El Apocalipsis Necesita de un Profesional Novela - Capítulo 27
Capítulo 27
Capítulo 27: Provocación
Provocación
La respuesta del comandante se materializó únicamente tras un prolongado silencio.
—Tú… ¿qué acabas de decir?
Habló con la estupefacción de quien no logra otorgar crédito a su propia capacidad auditiva.
Repetí mi formulación, enunciando cada sílaba con premeditada y minuciosa claridad.
—Un regresor.
—Un regresor… queriendo decir…
—Exactamente lo que denota el término. Del futuro de regreso al pasado. He retornado.
La mandíbula del comandante se abatió en una mueca de incredulidad antes de contraerse de nuevo.
—…Qué expresión tan singular. Luna Moon solía proferir semejantes bufonadas de manera constante.
Mjum. Su reacción resultó ostensiblemente más parca de lo que mis estimaciones presagiaban.
Había supuesto que, al conocer la condición pretérita de Luna Moon como jugadora, acogería esta revelación con un grado significativamente mayor de receptividad.
—No constituye ninguna broma.
—Basta de desatinos. ¿Tú, un regresor?
—¿Acaso esta fue tu reacción cuando ella confesó que mi madre también había sido una jugadora?
Ante semejantes vocablos, el comandante experimentó una conmoción equivalente al impacto de un martillo.
Desde una perspectiva estrictamente técnica, autoproclamarse regresor constituía una falsedad, de modo que instrumentalizar a una difunta en este artificio generaba una resonancia un tanto… aunque, a decir verdad, no particularmente apesadumbrada.
Adicionalmente, la farsa sostenida de infante sumiso comenzaba a evidenciar un desgaste considerable.
Si lograba instrumentar la interpretación del regresor con la suficiencia idónea, conseguiría finalmente desembarazarme del estigma de «mero niño» y eludir el proceso de admisión.
Semejante empresa no obedecía exclusivamente a intereses particulares.
Su propósito fundamental radicaba en la estructuración de las defensas de cara al advenimiento del apocalipsis.
—¿No has percibido ninguna anomalía? ¿Que manifieste un grado de madurez excesivo, que detente un dominio tan profundo de las cuestiones castrenses?
—¿Pretendes que, fundamentándome únicamente en una madurez superior a la de tus coetáneos, asuma tu condición de regresor?
—Durante la asamblea de oficiales, poseía conocimiento preciso de la filiación nominal de cada asistente.
Evidenciando su imperiosa exigencia de rigor probatorio, articulé cuantos argumentos dotados de verosimilitud logré concitar.
—Padre, ¿acaso concibes la posibilidad de que la mera transmisión oral de los anales maternos me hubiese facultado para retener tal cúmulo pormenorizado? ¿Que un infante de los suburbios, desprovisto de toda manipulación previa de un arma de fuego, manifestase semejante destreza operativa y balística por el mero influjo de una precoz inteligencia? ¿Que la jornada en que escalé los perímetros de Daphne obedeciera a una veleidad desprovista de premeditación?
El comandante persistía en su incapacidad para conferirle fe absoluta a mis aseveraciones.
Sin embargo, el corolario verbal que sucedió no expresó escepticismo, sino una interpelación directa sobre la teleología del acto.
—¿Por qué exteriorizar tu condición de regresor en el momento presente?
—Porque ignoras una realidad fundamental.
—¿Qué es lo que ignoro?
—Que carecemos de margen temporal.
Observé cómo su cabeza basculaba sutilmente hacia el flanco antes de proseguir con la exposición.
—En el horizonte de una década, se desencadenará un nuevo apocalipsis.
—¿Qué?
Incluso el comandante evidenció una conmoción profunda ante dicha revelación.
—Lo denominamos el Segundo Apocalipsis.
—Un nuevo cataclismo en el porvenir… albergó el anhelo de que constituyera una falacia.
—Comparto el deseo de que su ocurrencia fuera evitable. No obstante, en la línea temporal donde fracasamos en la labor previsora, perecí.
Ante la evocación de mi deceso, las pupilas del comandante se dilataron fugazmente antes de estabilizar su registro visual.
—Al reabrir mis ojos, residía nuevamente en mi envoltura somática de diez años. Si este acontecimiento representaba una clemencia ulterior concedida…
Tras un nuevo compás de silencio dilatado, el estamento directivo del mando emitió finalmente su contestación.
—Posee una complejidad de asimilación equiparable al día en que descubrí la naturaleza de Luna Moon.
—Comprendo perfectamente. No obstante, me vi abocado a la revelación ineludible. De persistir la inercia actual, el tiempo estipulado resultará exiguo para la aprestos del apocalipsis.
Determiné en ese preciso instante disipar cualquier resquicio de suspicacia remanente.
—El motivo por el cual circunscribo esta revelación al presente ciclo… radica en que, merced a esta regresión, aprehendí la condición de jugadora de mi progenitora, así como tu cabal conocimiento previo al respecto. Si el Padre, provisto ya de la comprensión sobre la singularidad de la Madre, decidiere conferir crédito a mi testimonio…
—¿Significa esto que el tú del futuro ignoraba la condición lúdica de Luna Moon?
—Negativo. Sin embargo, albergaba una intuición imprecisa acerca de la excepcionalidad materna, circunstancia que motivó mi incursión hacia Daphne tras el retorno actual, con el propósito de recabar mayores luces… He aquí asimismo el fundamento por el cual el conocimiento de su naturaleza no me infligió un impacto superlativo. Si detento la condición de regresor, ¿podría reputarse verosímilmente asombrosa tal revelación?
La intrincada arquitectura lógica expuesta sumió al comandante en una manifestación de patente desconcierto.
—Si tu procedencia se halla indubitablemente en el porvenir… profetiza entonces un acontecimiento inminente.
Resultaba manifiesto que los indicios aportados no satisfacían los umbrales probatorios requeridos.
En su calidad jerárquica de máxima autoridad de una demarcación zonal, la prudencia en el discernimiento de sus confianzas constituía una directriz ineludible.
Lamentablemente, carecía de contingencias proféticas estructuradas para su inmediata disposición.
—Semejante pretensión entraña una considerable dificultad.
—¿Dificultad?
—Habida cuenta de que mi regresión ha alterado sustancialmente los vectores del futuro. Bajo los parámetros originales, mi aproximación a tu persona jamás se hubiera verificado con esta prematuridad.
Semejante argumentación pareció dotar al interlocutor de un marco inteligible respecto a la inefabilidad de los sucesos venideros.
Perfecto. En tal tesitura…
—Me resulta inviable vaticinar los devenires del porvenir. No obstante, si el Padre demanda evidencias de mayor consistencia empírica…
En puridad, la explicitación prospectiva bajo los moldes exigidos tampoco revestía imposibilidad técnica.
Si bien la inserción en este plano había subvertido dinámicas particulares, mi bagaje como jugador veterano con múltiples superaciones de este constructo se mantenía intacto.
La demostración de la veteranía se valida mediante la destreza operativa. Un axioma incontestable.
—Te ruego me autorices a concurrir a la simulación de adiestramiento de la academia militar.
El comandante experimentó un sobresalto espasmódico, escrutándome con la estupefacción reservada a una entidad exógena.
—…La precisión en la enunciación de la simulación académica suscita legítimas dudas sobre tu pretendida regresión.
—Pues bien, detento la titularidad de egresado de dicha institución en la línea temporal sucesiva. Asumo con absoluta certeza mi supremacía sobre cualquier discente matriculado en la actualidad. Si supero el entrenamiento con métricas de rendimiento superiores a las del resto, la convicción sobre mi origen será ineludible.
Tras un atisbo de elucubración dubitativa, el oficial supremo concedió un leve movimiento afirmativo.
—Quedas autorizado para la concurrencia a la prueba de simulación.
Me abstuve de censurar la combadura ascendente configurada en mis labios.
Una vez ratificadas mis capacidades en el terreno operativo, se disiparía de forma definitiva cualquier pretensión de coacción orientada a mi matriculación formal.
El exterminio de novicios no constituía el cometido habitual de un veterano, mas la coyuntura actual marginaba toda alternativa.
Platón, primogénito de Antón adscrito a la facción pro-Daphne, detentaba la condición de cadete emérito, próximo a culminar su ciclo formativo en la cúspide de su promoción castrense.
Pese al liderazgo faccional ejercido por su progenitor, Antón lo había instruido bajo rigurosos cánones de imparcialidad formativa, concebidos para forjar una comandancia transversalmente respetada. El propio Platón eludía toda adscripción de bando y jamás instrumentalizó el prestigio paterno para dirimir controversias, granizándose una consideración unánime entre sus iguales.
No obstante, su desvinculación de los antagonismos ideológicos alcanzó dimensiones tales que el propio Antón lo percibía como un elemento constrictivo: una arista cortante renuente a la subordinación de su criterio.
Para los cadetes noveles, las notables calificaciones teóricas y práxicas de Platón lo perfilaban como un referente preclaro de férreas convicciones. Para aquellos instructores y compañeros conscientes de la primacía de la obediencia estricta en el estamento militar, encarnaba exclusivamente a un insumiso inflexible dotado de aptitudes académicas sobresalientes.
Aun así, su posición prospectiva como primus inter pares no se sustraía por completo al ascendiente político de su padre.
—Me niego.
—¡Platón!
En el recinto de la dirección, emplazamiento donde había sido convocado el cadete, la presencia del mismísimo Heydam Goodman motivó que la máxima autoridad directiva profiriera una exclamación de espanto. Platón mantuvo su postura inquebrantable.
—Aun tratándose de un ejercicio simulado, me resulta éticamente inviable infligir menoscabo a un infante desprovisto de matriculación formal. Es de tu perfecto conocimiento que los entornos de simulación no se encuentran exentos de iatrogenias lesivas.
—La autorización ha sido emitida por la suprema comandancia de la zona.
—¿Es ello cierto?
El protocolo de simulación de la Academia Militar del Área Cola operaba bajo la modalidad de confrontación táctica emulada.
Los educandos intervinientes se fraccionaban en dos agrupaciones operativas —Equipo A y Equipo B—, desplegándose desde sus respectivas bases nodales. El objetivo consistía en la inserción de un estandarte en el bastión antagónico o la neutralización sistemática de la totalidad de los efectivos contrarios. Una esquematización elemental.
Las hostilidades se desarrollaban prescindiendo de munición letal, empleando instrumental de marcaje cromático y armamento blanco de instrucción; no obstante, la fricción de los enfrentamientos propiciaba ocasionales tránsitos hacia la confrontación física directa, derivando en lesiones corporales constatables.
Y la comandancia había expedido el permiso para la inclusión de su propio infante de diez años en tales maniobras.
¿Acaso… pretende inducir una derrota deliberada?
La suposición exhibía visos de certeza. Las manifestaciones subsiguientes de la dirección encajaban milimétricamente en la previsión.
—¿No cabría la aplicación de criterios de flexibilidad operativa en el desarrollo del ejercicio?
Exactamente conforme a lo proyectado.
Platón exteriorizó su repulsa de inmediato mediante un movimiento cefálico.
—Dicho en otros términos, se me demanda una conducta condescendiente. Si bien se trata de un sujeto exento de filiación académica actual, en el porvenir constituirá un combatiente de esta demarcación. Me niego a someterlo a semejante vejación. ¿Qué magnitud de ignominia experimentaría al percatarse de que su bautismo táctico consistió en una victoria prefabricada por la complacencia del adversario?
—¡P-Platón! ¡Modera tus expresiones…!
—Carezco de objeción al respecto.
La mirada del director recayó con aprehensión sobre Heydam Goodman, situado en las inmediaciones, si bien este último exteriorizó una absoluta inmunidad a la afrenta ante los argumentos vertidos.
Platón examinó con serenidad la densidad de su cabellera oscura y la agudeza centelleante de sus pupilas, impregnadas de una amenazante curiosidad.
De modo que este es el vástago ilegítimo al que aluden los corrillos…
El psicópata de impronta angelical que, desde el instante inaugural de su confluencia, profirió sonrisas mientras profería coacciones contra el propio progenitor de Platón.
Un infante que, impulsado por una veleidad inescrutable, había superado los muros de la residencia de Daphne, y que simultáneamente osó trascender los límites perimetrales de la zona para dar caza a un hipopótamo-jabalí, compartiendo la proteína con coetáneos: una entidad de compleja decodificación.
Mis sospechas preliminares ya apuntaban a una naturaleza sustancialmente divergente de la norma infantil.
Tal premisa explica por qué, al recibir la notificación sobre la visita inspectiva de Heydam a la academia, e incluso al conocer sus pretensiones de desafío simulado, Platón no experimentó resistencia psicológica alguna.
Había asumido la viabilidad competencial del sujeto.
Sin embargo, la asignación imperativa de constituirse en su oponente directo en el escenario táctico excedía toda modelización previa.
—¿Por qué recae la designación en mi persona? La disponibilidad de efectivos aptos para el baremo competencial de Heydam es amplia.
—Te conmino a extremar el rigor en tu selección terminológica, en cuanto a la determinación…
—La solicitud ha sido formulada por mí mismo.
La voz infantil de Heydam se interpuso en la secuencia.
Elevando su eje visual hacia el rostro de Platón, emitió su exposición.
—Mi propósito consistía en confrontar al exponente óptimo de la academia mediante percepción directa.
—…Agradezco la valoración.
Por motivaciones imprecisas, Platón no logró extirpar la impresión de que la postura de Heydam difería radicalmente de la observada en un mero observador institucional.
Semeja la inspección de un comandante de compañía en misión de arenga…
Aun así.
Si la motivación subyacente de Heydam residía en la selección deliberada de la cúspide académica para su contraste, cabía la adopción de una postura táctica más flexible.
Fijar el objetivo en entidades superiores y retarlas constituía, a fin de cuentas, un atributo cardinal en la praxis guerrera.
No obstante, mi reticencia a lidiar bélicamente con un infante persiste…
Platón formuló una alternativa de compromiso equilibrado.
—Requiero mi adscripción al bando operativo de Heydam. Ello propiciará un adecuado balance sistémico.
Las pupilas de Heydam experimentaron una dilatación súbita, mientras convulsionaba ambos extremidades superiores en signo de frontal oposición.
Platón había presupuesto de forma natural que el rechazo obedecía a un escrúpulo de equidad, renuente a usufructuar ventajas derivadas de su propia tutela.
La enunciación sucesiva pulverizó por completo tal expectativa.
—…de lo contrario, se me vedará la demostración empírica de mi supremacía sobre la totalidad de los cadetes de la institución.
Una aserción de tal magnitud impedía la aplicación de la pasividad discursiva. Las líneas frontales de Platón se contrajeron involuntariamente.
—¿Cuál ha sido tu formulación?
—Ah, he omitido acotar esta especificación.
La consternación se generalizó incluso en el rostro del director ante la continuidad discursiva del infante, emitida con tonalidad jovial.
—La concesión de la licencia de desafío por parte del Padre obedece a una condición resolutoria: si acredito un nivel superior al de cualquier discente académico, quedo eximido de la matriculación. En honor a la verdad, considero que cursar estudios en esta institución representa una disipación de recursos temporales.
En aquel preciso instante germinó en Platón la convicción inquebrantable de desplegar la plenitud de sus recursos tácticos sobre aquel infante de diez años, hasta provocar su aniquilación operativa.
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