Me Case con la Dragona que Maté Novela - Capítulo 143
Capítulo 143: El propósito del Príncipe Heredero
Una tropa entera engalanada en oro y plata portaba el emblema de la Orden Imperial Directa. En contraste con el enviado de la ocasión anterior, sus yelmos carecían de plumas de búho, y la comitiva ascendía a unos trescientos efectivos contando a la infantería. Esto dejaba claro que no se trataba de simples mensajeros, sino de una escolta con enorme autoridad.
—¡Presento mis respetos ante el Cónyuge del Gran Fuego! Soy Gogen, Caballero Veloz perteneciente a la Orden Imperial Directa —se presentó el líder.
—¿A qué se debe su visita? —preguntó Ferda, sin molestarse en ocultar su desagrado.
—He venido exclusivamente para transmitir un decreto del Príncipe Heredero. ¿Se me permite subir al estrado?
—Estamos en medio de nuestra celebración, así que si trae malas nuevas, preferiría que esperaran.
—No tiene de qué angustiarse. Estas palabras no ensombrecerán la festividad.
Habría resultado ilógico que trajera calamidades luego de haberse demorado tanto en responder. Ferda dejó de fulminarlo con la mirada y le cedió el lugar. Frente a una audiencia de nobles desconcertados, el caballero alzó la voz.
—¡Asistieron para deleitarse con el Festival de Primavera, mas se vieron envueltos en un suceso imprevisto y desafortunado! ¡Ante tal eventualidad, todos ustedes acudieron al llamado con presteza!
Al escuchar esto, varios presentes arrugaron el rostro con irritación. Era de conocimiento público que Alexander se había tardado a propósito en mandar ayuda.
—Su compromiso no solo salvaguardó al Lejano Oriente, sino que además protegió las fronteras del Imperio. Reconocemos profundamente sus hazañas. ¡Es por ello que yo, Alexander Arken, en mi rol de Representante Imperial, deseo convocarlos a todos al Palacio Imperial para agasajarlos con un gran banquete!
Los asistentes abrieron los ojos desmesuradamente. El asombro fue incluso mayor que cuando se enteraron del asedio al Lejano Oriente.
—Una fiesta en el mismísimo Imperio…
—¿Acaso existe un escenario más majestuoso?
Para cualquier aristócrata joven, alcanzar la gloria en la capital era su mayor ambición, y ante semejante oportunidad, no podían contener la emoción. Nadie en su sano juicio rechazaría ser festejado doblemente, primero en las tierras fronterizas y ahora en el corazón del reino.
«Conque por esto se apresuraron tanto en llegar».
Su meta era robarse el protagonismo de la celebración actual. La mejor evidencia de esto fue que el itinerario de dos días, originalmente destinado a banquetes y bebida sin fin, se transformó de golpe en una segunda jornada de calma y preparación formal.
Evidentemente, a Ferda esto le tenía sin cuidado. Para empezar, este evento ni siquiera estaba planeado, y él no era alguien que se regocijara con la presencia de forasteros. Su mayor anhelo era que todos se largaran cuanto antes.
A pesar de ello, dudaba que semejante movilización tuviera como único fin invitar a unos cuantos jóvenes. Las palabras que Olivia había pronunciado la jornada anterior seguían haciendo eco en su mente.
—Regente, necesito tratar un asunto con el Marquis Vernel-gong…
Tal como lo había sospechado.
—¿Me concedería una audiencia con él? —solicitó el caballero.
—El Investigador Jefe se encuentra sumamente atareado actualmente —atajó Ferda.
—Es imperativo que discuta este tema con él en persona.
Frente a la insistencia del mensajero, Ferda arrugó el entrecejo, contestando con hastío ante lo evidente de la treta.
—No me obligue a repetirlo. Vernel dirige en este momento una investigación crucial para el avance de nuestra región.
—Tengo el deber de entregar este comunicado exclusivamente al Marquis Vernel-gong. En su calidad de vasallo, posee el derecho a recibir un mandato directo del Príncipe Heredero, y esa es una prerrogativa que ni siquiera usted, Regente Ferda, posee la autoridad de vetar.
La expresión del capitán se volvió amenazante. Quedaba claro que, de seguir obstaculizando su labor, no dudaría en acusar a Ferda de ofender a la Corona Imperial.
—Está bien, los llevaré —cedió finalmente.
—Se lo agradezco.
—Pero quiero un compromiso. Ocurra lo que ocurra, no intenten atribuir culpas de manera arbitraria.
—Pierda cuidado. ¿Qué clase de problema podría surgir de la simple entrega de un recado?
—Espero que cumpla con su palabra.
Ferda lideró el camino hacia las instalaciones donde operaba Vernel. Al golpear el pórtico de su área de trabajo, el erudito emergió con lentitud. Al chocar contra los rayos matutinos, tras salir de un recinto que bien parecía una cueva tenebrosa, frunció el rostro molesto. Cualquiera asumiría que acababa de despertar de un largo letargo, mas las profundas sombras violáceas bajo sus párpados delataban múltiples jornadas continuas sin pegar el ojo.
—Mmm… ¿a qué se debe su visita? —murmuró confundido.
—Estos sujetos solicitaron una audiencia con usted. ¿Podría atenderlos brevemente?
—¿Es estrictamente necesario que sea en este instante? Me encuentro algo…
—Lamento la interrupción. Le tomará apenas cinco minutos.
—Tsk… de acuerdo.
Vernel avanzó arrastrando las botas, evidenciando su total falta de disposición. Al observar este comportamiento, el Caballero Imperial formó una sonrisa peculiar. Carraspeó para llamar la atención y desenrolló un pergamino.
—¡Marquis Vernel! ¡En nombre del Representante y Apoderado del Imperio Arken, Alexander Arken! Se le reconocen enormes contribuciones tecnológicas durante este reciente conflicto, por lo cual es nuestro deseo condecorarlo y elevarlo a la posición de Conde. Por ende, le solicitamos que suba al Carruaje Imperial y nos acompañe de inmediato a la capital.
Todo era una burda farsa. Se escudaban en la entrega de honores, pero su verdadera meta era cristalina. Pretendían arrebatarles al único especialista en todo el Lejano Oriente capaz de comprender la magitecnología. Ferda estuvo a punto de intervenir, pero Vernel se le adelantó.
—Eh… ¿o sea que me exigen que vaya hasta allá? —cuestionó frotándose los ojos soñolientos.
Fuera porque no anticipaba esa reacción o por simple desconcierto, el capitán titubeó un segundo antes de proseguir.
—En efecto. Acompáñeme y…
—Y-yo… mis disculpas, pero, ¿es posible declinar la invitación?
—¿C-cómo dice?
Estos individuos jamás contemplaron una negativa dentro de sus posibilidades. Vernel, luciendo exhausto, se rascó la nuca.
—¿Pretende usted desairar la gracia de aquel que está destinado a ser el Representante Imperial y futuro Emperador?
—Me hallo en medio de labores cruciales… carezco de tiempo para dar paseos. Además, tengo entendido que no estoy obligado a presentarme a menos que se trate de un mandato directo de Su Majestad el Emperador…
—El Príncipe Heredero pronto ascenderá, por lo que una insolencia de este calibre…
—Usted lo ha dicho: «pronto ascenderá», no es el soberano actual, ¿verdad? Ahora mismo estoy sepultado en proyectos y requiero toda mi concentración —rezongó Vernel, luciendo sumamente desanimado e indiferente—. Si me traslado a otra región, seguramente perderé el hilo de mis investigaciones, y luego el estrés se apilará por nada… y con tanto estrés, me es imposible rendir… agh.
Vernel se frotó el cuero cabelludo con brusquedad, como si las migrañas lo estuvieran torturando. Tras soltar un pesado suspiro, enfocó su vista en el Caballero Imperial. El líder de la comitiva, completamente estupefacto, lo interrogó.
—¿Rechazará una audiencia real por un pretexto tan absurdo?
—¿Eh… s-sí? Quizás para ustedes en la capital suene absurdo. Recibir condecoraciones o títulos nobiliarios suena espléndido, mas para mí carecen de utilidad… Mi único deseo es enfocarme en mi labor. Esa es mi justificación final. No iré con ustedes.
Dejando su postura tajantemente clara, dirigió una mirada a Ferda y asintió con lentitud.
—Mis disculpas, Regente. Me encuentro en un punto muerto en mis experimentos y apenas coordino mis pensamientos.
—Descuide. Fui yo quien obró mal al interrumpirlo en tales circunstancias.
—Bueno, regreso adentro. Con permiso.
Farfullando esas últimas palabras, cerró el portón de golpe, dejándolos afuera.
El emisario presenció todo el intercambio a un par de pasos, pero seguía sin dar crédito a la situación. Generalmente, la simple mención del título «Caballero Imperial» hacía que la gente se paralizara de respeto, y al recibir alabanzas por sus actos, solían desbordarse en agradecimientos. La conducta de Vernel trascendía la simple falta de modales, situándose en un escalón de apatía tan alto que los dejó petrificados.
Aprovechando el desconcierto, Ferda decidió dar el golpe de gracia.
—Usted me aseguró que no buscaría culpables, por lo que le pido que se abstenga de armar un escándalo innecesario.
Al día siguiente, los jóvenes aristócratas superaron los estragos de la bebida, ataviándose con sus prendas más elegantes, dignas de su estatus. Todos abandonaron la fortaleza con semblantes radiantes. El Imperio finalmente valoraba sus hazañas.
A los jóvenes nobles se les adjudicó gloria simplemente por hacer acto de presencia en el conflicto, mientras que a los tácticos y espadachines que lucharon en la vanguardia se les garantizaron condecoraciones individuales. Entre los residentes del Castillo Valdrova, las distinciones oficiales se limitaron a cuatro individuos.
El Ingeniero Principal, Vernel Marquis.
La Supervisora de Hestia, Isabella Iorga.
El Comandante de la Guardia, William, creador de las maniobras fundamentales para la Infantería Táctica.
Y, por último, el Regente Ferda.
La inclusión de Isabella se debía a que, en su condición de hechicera del 5º Círculo, su aporte fue vital para derribar al Monstruo Colosal. Del mismo modo, Echidna demostró gran destreza en combate, no obstante, explicaron que omitieron su identidad ya que su naturaleza de bruja le impedía el ingreso al palacio.
En cualquier caso, Ferda jamás habría permitido que acudiera. Ella era una persona que se instaló en esta fortaleza motivada únicamente por su vínculo con Jed; de pisar el Palacio Imperial, era impredecible qué clase de presiones y chantajes tendría que soportar.
Puesto que Vernel ya había dado su tajante negativa, no hacía falta insistir. Isabella, por su parte, carecía de ilusiones respecto a la corte real y manifestó que prefería concentrarse de lleno en sus deberes administrativos, rechazando el llamado. Ferda empleó la misma justificación para excusarse formalmente. En resumidas cuentas, William fue el único que partió rumbo al Palacio Imperial.
—¿Están seguros de que es prudente que yo asista? —preguntó William.
Incluso ignorando sus recientes logros, él era un individuo sumamente cotizado. Había fungido como líder bajo el mando del Duque Urey y derrochaba liderazgo, siendo la viva imagen del caballero ideal. A pesar de haber faltado a la lealtad hacia su antiguo señor.
—Si rechazamos absolutamente la invitación, se nos tachará de insurrectos —explicó Ferda.
—Entiendo. Supongo que me corresponde asumir este deber…
Su rostro denotaba cierta inseguridad. Ferda prefirió no presionarlo. Simplemente le ofreció un consejo final.
—Sigue los dictados de tu propia voluntad.
Aún con reservas, William tomó la resolución de viajar al Imperio en calidad de delegado de la Aldea Hestia. Al rayar el alba, el estandarte real encabezó la marcha, listos para la travesía. Momentos previos al inicio del viaje, Ferda se reunió con cierta figura.
—Princesa.
Olivia Arken. Las facciones aguerridas y sencillas de su tiempo en el campo de batalla habían sido reemplazadas nuevamente por la deslumbrante apariencia de la realeza.
—¿Me convocó porque me extrañaba? —inquirió ella, arqueando los ojos en una sonrisa pícara que prestaba a confusión. Podía permitirse esa familiaridad gracias a la total ausencia de testigos.
—¿Auténticamente considera que logrará infiltrarse en el núcleo político valiéndose de esto?
Ferda comprendía perfectamente las intrigas del Imperio. Precisamente por ello, aun respaldada por sus recientes proezas, le resultaba inverosímil que le permitieran ganar peso en la corte.
—Pierda cuidado.
Olivia mostró una sonrisa tenue. Sin embargo, aquel gesto carecía de su habitual seguridad inquebrantable. En el fondo, ella misma intuía que las probabilidades jugaban en su contra.
Ferda le extendió un documento a Olivia.
—¿Qué significa esto?
—Son los registros donde la Administradora evaluó de manera individual el desempeño de cada integrante movilizado durante la defensa.
Aunque, para ser precisos, había sido obra de Mori. Al estar fundamentado estrictamente en métricas imparciales, la precisión de los cálculos superaba con creces las estimaciones de cualquier perito humano.
La contribución de Olivia alcanzaba un apabullante 45%. Básicamente, había sostenido la mayor parte del peso logístico y táctico por su cuenta. Un apartado adicional señalaba que, de contabilizarse sus esfuerzos previos en la prosperidad del Lejano Oriente, su cuota habría rebasado el cincuenta por ciento con holgura.
Al recibir tan sorpresivo respaldo, una sombra de nerviosismo cruzó su mirada. Observó a Ferda con detenimiento antes de esbozar una suave sonrisa.
—Le ruego que le transmita mis agradecimientos a la Administradora.
Aquel gesto no era la fachada política de siempre, ni tampoco la expresión vulnerable que reservaba exclusivamente para él. Antes de que Ferda pudiera desentrañar la naturaleza de esa mirada, ella se internó en la carroza.
Contrario a las expectativas de una agotadora travesía terrestre, los hechiceros de la corte habían trazado una enorme formación rúnica en un terreno abierto. Pese a la lejanía, Ferda reconoció instantáneamente el propósito del complejo diagrama en el prado. Era un Portal de Teletransporte. Un hechizo de traslación espacial anclado directamente al Arco del Triunfo en la capital.
Crear una brecha de tales dimensiones y mantenerla estable demandaba un gasto mágico colosal, mas en los ceremoniales de estado, el despilfarro no importaba. De esta forma, una gigantesca fisura resplandeciente se materializó, revelando a través de ella las vibrantes avenidas del Imperio. La multitud congregada al otro lado rugía de júbilo, observando a través del conducto mágico. Los nobles novatos eran incapaces de disimular su euforia. Se sentían protagonistas de leyendas, conquistadores retornando en triunfo.
Cruzaron el portal en ordenadas hileras, cargando con sus ilusiones juveniles y energías renovadas. En un abrir y cerrar de ojos, la siempre ruidosa Hestia quedó sumergida en un silencio propio de las nevadas invernales. Contrastando con la quietud absoluta del lugar, los tibios rayos solares de la primavera acariciaban la piel. Ferda se dejó envolver por la agradable temperatura, perdiéndose en sus pensamientos. Con los músculos finalmente destensados y una creciente pesadez, entrecerró los ojos considerando echarse a dormir.
De súbito, las palabras de Ruri interrumpieron su letargo.
—El Maestro-nim ha partido a aniquilar monstruos.
Sus ojos se abrieron de par en par y se irguió de inmediato. No podía permitirse pasar por alto un enfrentamiento, bajo ninguna circunstancia. Las bestias merodeaban constantemente, ansiando atravesar las fronteras. Un grupo de ellos había tenido la osadía de acercarse más de la cuenta, y Valdrova no dudó en movilizarse para ejecutarlos.
Repugnantes masas de músculos deformes pisaban la tierra marchita. Resaltando en el caos, relucientes escamas carmesíes despedazaban a las criaturas con brutal precisión. ¿Acaso no llevaban paralizados todo un mes? En todo ese lapso de estancamiento, la frustración se habría condensado y sus instintos clamaban por violencia. Desahogar tanta energía reprimida era un espectáculo pavoroso.
Ferda se acomodó nuevamente. Ya era costumbre que Ruri acomodara un juego de té para presenciar las masacres orquestadas por Valdrova.
—¿Desea que le sirva?
—Se lo agradezco.
Apaciguando las ráfagas heladas de la cima con los sorbos hirvientes, contempló la silueta danzante. Fiel a su invencibilidad, el conflicto culminó en una erradicación absoluta por parte de Valdrova.
La sangre de Ferda corría más aprisa al percibir los ecos salvajes de la masacre.
«Supongo que se marchará a su caverna de inmediato».
Atendiendo a su rutina de siempre, eso era lo lógico. Sintiendo una punzada de lástima por no poder seguir admirando aquella imponente presencia, hizo el ademán de pararse. No obstante, los sucesos se desviaron de lo habitual.
En vez de desplegar sus inmensas alas y volar hacia sus dominios subterráneos, su mirada se fijó en el altísimo pico de la Montaña Solitaria. No cabía duda. Valdrova lo estaba contemplando fijamente.
«¿A qué se debe esto?».
Justo cuando el desconcierto se formaba en su mente, la bestia emprendió el vuelo. Su rumbo no eran las cuevas, sino un punto aún más elevado. Apuntaba a la cumbre de aquella misma montaña solitaria. Directamente hacia donde aguardaba Ferda.
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