminó accediendo a responder.
—Lo ignoro en su mayoría. Solamente tengo entendido que emergió de improviso, se erigió como el sucesor de Godwin, y su primer paso fue intentar subyugar el mundo liderando a los demonios…
—¿Eso es todo?
—Una vez que logremos adentrarnos en el Lejano Oriente, quizás seamos capaces de realizar una indagación exhaustiva sobre el asunto. Ahora bien, ¿qué relación guarda eso con lo que pasó hoy?
Dado que ella le había contestado con la verdad, él le devolvió el gesto a su manera.
—Me temo que no puedo darle una respuesta sobre este incidente.
—…¿Se está burlando de mí?
—Es lo mejor para la seguridad de ambos.
Erica lo observó con evidente repugnancia. Sus pupilas, cargadas de rencor, lo perforaron antes de que ella inflara las mejillas en señal de enojo.
—¡Ah, es increíble…! ¡Me hace perder por completo la paciencia!
—…
—¡¿Por qué últimamente todo el mundo me trata así?! ¡Se supone que soy la líder de la Torre de Ojos Azules! ¡¡Soy aquella joven que fue bendecida por Iorga-nim!! ¡¡No entiendo por qué debo pasar por estas indignidades!!
—…
—¡Ugh! ¡Siento unas ganas tremendas de ponerme a llorar!
—Le sugiero que no lo haga.
—¿Y por qué no? ¿Acaso le causaría molestias?
—Efectivamente.
Ferda se tapó las orejas con las manos. Esa respuesta hizo que Erica abriera los ojos desmesuradamente.
—¡Por todos los cielos, ¿lo dice de verdad?! ¡Pues ahora mismo voy a desatar toda mi frustración en este lugar!
—…
—¡Le aseguro que voy a derramar un mar de lágrimas! ¡Dejaré que todo fluya, mocos incluidos, hasta quedar vacía!
—L-le suplico que se contenga…
Justo cuando ella seguía gritando, una presencia cortó el hilo del diálogo. Al voltear, notaron una silueta aguardando al otro lado de los gruesos barrotes. Se trataba de Rize. El juicio de Erica, que había estado a punto de quebrarse por completo, regresó a duras penas.
—¿Se encuentran ilesos?
—…¿De verdad nuestra situación actual le parece que estamos bien?
Erica replicó tajantemente con un rictus de molestia, lo que provocó que Rize bajara la mirada avergonzada.
—Les ofrezco mis disculpas. Alguien agredió a mi padre, y dado que Ferda-ssi es el principal implicado, esta medida era inevitable.
—Dejemos las disculpas, infórmeme sobre el estado de las cosas. ¿Cuál es el clima general en el exterior?
—Para empezar… la condición del Gran Jefe es sumamente delicada, lo que ha generado una gran inquietud.
—Tienen un resentimiento enorme hacia el Regente Ferda, supongo.
Erica remarcó el nombre Ferda al hablar. Rize asintió sin emitir sonido alguno.
—No obstante, por suerte el Gran Jefe logró despertar, aunque haya sido solo un breve lapso.
—Supongo entonces que la confusión ya ha sido aclarada.
Erica asumió que el conflicto había llegado a su fin. Sin embargo, Rize sacudió la cabeza en negativa.
—Para nada. Mi padre prefirió no detallarle lo ocurrido a los demás, pero me entregó unas directrices.
—¿Qué clase de directrices?
La mirada de Rize reflejaba una seriedad atípica en ella. Susurró sus siguientes palabras.
—Me dio la orden de ayudarlos a escapar de forma clandestina.
Aquella revelación hizo que Erica arqueara una ceja, consternada.
—Un momento. ¿Nos está diciendo que ahora somos criminales a la fuga?
—Todo indica… que es así.
—Que la heredera de Iorga escapó cobardemente de los elfos. ¿Acaso planean rebajar nuestro honor hasta ese extremo?
Rize, notando su disgusto, intentó convencerla con un rostro afligido.
—Se lo ruego. Hizo especial énfasis en que todo esto se llevara a cabo bajo el mayor de los sigilos.
—Esa petición sale sobrando. Solicité que me facilitaran el diario de los Elfos Superiores junto con su respectiva traducción. Me niego a marcharme sin haber obtenido los frutos de mi visita.
—Tal como lo predijo el Gran Jefe, él sabía que usted respondería de esa forma…
Rize desabrochó un poco el morral que colgaba de su hombro. En su interior, había un montón de papeles amontonados desordenadamente.
—También se me indicó que les cediera estos documentos una vez que logren abandonar el Árbol del Mundo.
—Ese anciano manipulador… Me resulta detestable la forma en la que intenta jugar con mi mente.
—¿Estás segura de que esto contiene lo que busco?
—No he revisado los textos, por lo que no podría asegurarlo…
—Ni siquiera sabemos de qué trata, ¿qué tal si es una simple trampa?
Erica, movida por su propia amargura, se negaba rotundamente a seguirle el juego a las intenciones del Gran Jefe. Finalmente, Ferda decidió apoyar la postura de Rize.
—No estamos en posición de darnos el lujo de discutir con tranquilidad, ¿no sería mejor si partimos de una vez?
—¿Y acaso no estamos en este lío por tu culpa?
—En efecto, así es. No obstante, podríamos asegurar nuestro objetivo principal y eludir choques que no nos benefician, ¿verdad?
Ferda estaba convencido de que las instrucciones del líder élfico tenían un propósito oculto. Erica, aún con los brazos entrelazados, se mordió el labio con frustración antes de alborotarse el cabello con las manos.
—¡Kyaaaa! ¡De acuerdo! ¡Si logramos descubrir lo que vinimos a buscar, entonces cooperaré! ¡Haré el esfuerzo de confiar en esto!
—¡M-muchas gracias! Procederé a desbloquear la entrada.
Rize insertó una extraña llave tallada en madera y liberó el acceso a la celda. Una vez que los barrotes cedieron, una duda asaltó a Ferda, quien decidió preguntar solo por precaución.
—Disculpe, Secretaria Rize, pero… ¿usted no es catalogada como una Alta Elfa?
—Efectivamente, lo soy.
—En ese caso, ¿acaso los demás no están ya enterados de nuestras acciones?
Los Altos Elfos se caracterizaban por mantener una conexión mental colectiva. Quien los había apresado era el propio Anciano de los Altos Elfos. Por ende, aunque Rize intentara guiarlos en las sombras, su plan ya debía ser del conocimiento general.
—Pertenezco a los Altos Elfos, sin embargo…
Se frotó la mejilla con cierta vergüenza antes de responder.
—Mi naturaleza física me imposibilita enlazar mi conciencia con la del resto de mis congéneres.
La estructura interna del Árbol del Mundo recordaba profundamente a la de una Torre Mágica. Esto era lógico, puesto que el diseño de dichas torres se había basado, desde un principio, en la arquitectura de este mismo árbol sagrado. Este lugar representaba el pináculo de la perfección cuando se trataba de canalizar y optimizar la energía mística. Un denso caudal de maná se cristalizaba en un resplandor blanquecino que funcionaba como luz ambiental, mientras que las paredes estaban tapizadas de vegetación, como musgo y lianas, que prosperaban gracias a dicha luminosidad.
La propia madera de los troncos se moldeaba para formar amplios escalones y pisos, ofreciendo áreas transitables en sus entrañas. Ascendieron por esas gradas con suma cautela. El torrente de agua que descendía desde lo más alto del Árbol del Mundo no producía un estruendo violento, sino que fluía con una quietud inquietante.
—Está demasiado tranquilo. —Comentó Ferda con clara intención.
—En efecto. —Coincidió Erica, captando de inmediato el mensaje.
—Estas profundidades rara vez reciben forasteros, es normal que se sienta así de desolado.
Rize intentó calmar los ánimos, sugiriendo que la calma era habitual. Ferda y Erica cruzaron una mirada fugaz. Por más vueltas que le dieran, la justificación de la elfa les resultaba sumamente dudosa.
—Quiero hacerle una pregunta.
—¡Dígame!
—¿De qué manera logró descender hasta estas zonas tan profundas? —Inquirió Erica, incapaz de disipar sus dudas.
—Me dediqué a rastrear las energías del entorno y procedí a bajar tomando todas las preciones posibles.
—¿Me está diciendo que se abrió paso basándose puramente en su instinto?
—¡Exactamente! Quizás no lo aparente, ¡pero soy muy buena cuando se trata de evadir atenciones!
…
La leve sospecha no tardó en solidificarse como una certeza absoluta. Erica se enderezó de inmediato, abandonando su postura descuidada, y alzó el rostro para exclamar a viva voz:
—¡Dejen de acechar en las sombras, muéstrense ya!
Apenas pronunció esas palabras, aquel entorno sepulcral se vio repentamente colmado de innumerables presencias. Se trataba de un escuadrón de Elfos del Bosque ataviados con equipamiento bélico típico de su cultura. Centenares de estos Elfos del Bosque formaron un cerco cerrado alrededor de ellos, bloqueando cualquier posible vía de escape. Rize no fue capaz de disimular su total estupor.
—Pero, pero… de qué forma…
—¿A qué te refieres con ‘de qué forma’, estúpida?
Resonó un tono de voz que todos reconocieron al instante. El Anciano de los Altos Elfos dio un paso al frente desde las filas de soldados. Su mirada estaba teñida de una profunda aversión. Eran los ojos de alguien que observaba a un bicho rastrero, no a un miembro de su propio linaje.
—¿De verdad pensaste que podrías engañar la vista de aquellos de nosotros que hemos consagrado nuestra existencia a proteger este Árbol del Mundo, sin importar cuán sigilosa te creyeras?
Fugarse sin ser detectados era una quimera inalcanzable. Era la clase de encerrona que a cualquiera le provocaría un pesado suspiro de resignación.
—¿Qué escondes en ese morral?
Frente a la exigencia del Anciano, Rize reaccionó aferrando su bolsa contra el pecho por instinto. Fuera lo que fuese que resguardara, era sin duda algo vital.
—En mi posición como Anciano, emito una orden directa. Entréguenme ese artículo ahora mismo.
—E-esto es una encomienda que debo transferir personalmente al Regente Ferda y a la Maestra de la Torre Erica. Fueron instrucciones precisas del Gran Jefe.
—El Gran Jefe se encuentra sumido en la inconsciencia. Nuestra red mental no capta ni un solo pensamiento suyo, ¿así que de dónde saca semejante cuento?
—Él me lo transmitió usando su propia voz.
—¡Deje de escupir falacias! —Vociferó el Anciano de los Altos Elfos, perdiendo los estribos—. ¡El pilar que nos permite guiar a nuestra gente es que nuestras conciencias operan en unísono! ¡¿Pretende que crea que se rebajó a darle recados verbales a alguien defectuosa como usted, incapaz de unirse a nuestra red?!
Rize se estremeció de pies a cabeza, claramente intimidada. Aun así, no permitió que eso la silenciara.
—Tal como señala, carezco de esa habilidad de conexión. No obstante, me limito a relatar lo que realmente ocurrió, Anciano-nim.
—Me niego a aceptar esa mentira.
El Anciano levantó un dedo en dirección a Rize y luego señaló sus propios pies.
—Si pretende demostrar que aún le es fiel a nuestra especie, ¡arrójeme esa bolsa en este preciso instante!
—Se está excediendo nuevamente en sus funciones, Anciano-nim.
La voz que lanzó ese reproche no provenía de Ferda, sino de Erica.
—Le hemos repetido hasta el cansancio que esto no le concierne. La Secretaria está cumpliendo con las últimas directrices emitidas por el Gran Jefe. Si decide pisotear la voluntad de su propio líder, ¿no es eso una blasfemia contra sus sagradas tradiciones y jerarquías?
—Ustedes ignoran cómo funcionamos en realidad, por eso se atreven a opinar con tanta ligereza, Maestra de la Torre.
—…¿Con ligereza, dice?
—¡Retrocedan a sus celdas de inmediato! Si acceden a confinarse de forma dócil, quizás me apiade de ustedes, Líder Iorga.
¡Crack—!
Un quiebre resonó con absoluta nitidez para Ferda. Era el estruendo de un pilar de paciencia, hasta entonces sólido, fracturándose de forma irrevocable en el interior de la mente de Erica. A continuación, un aura mágica abrumadoramente densa empezó a arremolinarse en torno a ella.
—Je…
Lo que escapó de sus labios acto seguido fue:
—¡¡Jajajaja…!!
Una carcajada que destilaba una locura absoluta.
—Tanto los de allá como los de aquí… basta con que una intente ser diplomática para que de inmediato asuman que pueden pisotearla a placer, ¿verdad?
Erica deslizó una mano por su melena, apartándola de su rostro mientras fijaba su atención en el Anciano. Sus pupilas celestes, normalmente cristalinas como un manantial, se nublaron perdiendo todo su brillo, volviéndose sombrías, mientras sus labios se curvaban en una sonrisa torcida y escalofriante. Empezó a balbucear, emulando la tétrica presencia de Echidna.
—Tienen razón, ¿de qué sirve la cordura? Si la escoria insiste en hurgarte la paciencia y faltarte al respeto una y otra vez, la única solución lógica es hacerlos trizas…
Erica deslizó sus dedos hacia su costado. El objeto que desenganchó resultó ser un modesto recipiente lleno de agua.
—He tenido demasiadas consideraciones con ustedes hasta este momento, ¿no les parece?
Arrojó el frasco directamente hacia el flujo cristalino de la catarata del Árbol del Mundo.
¡Splash—!
Un eco sordo e intenso reverbera en medio del torrente continuo. En ese instante exacto, el pacífico rumor de la corriente enmudeció por completo. Fue un fenómeno que desafiaba la lógica. Toda la cascada suspendió su descenso abruptamente, cual si el tiempo se hubiese pasmado en seco.
Que el líquido ignorara las leyes de la naturaleza implicaba una sola cosa: alguien había subyugado su control. Erica había puesto a su entera disposición los acuíferos del Árbol del Mundo en ese crítico segundo.
¡Rumble—!
Un temblor sordo subió desde los cimientos del suelo. El estanque sereno no se limitó a ondularse; comenzó a agitarse con una violencia estruendosa, hasta que cinco pilares líquidos salieron disparados hacia la bóveda.
¡Swoosh!
Ascendieron serpenteando, retorciéndose entre sí antes de solidificarse poco a poco en contornos definidos. Aquellas masas que apuntaban hacia arriba fueron talladas por la propia magia, adoptando las fauces de bestias aladas, desprendiéndose de su informe naturaleza inicial. Esos cinco torrentes masivos se transformaron en cinco colosales Dragones de Agua. Erica dio un salto y plantó sus pies firmemente sobre la testa de uno de los majestuosos reptiles líquidos.
Los Dragones de Agua que le servían de montura se deslizaron por el aire con movimientos gráciles. Pero en extremo contraste con aquella majestuosidad, una pavorosa lobreguez enturbiaba el semblante de Erica. En medio de esa penumbra asomaba una mueca sádica, ansiosa por cobrarse víctimas. Erica movió su mano con indolencia y dictaminó:
—¿Hacemos una purga total?
Los torrentes acuosos se abalanzaron sobre el ejército de elfos acompañados por rugidos ensordecedores.
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