El Legendario Prodigio Del Ducado Novela - Capítulo 129
Capítulo 129
Capítulo 129
Un par de corceles, uno de pelaje tan negro como la medianoche y otro de una blancura nívea, avanzaban a toda velocidad cruzando los dominios del duque de York.
«Permite que tu espíritu reciba al sucesor de las tinieblas y reaccione ante sus emociones».
«Te ruego que me brindes tu apoyo, Lady Sepia».
Al evocar Dale aquellas memorias, rememoró cómo Sepia había asentido exhibiendo su característica y dulce sonrisa. Ella representaba a la guía constante que velaba por su pupilo, la mística de la raza elfa que lograba comprender la realidad en la que Dale habitaba.
Aquel altruismo parecía la personificación viva de la piedad de una deidad.
No obstante, en el presente, Dale lo comprendía con total claridad. El adorno de cristal que tintineaba dentro de su indumentaria, junto con la revelación transmitida por la señora Titania, confirmaban una dura realidad: el afecto incondicional de Sepia no provenía de una elección propia. Jamás había sido de esa manera.
Dale apretó los dientes levemente, conteniendo su frustración.
«¿Ocurre algo malo?».
En ese instante, Sepia, que se desplazaba montada a su costado, lo interrogó mostrando inquietud.
«Tu semblante refleja preocupación. ¿Acaso han llegado reportes desfavorables desde la línea de combate?».
«No, no es nada de qué preocuparse».
Dale fingió un gesto de tranquilidad, esforzándose por ocultar el torbellino de dudas que lo asaltaba. Sepia mantuvo su semblante reconfortante de siempre.
«Mantén la calma. Permaneceré junto a ti».
«Permaneceré junto a ti».
Sin haberlo solicitado, las palabras de Charlotte irrumpieron en la mente del joven. Aquella muchacha, ignorante de que el individuo frente a ella era el ejecutor de su detestado progenitor, se encontraba totalmente dispuesta a actuar como un arma al servicio de Dale.
En el pasado, la determinación de Dale había impactado la existencia de la pequeña Charlotte, transformándola en la guerrera que era hoy en día. ¿Qué diferencia real existía entre eso y los engaños tejidos por la Torre Azul? Mirándolo con frialdad, sus acciones resultaban incluso más dañinas que la sugestión que controlaba los sentimientos de Sepia.
Eran exactamente la misma moneda. Titania definió en una ocasión a Dale como el sucesor con mayor potencial de la Torre Azul. Pese a que le resultaba imposible descifrar las intenciones ocultas de aquella mujer, resultaba contradictorio y falso que Dale juzgara las maniobras de la Torre Azul.
Se comportaba del mismo modo en que lo hizo su progenitor, el duque de la Oscuridad.
«Te lo agradezco, Lady Sepia».
Por tal motivo, Dale optó por guardar silencio.
En la situación actual, el único camino viable para Dale consistía en asegurar el triunfo en esta contienda militar. Posteriormente, de acuerdo con lo pactado, convocaría la reunión del Consejo de Hechiceras de la Torre Azul, permitiendo que los acontecimientos subsiguientes se desarrollaran por su propio peso.
Dale evitó marchar en línea recta hacia la fortificación que servía de base para las dirigentes de York, conocidas como las brujas.
En su lugar, cuando un ejecutor de alto rango perteneciente a la Corte de las Sombras —organización con la que mantenía reportes constantes— se presentó ante él, las directrices del joven resultaron sorpresivas.
«Dispersa a todo el contingente de espionaje y concentra a los ejecutores principales de la Corte de las Sombras en la Fortaleza Félix».
El nuevo rumbo fijado por Dale correspondía a uno de los tantos bastiones erigidos en el territorio del duque de York con el propósito de contener el avance de la Casa de Lancaster.
Los datos recolectados por medio del Purificador en esa jornada no poseían el peso suficiente para definir el rumbo del conflicto armado. Pese a ello, otorgaron una pista fundamental para contrarrestar la táctica de Mikhail, quien pretendía camuflar sus movimientos dividiendo sus tropas en incursiones simultáneas.
«Se trataba de información que terminaría descubriendo tarde o temprano».
Sin embargo, el verdadero beneficio de haber interceptado al grupo del Purificador radicaba en un asunto completamente distinto.
Dentro de las instalaciones de la fortificación, envuelta por una gélida y sombría noche invernal, el fuego de un contenedor metálico oscilaba tenuemente.
Dale aceleró la vibración de sus cuatro círculos, canalizando su flujo místico a modo de prueba.
En medio de aquel fulgor místico de tonalidad azulada, un destello de energía con el color de la sangre brotó como una interferencia estática antes de extinguirse por completo.
«… Me parece que ya lo domino».
Ubicado en la zona más alta de la estructura, clavó su mirada en los terrenos que se extendían ante él.
La Fortaleza Félix se localizaba en el punto más distante respecto a las vanguardias de Lancaster que daban forma a los múltiples frentes de combate. Dicho de otro modo, Dale se había apostado intencionalmente en la retaguardia profunda, evitando mezclarse con la primera línea de defensa.
Por desgracia, al carecer de la alternativa de presentarse bajo la identidad del Príncipe Negro, le era imposible liderar formalmente a los Caballeros Cuervo Nocturno o a las personalidades de mayor jerarquía de la Torre Negra. Ante los ojos del mundo, Dale desempeñaba el rol de Felipe, el genio de la derrota.
Las transformaciones en los individuos no ocurren de forma imprevista. Si el estratega propenso al fracaso demostrara de pronto las aptitudes de un estratega brillante, cualquier observador del bando de Lancaster deduciría su verdadera condición.
No obstante, los adversarios que se medirían contra Felipe, el genio de la derrota, por vez primera en su enfrentamiento inicial representaban una variable distinta.
Al contemplar las insignias de la dinastía del conde de Brandeburgo ondeando en las proximidades de la Fortaleza Félix, esos hombres darían la victoria por sentada mucho antes del primer choque de espadas.
De la misma forma en que Dale obtuvo un triunfo específico frente a los miembros de la Caballería de la Espada Sagrada empleando los recursos de la Corte de las Sombras, se abría un escenario ideal que Felipe, el genio de la derrota, podía explotar a su favor.
Esta circunstancia se transformaría en el elemento clave para revertir la posición de desventaja en el conflicto general.
La oscuridad se consolidó por completo. Salvo por los exploradores y el personal asignado a labores nocturnas, el grueso de los efectivos de Lancaster detuvo sus operaciones de avance.
La estrategia de establecer y disolver múltiples frentes de manera simultánea acarreaba puntos débiles evidentes. Esta dinámica los exponía a emboscadas repentinas y la complicación de sincronizar los avances en un terreno tan vasto ralentizaba la marcha general.
A esto se sumaba la imposibilidad de emplear maquinaria pesada, tales como carros de combate o vehículos blindados, en una campaña caracterizada por la velocidad de despliegue.
Bajo este contexto, frente al fortalecimiento de las posiciones defensivas en los diversos bastiones del duque de York, el enemigo indudablemente diseñaría una maniobra para quebrar dicha resistencia.
Esto calzaba perfectamente con las previsiones de Dale, y haber obtenido los pormenores de dicho plan representaba una enorme ventaja táctica.
Se trataba de los Purificadores vinculados a la Torre Roja, quienes se habían infiltrados para actuar de forma encubierta en la retaguardia de los dominios del duque de York.
Eran hechiceros distinguidos con el sobrenombre de los Dioses de la Guerra, pertenecientes a la facción carmesí de la Torre Roja, especialistas autoproclamados en las artes del combate de asedio.
Su cometido consistía en desestabilizar la retaguardia para que, una vez que las divisiones de Lancaster se unieran a ellos, asestaran un golpe contundente que definiera la situación.
Pese a sus habilidades, los místicos carmesíes no destacaban en incursiones nocturnas. En este entorno, generar grandes llamaradas e impactos destructivos en medio de la noche conllevaba serios riesgos.
En un panorama donde las líneas de combate de ambos ejércitos abarcaban un espacio tan amplio, ejecutar un asalto nocturno de gran envergadura equivalía a una maniobra sumamente peligrosa.
Por consiguiente, descifrar los pasos que daría el oponente durante esa madrugada no resultaba complejo.
Con el fin de atenazar los flancos del ejército de York, la prioridad enemiga se centraría en capturar los bastiones situados en la retaguardia, los cuales gozaban de menor protección. Solo un contingente selecto y de alto rendimiento poseía las condiciones para cumplir dicho encargo.
Entre los objetivos posibles, la Fortaleza Félix destacaba como la opción más atractiva para el mando de Lancaster.
Por un lado, hacerse con el control de esta instalación les otorgaría una posición privilegiada para vigilar y coordinar acciones contra todo el despliegue de York.
Por otro lado, aun tratándose de un puesto defensivo secundario, poseía un valor relevante y se encontraba bajo la tutela de Felipe, el genio de la derrota, cuya fama por sus fracasos se extendía por el continente.
Aquel inepto que en el pasado entregó una posición supuestamente inexpugnable en la isla de Bratina ciertamente cometería errores fatales al intentar resguardar este punto en disputa.
El grupo de asalto de Lancaster, tras concluir de forma exitosa su marcha envolvente por la retaguardia de las tierras de York, se mostró sumamente confiado en la intimidad de sus filas.
Consideraban que el enfrentamiento estaba resuelto incluso antes de iniciar el intercambio de golpes. Tomarían la fortificación posterior, cortando los enlaces del ejército de York por ambos flancos para sellar su triunfo definitivo.
Al amparo de las protecciones de los Caballeros de Santa Magdalena y exhibiendo los emblemas que representaban a la estirpe del conde, avanzaron decididos y sin el menor atisbo de duda.
Mientras aquello ocurría, en una de las estancias de la fortificación, Dale permanecía observando hacia el exterior a través de un ventanal.
Junto a él, manteniendo su rol habitual, se encontraba Sepia brindándole sus atenciones con delicadeza. Era el mismo trato que le dispensaba a Dale en su condición de gobernante del Reino de los Demonios y bajo su título actual de vizconde de Sajonia.
—Lady Sepia.
«¿Qué ocurre, Dale?».
Tras una breve pausa, el joven continuó el diálogo.
«¿Cuál es el motivo por el que te esfuerzas tanto en favorecerme?».
«¿A qué te refieres con esa pregunta? ¿Acaso olvidaste mi juramento?».
Sepia ladeó el rostro, mostrando confusión ante el planteamiento.
«Mi propósito es permanecer junto a ti y velar por tu bienestar».
«Es verdad».
Dale mostró una sutil sonrisa al escuchar la réplica de la elfa. Tras aquel gesto, actuó con total determinación.
«…!».
Acortó el espacio que los separaba y unió sus labios a los de Sepia. No se percibía rastro alguno de ingenuidad infantil en el aspecto cada vez más varonil de Dale. Ya ni siquiera requería empinarse para alcanzarla; por el contrario, inclinó un poco la cabeza para concretar el beso.
Tomada por sorpresa debido a la inesperada acción, Sepia experimentó una agitación interna momentánea. Sin embargo, su desconcierto se disipó con rapidez.
«Mmm, hmm…».
Dibujando una expresión indescifrable, acomodó sus extremidades superiores sobre los hombros de Dale.
Aquel afecto desinteresado, el respaldo incondicional, la templanza y el cobijo que ella le transmitía representaban un bálsamo para él. Al refugiarse en sus brazos, el joven pretendía disipar la gélida soledad que lo acompañaba en su realidad cotidiana.
No obstante, aquella devoción jamás brotó de los deseos genuinos de la mujer. Aun siendo consciente de dicha distorsión, él valoraba profundamente a Sepia por brindarle su aceptación.
Charlotte y Sepia: ¿existía una diferencia sustancial entre ambas?
En su faceta como guerrero proveniente de otra dimensión, Dale experimentó en el pasado un profundo desprecio hacia las entidades que manipulaban los hilos de su encarnación previa. Sin embargo, contemplando su comportamiento actual, ¿en qué difería su proceder del de aquellos hilos conductores? En absolutamente nada.
Sin percatarse del proceso, Dale se había transformado en uno de ellos: una criatura temible.
«Ciertamente has dejado atrás la infancia».
Al concluir el contacto, Sepia manifestó un ligero rubor en sus mejillas mientras sonreía.
«Hice el compromiso de transformarme en un individuo que esté a tu altura, Lady Sepia».
Luego de pronunciar aquellas palabras, Dale exhibió un gesto de amargura. Sabiendo perfectamente que ella carecía de la capacidad para oponerse a sus deseos, se aprovechaba de la situación para reclamar su cariño de forma egoísta. ¿Tenía verdaderamente el derecho de considerarse alguien digno de Sepia?
La respuesta obvia era negativa.
Dale introdujo los dedos en su vestimenta, reconociendo la superficie del adorno de cristal que Titania le entregó en un período lejano.
Tras un instante de indecisión, se disponía a extraer el objeto cuando una interrupción alteró la escena.
«Vaya, lamento profundamente importunar este espacio de intimidad que compartían, pero nos vemos en la necesidad de reportarnos».
«…».
Una figura reveló su ubicación, tomándolos desprevenidos a ambos.
«Tal como se preveía, las unidades de vanguardia de Lancaster finalizaron su movimiento de aproximación por los flancos y se disponen a iniciar el asalto para apoderarse de la fortificación».
«Iniciaremos las contramedidas de forma inmediata».
Dale asintió en dirección a los informantes vinculados a la organización de las sombras que le transmitieron las novedades, dejando de lado el contacto con el adorno de cristal que permanecía guardado en su ropa.
El rostro de Sepia se tiñó de un tono carmín y desvió la mirada, visiblemente turbada por la situación.
El teatro de operaciones se dividía en tres franjas esenciales.
La franja inicial: compuesta por los contingentes agresores de la dinastía de Lancaster que marchaban en frentes simultáneos.
La franja intermedia: constituida por los emplazamientos defensivos del marquesado de York, encargados de contener la arremetida enemiga.
La franja posterior: ubicada a una distancia prudente detrás de las defensas principales de York.
En el desarrollo convencional de una campaña militar donde chocan la franja inicial y la intermedia, usualmente es la franja posterior la encargada de desequilibrar la balanza a favor de un bando.
Mediante una incursión oculta de proporciones considerables, toman por sorpresa la retaguardia del oponente, asumen el control de su base de operaciones y asedian la franja intermedia coordinándose con las fuerzas frontales. Debido a esta lógica de combate, Dale prefirió apostarse en esta franja posterior, declinando integrarse en las posiciones de la franja intermedia.
En esos momentos, los efectivos selectos de Lancaster, fijando su atención en esta franja posterior, iniciaron las maniobras correspondientes al asedio.
Su meta principal era capturar Félix, una edificación defensiva que se encontraba distante del núcleo principal de resistencia.
A pesar de las complicaciones para ejecutar cargas de caballería pesada y los peligros inherentes que conllevaba asaltar una fortificación, los comandantes enemigos juzgaron que la recompensa justificaba el peligro. La reputación que acarreaba el nombre de Felipe, el genio de la derrota, representaba una variable que no se podía pasar por alto.
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