Me Case con la Dragona que Maté Novela - Capítulo 130
# Capítulo 130: Convirtiendo la Crisis en Oportunidad
Aunque Ferda se había jurado salir victorioso, el camino a seguir no era nada evidente. Por muy hábil que fuera como Archimago del Noveno Círculo, en materia de estrategia bélica territorial seguía siendo un inexperto.
Para alguien que recién comenzaba, el primer paso era claro:
«Un protocolo establecido.»
Debían existir normativas estándar para afrontar contingencias de guerra de esta magnitud.
Ferda consultó a Isabella:
—»Nuestra prioridad es concentrar todas las tropas disponibles en el Lejano Oriente. ¿Qué estipula el protocolo tradicional de defensa?»
—»La directiva clásica indica reunir las fuerzas en los dominios del Conde Consillus. Sin embargo, ese manual fue redactado mucho antes de que el Regente-nim naciera, por lo que su vigencia debe evaluarse con cautela.»
Ferda meditó unos segundos antes de decidir:
—»No, acataremos el protocolo. Ordena que todas las guarniciones se replieguen de inmediato hacia la fortaleza del condado.»
El bastión del Conde Consillus había sido erigido específicamente como una plaza fuerte para resistir invasiones. Modificar la estrategia sobre la marcha podía resultar contraproducente frente a una infraestructura ya adaptada a ese propósito.
Mientras Isabella transmitía las órdenes mediante mensajes telepáticos, una figura ingresó a la sala.
Poseía una melena azulada y un par de cuernos redondeados: se trataba de Erika Iorga, la Maestra de la Torre del Ojo Azul.
—»Regente Ferda, ¿está ya al tanto de los acontecimientos?»
—»Sí, conozco la situación.»
—»Es fundamental que conozca los pormenores tácticos, permítame detallárselos.»
Erika se disponía a tomar asiento para iniciar su reporte cuando sonaron unos suaves golpes en la entrada.
Toc, toc—.
Una nueva invitada se sumaba a la reunión. Ruri abrió la puerta personalmente, revelando a la Princesa del Imperio, Olivia Arken.
—»Extiendo mis cordiales saludos al Regente-nim y a la honorable Maestra de la Torre del Ojo Azul. Si no es un atrevimiento, ¿me permitirían integrarme a esta discusión?»
—»¿A esta reunión privada?»
—»Estoy convencida de que mis aportes les resultarán de gran utilidad.»
Olivia esbozó una sonrisa deslumbrante. Ante su presencia, Erika adoptó de inmediato su postura diplomática y formal.
—»Es un gran honor recibir a la Princesa del Imperio. Su belleza supera con creces lo que describen los rumores.»
—»Oh, agradezco su cortesía. No obstante, al lado del Gran Maestro de la Fase Acuática Iorga-nim y su ilustre linaje, no soy más que una humilde apariencia.»
—»Agradezco sus palabras. Princesa, los asuntos que vamos a debatir competen de forma exclusiva a las autoridades del Lejano Oriente. Podríamos tratar temas que resulten incómodos para alguien proveniente de la corte imperial.»
Erika le estaba sugiriendo sutilmente que se marchara.
—»Mi único anhelo es garantizar la estabilidad y el porvenir del Lejano Oriente. ¿Acaso me excluye simplemente por ser parte de la realeza del Imperio?»
Olivia mantuvo su postura firme.
Ante la tensión entre ambas partes, Erika utilizó la telepatía para advertir a Ferda:
—[Regente Ferda, lo más prudente es mantener a los miembros del Imperio completamente al margen de nuestras decisiones.]
Erika le consultó con la mirada si prefería que expulsara a la princesa de la sala.
Ferda contestó con tranquilidad:
—»No hay inconveniente en que permanezca aquí.»
—»¿Por qué lo permite?»
—»Esa mujer guarda un resentimiento tal que no dudaría en exterminar a todos los miembros de mi linaje.»
—»¿A tu linaje…?»
Erika abrió los ojos con asombro, observando nuevamente a la princesa con desconfianza.
Olivia, percatándose del intercambio silencioso, comentó entre risas:
—»Desconozco qué estarán comunicándose en privado, pero me da la impresión de que el Regente-nim ha hecho un comentario bastante descortés sobre mi persona, ¿no es así?»
Cubriendo sus labios con elegancia, Olivia soltó una risa melodiosa. No obstante, a pesar de sus ademanes refinados, una sutil y gélida intención hostil se percibía a su alrededor, semejante a la presencia de un espectro acechante.
Al ver que Ferda no se oponía, Erika decidió no insistir más en el asunto.
—»Está bien. Dadas las circunstancias extraordinarias, autorizo la presencia de la Princesa.»
Dejando de lado las formalidades, Erika pasó a exponer el panorama general:
—»La corte imperial ya tiene pleno conocimiento del ataque. Técnicamente, esto califica como una agresión armada en suelo imperial, ¿verdad?»
—»En efecto.»
—»Por consiguiente, consulté directamente si el Imperio requeriría la colaboración militar del Ojo Azul para la erradicación de las bestias.»
A partir de esas palabras, Ferda comprendió de inmediato la postura oficial de la otra facción:
«La facción de Blancaros no catalogó este incidente como una catástrofe de escala continental.»
Al regirse estrictamente por los decretos del Gran Consejo como descendientes del Dragón Guardián, el Ojo Azul no podía actuar por cuenta propia. Si intervenían de forma unilateral sin una solicitud formal, el Imperio los acusaría de vulnerar su soberanía territorial, colocándolos en una posición diplomática indefendible.
—»La contestación oficial del Imperio fue que el incidente entra dentro de su propia jurisdicción y que disponen de los medios necesarios para resolverlo por su cuenta.»
Para un observador externo, esto podría dar la falsa impresión de que la emergencia estaba controlada; sin embargo, los presentes conocían la cruda realidad.
—»Yo mismo establecí comunicación con ellos hace unos instantes. Quien atendió fue el propio Príncipe Heredero.»
—»¿Cuál fue su resolución?»
—»Su postura institucional consiste en hacernos aguardar un lapso de dos meses.»
Erika quedó perpleja ante semejante respuesta. Dos meses de espera, cuando cada día perdido era crucial, equivalía a una sentencia de muerte deliberada.
—»Es una jugada sumamente ruin, totalmente acorde a su naturaleza manipuladora. Pretende utilizar una emergencia letal para doblegar por completo al Lejano Oriente.»
—»¿Afirmas que disponen de la capacidad logística para desplegar tropas con mayor rapidez?»
—»Sin duda alguna. Poner en marcha a las divisiones permanentes del Imperio y a los regimientos de reserva apenas tomaría dos días. Incluso calculando el transporte de pertrechos y el ritmo de avance terrestre, la vanguardia podría estar posicionada en un máximo de catorce días.»
Erika escuchaba con asombro cómo la princesa, despojándose de su faceta aristocrática, detallaba las capacidades tácticas del Imperio con la precisión de un general experimentado.
Ruri, por su parte, no pudo ocultar su indignación:
—»¿En una situación donde cada segundo es de vida o muerte, son capaces de recurrir a semejante bajeza política?»
—»Precisamente porque el peligro es extremo, la oportunidad resulta perfecta para ellos. Pueden responsabilizar a la región afectada por no aceptar sus condiciones previas y justificar ante el público que actuaron según las posibilidades logísticas. Después de todo, el colapso del Lejano Oriente carece de relevancia para sus planes.»
Ruri apretaba los puños, ardiendo en deseos de asaltar la capital imperial para ajustar cuentas por propia mano.
Ferda giró su mirada hacia Erika y formuló una alternativa:
—»¿Qué ocurriría si, en mi investidura de Representante del Gran Ducado, demando la ayuda armada del Ojo Azul?»
—»Por los tratados de alianza existentes, responderíamos al llamado.»
No obstante, a diferencia de su respuesta abierta, el mensaje mental que Erika envió fue sumamente sombrío:
—[No guarde falsas esperanzas. Nosotros también carecemos de los medios mágicos y ofensivos suficientes en este momento. Podemos ofrecer respaldo táctico a un contingente imperial, pero desplegarnos de forma independiente excede nuestras capacidades actuales.]
El hecho de que el líder Iorga se encontrara ausente era un secreto primordial que no debía trascender al exterior.
La tentación de reclamarle por qué no podían asumir la tarea cruzó la mente de Ferda, pero optó por ser comprensivo. Si él mismo atravesara una pérdida de poder similar, también se replegaría para salvaguardar sus propios intereses.
—»De igual forma, enviaré misivas a las diversas comunidades dragónicas para averiguar si alguna facción está dispuesta a prestar auxilio al ducado.»
Justo en el momento en que Erika se disponía a enviar la orden mágica a sus congéneres, una objeción resonó en el recinto:
—»No deben hacerlo. Por el contrario, esta batalla debe ser librada y resuelta únicamente por los humanos.»
La objeción provenía de la Princesa Olivia. Erika sonrió con frialdad diplomática, ocultando su molestia bajo una postura refinada:
—»Princesa, ¿tendría la amabilidad de fundamentar su postura?»
Olivia sostuvo la réplica con total seguridad:
—»Tal como se acaba de mencionar, la catástrofe se desarrolla dentro de las fronteras imperiales y rodea un feudo perteneciente a la misma corona.»
—»Es verdad.»
—»Si el propio territorio del ducado erradica a las bestias por sus propios medios antes de que las divisiones imperiales intervengan, tendremos los argumentos legítimos para denunciar la inoperancia del trono y exigir la aplicación estricta de nuestra ‘autonomía política y territorial’.»
—»Autonomía…»
—»Una soberanía que va mucho más allá de un simple documento legal. Nos otorgará la justificación perfecta para expandirnos en los rubros comercial, productivo y bélico sin permitir que el poder central obstaculice nuestro crecimiento, amparándonos en el abandono sufrido durante esta invasión.»
Olivia fijó su mirada directamente en Ferda y remató su propuesta:
—»Bajo ese marco legal, el Regente-nim tendría además la facultad de reclamar para sí la potestad total sobre la tecnología mágica.»
Aquello evidenciaba que la estrategia de sacar provecho del caos no era un recurso exclusivo de la corona imperial.
Ferda miró de reojo a Isabella, quien asintió sutilmente confirmando que el razonamiento político de la princesa tenía un peso indiscutible.
Erika no tardó en contraargumentar:
—»¿Y qué sucederá si la situación se sale de control y el frente sucumbe?»
—»Si el peligro escala a niveles extremos, ejecutaremos el plan sugerido por la Maestra de la Torre. Recurrir al apoyo de los dragones en este momento solo serviría para otorgarle al Imperio la justificación perfecta para intervenir y someter al territorio bajo tutela imperial.»
—»A pesar de sus argumentos, la cantidad de combatientes disponibles es insuficiente para contener a semejante horda. La guardia permanente de Hestia no posee la capacidad bélica para repeler a doce legiones.»
—»No hay razón para alarmarse por el número de soldados. ¿Acaso no contamos ya con una concentración considerable de guerreros de élite?»
Hacía referencia a los escoltas y tropas de primer nivel que habían arribado protegiendo a los jóvenes nobles asistentes al Festival de Primavera. La nómina oficial registraba cerca de 4,000 integrantes, de los cuales al menos 3,000 eran tropas veteranas de combate.
—»Yo misma me encargaré de persuadirlos.»
—»El talento persuasivo es admirable, Princesa, pero solicitar el apoyo armado de comitivas externas podría ser interpretado como el empleo de ‘fuerzas mercenarias foráneas’, ¿no le parece?»
—»No veo por qué. Al fin y al cabo, todos ellos se encuentran atrapados en este mismo cerco y no tienen escapatoria; lucharán por pura supervivencia. Y si en lugar de catalogarlos como extranjeros los convocamos bajo el estandarte del ‘código de caballería’ y el ‘honor aristocrático’ exigido a quienes residen en el Continente Serdes, ninguno se atreverá a negarse. Pero por sobre todo…»
Olivia soltó una risita complaciente:
—»Si la mismísima Princesa del Gran Imperio Arken hace un llamado solemne a las armas, ¿qué caballero tendría la audacia de rechazar la petición?»
Aunque sonaba a un derroche de vanidad, nadie en la sala dudaba de su efectividad. Su magnetismo y su capacidad para manipular las voluntades ajenas sin distinción alguna constituían su más peligrosa virtud.
Incluso la propia Erika, a pesar de ser su primer encuentro formal, reconoció la tremenda fuerza discursiva de la mujer.
—»Princesa del Imperio, reconozco que la juzgué con ligereza. Demuestra ser infinitamente más competente que el Príncipe Heredero y el Segundo Príncipe juntos.»
—»Jo, jo, no me ofenda con adulaciones básicas; es más que evidente que estoy muy por encima de semejante par de ineptos.»
—»Sin embargo, la resolución final de este dilema corresponde a las autoridades del Gran Ducado. Al estar ausente el Gran Duque, es el Regente quien debe dictar la sentencia con absoluta prudencia.»
Las miradas de todos los presentes convergieron sobre Ferda.
El joven sopesó detenidamente ambas posturas en su mente.
«La advertencia de Erika se apega a mi instinto inicial.»
Erradicar el peligro con máxima contundencia y rapidez minimizaba las secuelas posteriores. Aceptando una derrota en el tablero diplomático, la integridad de la región quedaba plenamente garantizada.
«No obstante, el planteamiento de Olivia es sumamente acertado.»
Representaba una jugada de altísimo riesgo, pero de culminar en victoria, sentaría las bases para una autonomía y un crecimiento sin precedentes.
Optar por la cautela o arriesgarse por el beneficio estratégico.
Ante esa disyuntiva, Ferda anunció su determinación:
—»Resolveremos esta catástrofe haciendo uso exclusivo de nuestras propias fuerzas territoriales.»
Había decidido respaldar el plan de Olivia.
La mirada de Erika reflejó una leve tensión antes de recomponer su semblante hierático:
—»¿No desearía reflexionar su elección una vez más?»
—»Tratándose de entidades demoníacas, es natural dudar si el poder bélico humano será suficiente; pero tal como ella señaló, si cedemos nuestra soberanía ahora, jamás podremos recuperar la iniciativa frente al trono imperial.»
—»Comprendo…»
Erika no lograba asimilar la mentalidad de Ferda, lo cual era previsible: el conflicto actual respondía a intrigas puramente humanas, mientras que ella era una dragona que operaba bajo una lógica distinta. No obstante, al haberle delegado formalmente el derecho de resolución, insistir habría resultado una falta de compostura.
—»De acuerdo. Si su determinación es catalogar este conflicto como un asunto puramente humano, el Ojo Azul se abstendrá de intervenir de forma oficial.»
Dicho esto, Erika dio media vuelta y salió de la estancia a paso firme, dejando en claro su total descontento con la decisión tomada.
—»Bien, demos inicio a la planificación táctica únicamente con los humanos presentes…»
Toc, toc—.
En el preciso instante en que Olivia disponía la mesa de trabajo, nuevos golpes resonaron en la entrada.
Ruri acudió a abrir la puerta y la persona que cruzó el umbral dejó atónitos a todos los presentes.
Se trataba nuevamente de Erika.
O más bien, era ella pero desprovista de su presencia habitual: sus cuernos habían desaparecido, su cola no estaba a la vista y su vestimenta distaba por completo del atuendo ceremonial propio de las magas de Iorga. En lugar de la prestigiosa Maestra de la Torre, lucía el equipo clásico de una mercenaria de campo.
En medio del asombro general, la recién llegada avanzó haciendo un leve puchero e inclinó la cabeza a modo de saludo formal:
—»Un placer conocerlos a todos.»
—»…¿Disculpe?»
Olivia parpadeó perpleja ante la situación. ¿Cómo era posible que alguien con quien acababan de discutir hace menos de un minuto se presentara como una desconocida?
—»Soy Eri, Maestra de la Filial del Gremio de Aventureros del Lejano Oriente.»
—»…»
—»Mi arribo formal estaba estipulado para dentro de un par de días, pero logré adelantar mi viaje debido a imprevistos en la ruta. En vista de la emergencia que atraviesa el territorio, me pongo a disposición para cooperar en la defensa.»
—»…¿A qué clase de juego está jugando?»
Ferda intervino, tratando de dilucidar si se trataba de una farsa o de una ocurrencia absurda.
—»¿A qué se refiere? Usted fue muy claro al decretar que los dragones no debían involucrarse por tratarse de un problema humano, ¿cierto?»
—»Así es.»
—»Por ende, si no intervengo bajo mi título de Maestra de la Torre de Ojos Azules, sino en mi condición de Aventurera de Rango Platino de nombre Eri, mi participación es plenamente válida, ¿no le parece?»
—»En teoría sí, pero…»
—»Entonces no hay nada más que discutir, me sumo a las filas de combate.»
Erika sentenció con total desfachatez:
—»¡En mi investidura oficial de Aventurera de Rango Platino y líder de la filial regional del gremio, Eri!»
—»…»
—»…»
Olivia clavó una mirada incrédula en Ferda, cuestionando en silencio qué clase de absurdo acababan de presenciar.
Ferda desvió la vista hacia Isabella buscando alguna explicación lógica.
Isabella simplemente bajó la mirada y se cubrió el rostro con ambas manos.
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