Me Case con la Dragona que Maté Novela - Capítulo 178
Capítulo 178. Puede que no todo sea bueno
Castillo de Valdrova, Subterráneo.
—¿Qué le parecería intentar entablar una amistad con la joven dama?
—¿Con la joven dama?
Valdrova, quien se encontraba inmersa practicando su caligrafía, volteó la mirada. A Ruri no le agradó ver ese brillo de anticipación en sus ojos dorados.
—Ehm, ¿qué clase de chica es ella?
Tratando de controlar los latidos acelerados de su corazón, Valdrova preguntó con cuidado. Sintiéndose un poco ridícula por mostrar una actitud tan distante a la de una Soberana Suprema, contestó con aparente serenidad.
—Por lo que me han informado, es alguien con una personalidad afín a la suya, Maestra.
—Si es alguien parecido a mí… ¿crees que nos llevemos bien?
Efectivamente. Esas palabras se quedaron atoradas en la garganta de Ruri.
—No tiene por qué angustiarse. Aseguran que es muy elocuente y llena de energía, así que es seguro que tendrán una buena conexión.
—¿Entonces no se parece tanto a mí?
Efectivamente.
¿Quién tendría la osadía de acercarse primero a un dragón para intentar tener una charla trivial? Un dragón es una deidad que gobierna sobre todas las criaturas, la máxima encarnación de la sabiduría y de una experiencia milenaria. Los juegos políticos de la humanidad son simples niñerías, y hasta las cuestiones de Estado terminan siendo chismes sin valor para un dragón. No obstante, esa era solo la perspectiva humana; Valdrova adoraba las pláticas casuales que suelen compartir las chicas.
‘Una charla con una muchacha humana.’
¿Por qué la idea la ponía tan rígida? Primero la invadió el pánico, y con él, el instinto de negarse rotundamente. Pero, si dejaba pasar este momento, quién sabía cuándo volvería a presentarse una ocasión así.
—Yo, yo lo haré —sofocando el incesante tamborileo de su pecho, lanzó una pregunta—. ¿Cuándo deberíamos llevarlo a cabo?
—Según dicen, ella está por llegar en este preciso momento, así que si empieza a alistarse, estaremos a tiempo.
—¿A-ahora mismo?
—Si le resulta demasiada presión, podemos buscar otra fecha.
—¡N-no! ¡Hagámoslo! ¡Ya lo dicen, hay que forjar el metal mientras sigue ardiente!
—Entonces comenzaré con los preparativos.
Ruri hizo una reverencia y se marchó del lugar. Mientras la observaba abandonar la alcoba, Valdrova cayó en la cuenta de algo que había pasado por alto.
‘Ahora que lo analizo, es muy raro que Ruri sugiera algo así de la nada.’
A Ruri le desagradaba profundamente que Valdrova conviviera con la humanidad. Esto se debía a que un dragón que se vinculaba con humanos solo terminaba favoreciendo a estos últimos, quienes a la larga buscarían aprovecharse de la criatura. Dado que la inocente Valdrova ya había padecido ese tipo de abusos en el pasado, Ruri detestaba que mantuviera contacto directo con las personas.
¿Cuánto tiempo le había tomado a su prometido Ferda lograr que aceptaran organizar la primera reunión de té?
‘¿Acaso Ruri ha empezado a confiar un poco más en la gente?’
Ver a esa chica, siempre solemne y carente de emociones como una estatua, volverse un poco más cálida. Esa transformación llenaba de dicha a Valdrova. Pero la realidad era que Ruri seguía siendo la misma de siempre.
‘Una fiesta de té con mortales…’
Su rechazo hacia ellos seguía intacto. Simplemente, Ruri no tuvo otra alternativa. Cuando Ferda se comunicó con ella de forma imprevista para avisarle que traería consigo a Ludmilla Purity, Ruri reaccionó de la siguiente manera:
—¿Has perdido la razón? —El rostro de Ruri se volvió genuinamente amenazador—. Valdrova-nim pertenece a la raza de los dragones. Esa muchacha no es más que una simple humana, ¿de verdad crees que toleraré una reunión tan frívola?
—Lo comprendo perfectamente.
—Si de verdad lo comprendes, ¿por qué propones algo tan absurdo?
—Claro que sé cuál es el comportamiento adecuado. Pero, a pesar de ello, debo hacerlo.
La aflicción era evidente en el tono de Ferda. Tragó su propio sufrimiento en repetidas ocasiones antes de pronunciar las siguientes palabras:
—Penélope.
—…
—Esa maldita engendro del demonio… se ha convertido en la primera amiga de Su Alteza la Archiduque.
Penélope. Una criatura demoníaca de cabello rosa, conocida por su actitud increíblemente desvergonzada. Un ser insignificante a quien le habría arrancado la cabeza hace tiempo si Ferda no le hubiera rogado con tanta devoción, asegurando que era una aliada vital.
—Mi amiga…
Cuando la presentó con tanta timidez en aquel entonces, Ruri experimentó un golpe devastador. Fue como la sensación de ver a una hija, criada con tanto esmero y delicadeza, anunciando que se va a fugar con un delincuente callejero. Se mordió el labio con tanta rabia que terminó sangrando.
—Además, ¿acaso deseas ver cómo esa mujer, que prefiere ir tras las mujeres en lugar de los hombres, no deja de colgarse de ella?
—…
—Si recuerdas el profundo dolor que padecimos en aquella ocasión, sabrás que tienes que conseguirle una nueva amiga cuanto antes, aunque sea solo un día de ventaja.
Fue en ese instante que Ruri comprendió todo. No era momento para negarse con orgullo.
—Me encargaré de ello.
Esa demonio tenía que ser erradicada. Sin lugar a dudas.
—Me informan que Ferda-nim ya está aquí. Por lo visto viene acompañado de la joven dama, así que iré a recibirlos.
—¡S-sí!
Un banquete lleno de aperitivos sobre la mesa, y ella enfundada en un elegante vestido. Como no se trataba de una velada con su prometido, optaron por organizarla en el floreciente jardín primaveral, en lugar de usar la sala de juegos. La densa fragancia de las flores le daba un toque mágico al ambiente.
Este era un verdadero encuentro entre chicas.
—Maestra. La joven dama de la Familia Purity acaba de llegar.
Las puertas principales se abrieron de par en par, dando paso a la invitada. Era una muchacha encantadora que llevaba una sonrisa en el rostro.
—Le presento mis respetos a Su Alteza la Archiduque. Mi nombre es Ludmilla Purity.
Valdrova, incapaz de articular una respuesta adecuada, se limitó a asentir con la cabeza. Ludmilla avanzó con delicadeza y tomó asiento justo al frente. Era la primera vez que alguien distinto a Ferda ocupaba ese lugar en la mesa y en ese entorno.
—Así que este es nuestro primer encuentro oficial. Debería haberme acercado a saludarla cuando la vi por primera vez.
Valdrova inclinó la cabeza con curiosidad.
—¿Usted… ya me había visto… antes?
—La observé durante el Festival de Primavera. Estuvo bailando con el Regente, ¿cierto?
—Ah…
Las mejillas de Valdrova se encendieron. Para cualquiera podría pasar desapercibido, pero para ella era un recuerdo oscuro, una situación en la que se había dejado llevar por los celos. Agradecía tener puesta la máscara en ese momento. Esta vez, Valdrova tomó la iniciativa para conversar.
—Yo… me enteré de su compromiso.
—En efecto, he tomado la decisión de ser la señora de la Familia Consillus.
—Mis felicitaciones…
—Es todo un honor recibir las bendiciones de Su Alteza la Archiduque. Y, por favor, le pido que se comunique conmigo con total naturalidad.
—¿Con total naturalidad…?
—¡Claro! ¡Simplemente llámeme Ludmilla con confianza, trátame como si fuéramos amigas de toda la vida!
—A-amigas…
Ese entusiasmo desbordante la tomó por sorpresa y la hizo encogerse un poco. Sin embargo, si volvía a usar formalidades, daría la impresión de querer marcar distancia, así que las dejó de lado con esfuerzo.
—¿Lu, Ludmilla…?
—¡Así es, Archiduque-nim!
Ludmilla juntó las palmas de las manos, fascinada. Al observar esa sonrisa tan radiante, la tensión en el pecho de Valdrova comenzó a disiparse. Ahora comprendía los motivos por los que Ruri, yendo en contra de su naturaleza, había accedido a esto.
—¿Puedo hacerle una consulta?
—Adelante.
—¿Cuál es la razón por la que lleva esa máscara?
Una interrogante bastante atrevida.
—¿Acaso me veo extraña con ella?
—No, no es que se vea extraña. Pero me causaba curiosidad saber si hay alguna historia detrás. Le ruego que me disculpe si he tocado un tema sensible.
—No, para nada es sensible…
Estaba asombrada, pero no sintió que hubiera mala intención. Al contrario, ¿no era ella la que estaba siendo descortés? Su invitada mostraba su rostro al descubierto, mientras que ella mantenía el suyo oculto…
—¿A Ludmilla le gustaría ver mi verdadero rostro…?
—Jadeó, ¿en serio me permite ver el rostro de Archiduque-nim?
—Si le causa incomodidad, no tiene la obligación de mirar.
—¡No, para nada! ¡De verdad deseo verlo!
Al notar su rotunda negativa a rechazar la oferta, supo que no había vuelta atrás. Valdrova se retiró la máscara con suma delicadeza, dejando su rostro al descubierto. Ludmilla, con una mano sobre su pecho agitado, se quedó boquiabierta.
—Si no le molesta que haga una pregunta un tanto imprudente… ¿lleva algún tipo de maquillaje o algo similar?
—¿Eh? No, nada de eso.
—Cielos. Poseer tanta belleza sin una gota de maquillaje…
Hasta se sintió cohibida. La tentación de volverse a colocar la máscara era constante.
—No lo digo por halagarla, es mucho más hermosa que la Princesa Olivia.
—No creo que sea para tanto…
—¡Si se arreglara un poquito más, sería deslumbrante! Si se pusiera algunas joyas y un toque de polvo, superaría cooooon creces a la Princesa Olivia.
Ruri siempre era quien se encargaba de arreglarla. No obstante, al haber sido entrenada como guerrera desde la cuna, Ruri carecía de talento para esos detalles femeninos; además, añadir adornos a la perfección natural de un dragón lo consideraba una ofensa. A diferencia de Ruri, Valdrova sí sentía curiosidad por esas cosas.
—¿Se te dan bien esos detalles?
—¡Por supuesto que sí! ¡Yo era la que siempre les peinaba las trenzas a mis hermanas! Ellas son extremadamente perfeccionistas, pero cuando yo las arreglaba, ¡siempre me rogaban que lo volviera a hacer!
—Mmm… ¿debió ser una tarea agotadora?
—¡Para nada! Es algo que disfruto mucho, así que no me importaba. ¡También me encanta cocinar los almuerzos para mis hermanos!
—¿Así que también sabes cocinar?
El brillo en los ojos de Valdrova se transformó. Ludmilla supo interpretar esa mirada.
—Dígame, ¿acaso le interesa la cocina?
—B-bueno, eso es… —contestó con timidez, dudando un poco—. Solo un poco.
Valdrova se la pasaba pensando en qué detalles tener con Ferda. Buscaba maneras de demostrarle la profundidad de su amor sin necesidad de revelar su rostro. Una de las ideas que había considerado era cocinarle algo.
—He estado pensando en lo mucho que me gustaría que Ferda-ssi probara un platillo hecho por mis propias manos…
—¡La entiendo perfectamente! ¡Ese deseo…!
Ludmilla llevó ambas manos hacia su pecho y, para su sorpresa, unas lágrimas asomaron en sus ojos. Valdrova no sabía cómo reaccionar.
—¿Pero por qué, por qué te pones a llorar?
—No es nada. Solo pensaba en la inmensa suerte que tuve al pedir esta audiencia con Valdrova-nim. Sinceramente, no tengo a nadie con quien poder compartir este tipo de pláticas.
—¿Qué me dices de las otras nobles?
—¡Son diametralmente opuestas a Valdrova-nim! Si les comento a esas jóvenes que me apasiona la cocina, ¿tiene idea de lo que responden? ¡Aseguran que son labores propias de sirvientas de baja calaña y me ven con desdén! ¡Me dicen que debería estar preparándome para casarme con una familia que ni siquiera tiene un cocinero decente!
—Eso es cruzar la línea.
—¡Es algo que hago por la gente a la que amo, ¿qué derecho tienen a criticarlo?! Ellas solo están acostumbradas a recibir sin dar las gracias. Llamarlas animales es describir exactamente cómo se comportan, ¿no le parece?
—Sí, tienes toda la razón.
—Y para colmo, la fortuna y el linaje no lo son todo en la vida. Incluso si se trata de un matrimonio por compromiso familiar, si existe la voluntad de comprender al otro, eso también puede florecer en amor, ¿verdad?
Valdrova sintió que cada palabra de Ludmilla resonaba en su alma. Era el mismo sentimiento que ella albergaba por Ferda. Sintió que por fin había encontrado a alguien con quien compartir esas emociones.
—Ludmilla…
—Dígame, Archiduque-nim.
—Ehm, por casualidad… puede que suene como una petición algo peculiar, pero…
—¡De ninguna manera sonará peculiar! ¡Puede decirme lo que desee!
—Entonces, ¿te gustaría ser mi amiga?
Pensó que la dejaría sin palabras, pero los ojos de Ludmilla se iluminaron como estrellas.
—¡Claro que sí! ¡Justo eso estaba por decirle! ¡No dejaba de imaginar lo increíble que sería tener una amistad con Archiduque-nim!
Ludmilla se levantó de un salto y apretó las manos de Valdrova con efusividad.
—Me llena de felicidad convertirme en amiga de Archiduque-nim.
La repentina efusividad la tomó por sorpresa, pero solo duró un segundo. A diferencia del resto de las aristócratas, la piel de las manos de Ludmilla era ligeramente áspera.
—Yo también me siento inmensamente feliz de ser tu amiga, Ludmilla.
Esa textura áspera le resultó tan acogedora que no dejó de acariciarlas, como si estuviera tocando la seda más fina.
Mientras las chicas gozaban de su tarde en los jardines, Ferda se hallaba reunido en su despacho con Arwen y Jed.
—¡¡Puhajajaja!! ¡Esto es malditamente gracioso! —Jed soltó una carcajada tan potente que pareció sacudir los cimientos del castillo.
Arwen arrugó la frente y lo cuestionó.
—¿Qué le ves de divertido a esto?
—Por supuesto que es divertido. Cuentan que tus futuros cuñados te atacaron sin piedad directo a la entrepierna, una táctica que está terminantemente prohibida en los duelos, ¿cómo no quieres que me ría de eso?
Bien dicen que la vida es una comedia de lejos, y una tragedia de cerca. Para Jed todo era motivo de risa, para Arwen era una desastrosa desgracia que por poco se consuma, y para Ferda era un relato cuyo desenlace le tenía sin cuidado.
—A pesar de todo, te ves bastante bien parado para haber sufrido un asalto tan brutal.
—Puedo lucir entero por fuera, pero perdí el conocimiento en tres ocasiones. No me golpearon en el rostro, pero su objetivo exclusivo era mi entrepierna, así que no sabía ni cómo defenderme…
—Vaya, el sucesor de los Purity es un tipo listo que sabe cómo crear sus propias reglas si no existe riesgo de eliminación directa.
Jed rompió en otra carcajada.
—¿A qué te refieres con que te dejaste atrapar por una mujer, tsk… se supone que eres un hombre?
Jed no paraba de hostigar a Arwen. Ferda le dirigió a Jed una mirada llena de lástima.
—Tú eres el menos indicado para andar juzgando a los demás, ¿no crees?
—¿Y eso por qué?
—¿Acaso no estás bajo el absoluto dominio de la Maestra del Gremio de Comerciantes?
Jed se encogió de hombros, visiblemente nervioso.
—¿Qué estupideces dices? ¿Desde cuándo hago eso? Sigo conquistando mujeres y pasándola de maravilla. Igual que siempre…
—La última vez que nos cruzamos, me dio la impresión de que estabas rogando por permiso, ¿o fue idea mía?
—¡Uy, justo me acabo de acordar de algo urgente, me tengo que retirar! ¡Fue un placer verlos hoy!
—Claro, ve tranquilo, que tu mujer te está esperando.
Jed salió huyendo con la cola entre las patas, sabiéndose arrinconado. Ferda lo vio alejarse con un gesto de resignación.
—…Regente-nim.
Con la mirada clavada en el suelo, Arwen solicitó la atención de Ferda.
—¿Qué ocurre?
—¿Sería posible… que esto quede entre nosotros? Usted parece ser alguien que sabe guardar secretos, y la verdad, no tengo a quién más contarle esto…
—Habla, te escucho.
—Lo que pasa es que… esto solo se lo confesaré al Regente-nim… —Arwen balbuceaba, perdiendo por completo el temple de un caballero—. Sobre aquel asunto, eso… no fue algo de mutuo acuerdo…
—…¿Qué tonterías estás diciendo? ¿De verdad abusaste de ella?
—…No, sí —retomó el hilo, eligiendo sus palabras con gran pesadumbre—. Solo que el abusador no fui yo…
Ferda asimiló la confesión y recorrió con la vista la anatomía de Arwen. Una complexión tan robusta que ni diez comandantes embistiendo a la vez lograrían doblegarlo con facilidad. Resultaba inconcebible que un individuo así hubiera sido ultrajado por una joven.
—¿Tan descomunal era la fuerza de la chica?
—No. Ella era sumamente delicada. Por eso, yo…
—No quisiste usar tu fuerza. ¿Pero tenías la capacidad de detenerla?
—Ludmilla me soltó lo siguiente… al diablo con la caballerosidad, si no te acuestas conmigo ahora mismo asumiré que no sientes nada por mí y me comprometeré con otro hombre…
—…Te extorsionó, ¿no es así?
—Así que… efectivamente…
Ferda sintió que las piezas del rompecabezas encajaban con aquella revelación.
«No puede ser…»
«¿Qué tal si debajo de esa aparente pureza que destilaba Ludmilla se escondía la mente calculadora de una aristócrata? Una hija de Duque interesada en un caballero fronterizo. ¿Qué tal si Ludmilla era consciente de que existía un abismo social imposible de cruzar entre ambos? Si tan solo lo hubiera introducido como un pretendiente, seguramente los hermanos y hasta el propio patriarca Valeri Purity habrían rechazado la idea de inmediato».
Cualquier otra dama noble habría optado por berrinches infantiles, como amenazar con escapar de casa. Ludmilla, en cambio, decidió provocar un escándalo irreparable. Ella tenía muy claro que siempre resulta más sencillo conseguir el perdón que obtener la autorización previa.
Ferda reflexionó. «¿Y si la aceleración de este compromiso matrimonial fue su estrategia desde el principio?»
Justo cuando la charla llegó a su fin, la puerta que daba al jardín, donde se desarrollaba el encuentro de las señoritas, se abrió de par en par. Valdrova y Ludmilla aparecieron caminando juntas y, aun mientras salían, la plática fluía sin interrupciones. No paraban de parlotear hasta que se percataron de la presencia de Ferda, momento en el que guardaron silencio. Ambas se acomodaron el cabello con nerviosismo, moviéndose de manera algo errática. Ludmilla, gozando de la novedad del momento, no sabía dónde meter las manos y finalmente carraspeó.
—El día de hoy ha sido verdaderamente espléndido, confío en que podremos organizar una velada igual con Su Alteza el Archiduque muy pronto.
—Cuando usted… lo disponga… —Valdrova replicó con un tono increíblemente acartonado. Al estar frente a terceros, comenzó a cuidar en exceso su comportamiento.
—¿Cuándo le parecería conveniente? No, sería una falta de respeto de mi parte imponer una fecha, ¿verdad? ¡Si Archiduque-nim me manda un mensaje cuando guste! ¡No habrá inconveniente! ¡Acudiré veloz como un rayo!
—Eh, de acuerdo…
Ante esa actitud tan audaz y rebosante de energía, Valdrova soltó una carcajada. Ludmilla se subió a su transporte, despidiéndose con la mano hasta perderse de vista. Valdrova le devolvió el gesto desde la distancia.
—¿Disfrutó de la compañía?
Valdrova afirmó con un movimiento de cabeza.
—Sí, bastante. Ludmilla parece ser experta en todos los temas que me apasionan.
—Me complace saber que la pasó bien.
Experimentó un alivio semejante al que sintió cuando surgió el incidente con Penélope. En el fondo, Ferda respiró tranquilo. Por fin estaba forjando una amistad genuina.
—Ludmilla va a contraer matrimonio este mismo año.
—Ya se encuentra en la edad adecuada, y bueno… dadas las circunstancias, pues…
—Entiendo.
Los celos impregnaron cada una de sus palabras al suspirar.
—Ludmilla me comentó que…
—Dígame.
—Que si deseo contraer matrimonio rápido, intentar abusar de Ferda-ssi también sería una excelente táctica.
…
—¿Qué se supone que significa eso?
—…Yo tampoco lo tengo muy claro.
Al fin y al cabo, hacer nuevas amistades no siempre traía consigo cosas de las que uno pudiera alegrarse ciegamente.
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