Me Case con la Dragona que Maté Novela - Capítulo 177
Capítulo 177. Pureza
Durante el Festival de Primavera, el lugar parecía un auténtico zoológico. Era un sitio donde se llegó a sorprender a más de un centenar de parejas cometiendo adulterio en un área que albergaba a unas quinientas personas. Existía un pacto silencioso de que cualquier cosa que ocurriera en esa jornada quedaría enterrada. Esto se debe a que, si comenzaban los rumores, la lascivia y la suciedad se saldrían de control.
Por lo tanto, el simple hecho de que los murmullos hubieran comenzado implicaba que este problema seguiría un camino sucio y vil.
Ferda revisó la misiva que había llegado a las tierras del conde Consillus. Aunque el tono era formal, el mensaje era directo y brutal: Arwen Wolfhart, uno de los caballeros bajo el mando del conde Consillus, había ultrajado a Ludmilla Purity, la tercera hija del ducado de Purity. Además, informaban que ya estaban en camino hacia la fortaleza del conde Consillus para comprobar los hechos en persona.
—¿Esto es cierto? —preguntó Ferda, apartando la vista del papel con disimulo.
El individuo, que permanecía de pie como si fuera un delincuente, contestó con pesadez:
—…No, no es cierto.
—¿No mantuvieron intimidad?
—Sí estuvimos juntos, pero eso… fue con el total acuerdo de ambos.
—Ya veo, no me parecía que fuera así.
Sin ironía alguna, realmente dudaba que Arwen pudiera cometer semejante acto. Al observar tanto a Arwen como a la joven Ludmilla, ninguno daba la impresión de haber participado en una situación forzada. El motivo detrás de una reacción tan severa era bastante evidente.
—Da la impresión de que existe un objetivo oculto. ¿De qué crees que se trate?
—Es por la dote.
Cuando las familias de la nobleza arreglan el matrimonio de sus hijas, enviar una dote es la regla. Dado que el patriarca de la familia adquiere la carga total después del enlace, era una tradición incuestionable. Sin embargo, como la justicia no abunda en el mundo, la cantidad de esta dote cambiaba dependiendo del estatus y las condiciones. Cuanto más bajo fuera el rango de la familia del esposo frente al de la esposa, y cuantos más defectos hubiera, menor sería la dote.
Actualmente, Arwen no era nadie importante, solo un caballero fronterizo. Si a su situación se le sumaba el cargo de haber abusado de una aristócrata, en lugar de recibir una dote, acabarían obligados a pagar una compensación enorme.
—…Siento mucho lo ocurrido.
—Si esto se soluciona únicamente con disculpas, sería una verdadera suerte.
El conde Consillus soltó un largo suspiro mientras se tapaba la cara. Con un semblante lúgubre, hizo un sonido con los labios y retomó la palabra:
—Arwen.
—Dígame, Su Excelencia…
—¿Eres capaz de asumir la responsabilidad de esa joven Ludmilla por el resto de tus días?
—…¿Cómo? Hacerme cargo de ella para siempre…
—¿De qué otra manera se puede asumir la responsabilidad de una doncella sin culpa?
—B-bueno, claro que debo hacerme cargo de mis acciones, pero dudo que todo se resuelva con tanta facilidad…
—¿Por qué no iba a ser fácil? Basta con que te convierta en mi hijo adoptivo.
—¿A m-mí, mi señor?
Arwen parpadeó, completamente confundido. Ferda notó cómo la figura de Malcolm parecía reflejarse en Arwen por un instante. El conde Consillus frunció el entrecejo y sentenció:
—¿Por qué finges ignorancia? Todos en la orden de caballeros murmuran sobre ello a escondidas.
—Se lo juro, no tenía ni idea.
Arwen solía escuchar rumores de otros caballeros acerca de que él sería el nuevo joven amo. No obstante, él siempre asumió que se trataba de simples bromas entre compañeros. El conde Consillus chasqueó la lengua y miró a Ferda:
—Viendo cómo está, dejarle esto a él causará una desgracia monumental en el Lejano Este. Entreguémoslo a la Casa Purity.
—Me parece bien.
—¡Ah, espere! ¡Le ruego que no me deje a mi suerte!
El conde Consillus soltó una carcajada incrédula al ver el pánico de Arwen ante la pesada broma. Sin perder más tiempo, iniciaron enseguida el trámite de adopción.
—Arwen Wolfhart. Desde este instante, como hijo adoptivo del linaje Consillus, se te conceden los derechos de heredero, y el regente Ferda Valdrova, actuando en nombre de la Reina Duque, será testigo de esto.
Arwen sacó su arma, apoyó la punta en el suelo y contestó:
—El caballero Arwen jura defender estas tierras como espadachín del dominio del conde, y sostendrá la voluntad de su padre adoptivo sin manchar el honor del linaje.
—Ya has manchado el honor, ¿no te parece? —el conde Consillus respondió con tono burlón y emitió un chasquido con la lengua—. En un principio, la ceremonia para nombrar a un sucesor debió ser más majestuosa, pero las circunstancias nos llevaron a esto…
—…Mis disculpas.
De este modo, el vínculo entre señor feudal y súbdito se transformó en uno de padre e hijo, aunque en la práctica nada cambió. Significaba que su cercanía ya era similar a la de una verdadera familia. Poco después, recibieron la noticia de que una comitiva se acercaba al territorio del conde Consillus. El emblema que ondeaba en su bandera mostraba el blasón del ducado de Purity moviéndose con el viento.
En las regiones del Norte, la idea de nobleza no era igual a la del resto de las naciones. La Alianza de Reinos se fundó hacía menos de un siglo, y fue en ese periodo cuando empezaron a otorgar los títulos nobiliarios tradicionales. Por este motivo, a menudo se cuestionaban los cimientos de los aristócratas del lugar.
El ducado de Purity era un linaje de combatientes con un vasto legado, incluso dentro de la Alianza de Reinos del Norte. Mientras más próximo estabas al Muro del Norte, más cerca te hallabas de la muerte, y los guerreros veían ese peligro como algo digno de honor. El ducado de Purity destacaba como una de las familias más ilustres del Norte.
Quienes contemplaban su avance desde los muros de la fortaleza podían sentirlo. Llevando la muerte como si fuera una capa, lograban que hasta el cálido sol primaveral pareciera transformarse en escarcha. En medio de individuos de cabello oscuro y rostros intimidantes, un hombre con pelo y barba salpicados de canas llamaba la atención. Se trataba de Valeri Purity, el líder del ducado de Purity.
Un peleador siempre identifica a otro, y a uno auténtico lo reconocen en cualquier parte. Aunque en ese instante fuera un anciano sosteniéndose con un bastón, todos eran conscientes de que en el pasado había sido un combatiente que rondaba la línea de la muerte.
Quien más desentonaba en ese grupo era la joven dama, Ludmilla Purity. Rodeada de hombres con expresiones salvajes, ella movía la mano alegremente saludando a Arwen. Al verla, Arwen experimentó un cúmulo de emociones enredadas.
—Ofrezco mis respetos al Gran Guardián de la Montaña de Nieve, el Patriarca del ducado de Purity de los Reinos Unidos.
El conde Consillus presentó un saludo protocolar. Enseguida, el Patriarca Purity le devolvió la cortesía:
—Presento mis respetos al conde Consillus, el Protector del Continente Erdes contra la Tierra de los Demonios.
Su atención no se quedó ahí, sino que se enfocó en Ferda.
—Y también me cruzo con el regente Ferda Valdrova.
—Mis respetos para usted, Patriarca. No nos veíamos desde el Gran Consejo.
—Ni siquiera cruzamos un saludo en aquella ocasión, ¿realmente a eso se le puede decir encuentro?
—El ambiente estaba tan cargado de hostilidad que preferí moverme con cautela.
—Con cautela, dice… Lanzó una declaración totalmente revolucionaria y aún así tiene el descaro de decir eso.
Valeri Purity dejó escapar una risa fuerte.
—Solo conversemos. Ya sea que esto termine en sangre o en paz, deberíamos manejarlo como verdaderos nobles, ¿no lo cree?
—Desde luego. Síganme por aquí…
El conde Consillus lo condujo hacia su residencia y recibió formalmente a los visitantes. Tras intercambiar un poco de charla superficial, el conde Consillus vio la ocasión perfecta, le dio una palmada en la espalda a Arwen y abordó el asunto central:
—Este joven de aquí es Arwen Wolfhart.
—Mmm…
Debajo de unos párpados caídos por los años, brilló una mirada aguda y penetrante. Arwen experimentó un escalofrío helado, como si esa mirada recorriera y analizara cada rincón de su ser.
—Los sujetos del Imperio nunca me han parecido gran cosa, así que imaginé que sería un jovencito delicado como un pajarillo, pero el Lejano Este es distinto, ¿verdad?
—Habitamos un entorno donde cualquier tropiezo se paga con un mar de sangre, así que no hay forma de que seamos iguales a los hombres del centro.
—¡Hombres del centro! ¡Esa expresión me agrada!
Valeri soltó una carcajada sincera. El conde Consillus lo acompañó en la risa y continuó con cuidado:
—Aunque hemos enfrentado juntos este entorno implacable, Arwen es un joven que se guía por los ideales caballerescos. Mantiene firme su compromiso de resguardar a los más vulnerables: ancianos, mujeres y niños.
Dejó entrever, de manera sutil, que el muchacho no era un desalmado sin honor capaz de abusar de alguien. Al oírlo, Valeri movió la mano restándole importancia al asunto.
—No hay necesidad de angustiarse por eso. Tengo claro que es falso. Y sé que tampoco es una artimaña baja para minimizar la dote. La propia Ludmilla confesó que él es el hombre que ama.
—Siendo así, ¿por qué hacer circular esa versión de los hechos…?
—Últimamente, debido a mis problemas de salud, mi hijo primogénito asume mis responsabilidades. El sujeto a mi derecha es mi hijo mayor. El que está a la izquierda es el segundo.
El colosal combatiente que fue presentado hizo una reverencia. La forma en que miraba al conde Consillus era tosca, aunque mantenía cierta formalidad. Sin embargo, la mirada que le clavó a Arwen fue suficiente para congelarle la espina dorsal. Era algo verdaderamente curioso. Ambos hombres lucían idénticos como buenos hermanos, pero al incluir a Ludmilla en la imagen, resultaba difícil creer que compartieran la misma familia.
—¿Da la impresión de que ambos hermanos cuidan a la tercera hija como si fuera su joya más preciada?
—Intente comprenderlo. La mayor y la segunda heredaron mi carácter; eran tan combativas que a menudo se enfrascaban en peleas con estos brutos. Pero Ludmilla fue la única que heredó la forma de ser de su madre fallecida. Se encargaba de bordar, arreglar nuestras ropas de combate rotas y alistar la comida… actuaba más como una madre que como una hermana pequeña.
—Por favor, no hable de esas cosas… —Ludmilla se tapó la cara, sonrojada.
El conde Consillus soltó una breve carcajada.
—Una muchacha de virtudes y un profundo amor por su familia. Sería excelente que el enlace matrimonial se lleve a cabo sin inconvenientes.
—Estoy de acuerdo.
Dado que el actual líder no tenía intenciones de poner trabas, el camino parecía completamente despejado.
—Siendo así… —Valeri Purity enfocó su mirada en Arwen y lo interrogó—. Como a partir de hoy seremos parientes, me gustaría escuchar cuál es tu compromiso.
—Mi compromiso… —Arwen pasó saliva con dificultad antes de contestar—. No mancharé el honor de mi padre adoptivo, la familia Consillus, ni tampoco el de mi suegro, la familia Purity. Además, cuidaré de Ludmilla como mi compañera por el resto de mi vida.
—Buena actitud. —Valeri asintió, conforme—. Por mi parte estoy de acuerdo, pero puede que el próximo Patriarca no piense igual.
Valeri echó la cabeza levemente hacia atrás.
—Como sabrán, no soy muy bueno pensando. Si no hay un choque de puños, no logro procesar las cosas.
El sucesor, Igor Purity, esbozó una sonrisa torcida y flexionó los dedos, haciendo sonar sus nudillos.
¡Crac! ¡Crac!
—¿Qué me dices de ti, segundo? Tú sí usas un poco más la lógica, ¿verdad?
—El año pasado recibí un flechazo directo en el cráneo, ¿tal vez sea por eso? Yo tampoco logro comprender las cosas solo con palabras.
El imponente guerrero Sergei Purity también comenzó a relajar sus músculos.
¡Pop! ¡Crac!
—¿Conque así son las cosas? Entonces… —Valeri hizo caso a sus herederos y lanzó una propuesta—. ¿Qué les parece si los próximos líderes fortalecen sus lazos de amistad?
—Me parece perfecto. ¿Qué dices tú, futuro Patriarca Consillus?
Mostró una expresión parecida a la de un demonio sediento de venganza. Arwen trató de mantener la compostura, pero el pánico que se le venía encima era insoportable.
—…De acuerdo, iré.
—¡Jajaja, esa es la actitud!
—Aprobado por su valentía. Esta «charla» será muy entretenida.
Arwen se puso de pie. Igor y Sergei colocaron sus pesadas manos sobre los hombros de Arwen. Eran unas manos enormes como escudos, y ejercían una presión capaz de triturarle los huesos. Acorralado entre ambos, Arwen fue arrastrado en dirección a la salida.
—Hermanos —la voz de Ludmilla resonó como un oasis en el desierto. Su tono dócil logró resquebrajar la tensión helada del lugar—. Él pronto se convertirá en mi marido, ¿saben?
—Tranquila. ¿Crees que dejaríamos viuda a nuestra querida y pequeña Ludmilla?
—Nos controlaremos. Usaremos la medida justa.
Le hablaban con dulzura, como si estuvieran tranquilizando a una niñita.
—¿Será solamente un entrenamiento, cierto?
—Claro que sí.
—Solo eso. Tienen que prometerlo~.
El semblante de Ludmilla brilló de alegría al obtener la confirmación de sus hermanos. No obstante, ese respiro de paz no duró nada. Las miradas que se clavaban en Arwen seguían destilando un intenso deseo de asesinarlo.
—Chico del Este.
—…Dígame.
—¿Tienes idea de cómo son los entrenamientos aquí en el Norte?
—…¿Cómo son?
—Un entrenamiento dura cinco minutos exactos. Si alguien pierde el conocimiento antes de que pasen los cinco minutos, el conteo se reinicia.
—…
—¿Cuántos minutos crees que vas a soportar?
Arwen apretó los ojos. Sintió que estaba a punto de desmayarse en ese mismo segundo.
El conde Consillus y el duque Purity se quedaron debatiendo sobre la dote y acordando la fecha para la formalización del compromiso. Como ya no había nada más que requiriera la presencia de Ferda, este salió a los jardines para disfrutar en calma del sol primaveral y tomarse un respiro.
—¿Regente Valdrova-nim?
Una voz femenina y melodiosa interrumpió su momento de paz. Ella le dirigió una sonrisa rebosante de inocencia.
—Ludmilla Purity le presenta sus respetos al regente Valdrova.
La joven alzó un poco su falda para hacer una reverencia. Contrario al cabello oscuro de sus dos hermanos, ella lucía una abundante melena castaña. Estaba arreglada con elegancia, irradiando el carácter de una mujer norteña, pero en su conjunto proyectaba un aire algo torpe y tierno.
—No solemos emplear el título de Regente Valdrova, señorita Purity. Le pido que me llame regente Ferda simplemente.
—¡Oh! He sido muy descortés.
El rostro de Ludmilla se tiñó de rojo al pedir disculpas. Sin embargo, su timidez se disipó rápido y no tardó en hablar con soltura.
—Este Festival de Primavera ha sido verdaderamente maravilloso. Gracias a ello, tuve la oportunidad de conversar bastante con el caballero Arwen. Ahora que lo pienso, debí haber saludado al regente desde antes…
—No hay problema. Estar recibiendo saludos de cada invitado era bastante tedioso de todas formas, así que omitirlo me quitó un peso de encima.
—¿De verdad lo cree?
—Así es.
El intercambio de palabras se detuvo bruscamente. Justo cuando él se disponía a disfrutar de nuevo del silencio…
—¡Y una cosa más…! —Ludmilla sacó otro tema. Se expresaba con un tono muy animado, para nada parecido a alguien hablando con una autoridad superior—. ¡¡Lucía increíble bailando junto a la Reina Duque!!
Justo tuvo que mencionar el evento que él más deseaba borrar de su memoria.
—Aquella danza fue un completo desastre…
—¡Claro que no! ¡Casi se me escapan las lágrimas de ver cuánto se esforzaba el regente por seguir el ritmo!
A punto de llorar por aquel bochornoso baile. ¿Acaso se estaba riendo de él en su cara? Eso fue lo primero que cruzó por su mente, pero Ludmilla de verdad tenía los ojos cristalinos.
—Ustedes dos se aman profundamente, y ambos desean que su relación florezca. Esa impresión de que no terminaban de acoplarse del todo… me resultó sumamente conmovedora.
—…Se lo agradezco.
—La Reina Duque no da la impresión de ser alguien tan intimidante.
—¿Eso cree?
—¿Usted ha tenido la oportunidad de ver el rostro de la Reina Duque alguna vez, regente Ferda-nim?
—Lo he visto en un par de ocasiones.
—¿Y cómo es ella? Seguro que es hermosísima…
—Es una belleza, en efecto.
—Qué intriga tengo… —Ludmilla empezó a juguetear con sus manos mientras murmuraba—. Me encantaría poder charlar con ella en alguna ocasión. En el Norte, jamás tuve el tiempo para socializar con otras jóvenes nobles. Poder forjar una amistad con la Reina Duque sería estupendo…
Una amistad.
Al escuchar eso, la mente de Ferda se iluminó de golpe. Cuando Ferda volteó a verla de manera repentina, Ludmilla se tapó la boca.
—Ay, he vuelto a decir algo inapropiado. Una persona como yo jamás podría llegar a cruzarse con la Reina Duque Valdrova…
—Señorita Purity.
Ferda también cometió una falta de protocolo. Acortó el espacio que lo separaba de la futura esposa de Arwen y le tomó las manos con firmeza. Con una voz cargada de un profundo anhelo, le preguntó:
—¿Le gustaría ir a conocer a la Reina Duque?
—¿Cómo dice?
—Podemos hacerlo ahora mismo, si lo desea.
Ferda no estaba dispuesto a dejar escapar una oportunidad como esa.
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