El Apocalipsis Necesita de un Profesional Novela - Capítulo 70
Capítulo 70
Capítulo 70: Padre (2)
Antes de reunirme con Anton, resultaba indispensable discernir las auténticas motivaciones y la postura de Bones en caso de involucrarme de manera directa en el sumario concerniente al teniente general Max. Por consiguiente, me dirijo en primera instancia a la Residencia del Comandante.
Bones y Lucas —quienes fungen como testigos fundamentales dentro de este complejo entresijo— habían sido reubicados en dicho recinto con el propósito de garantizar su integridad física. No obstante, la medida de protección a testigos constituía tan solo una faceta de la situación; los oficiales superiores que habían prestado servicio junto a los miembros caídos del Equipo 2 se encontraban profundamente exasperados. De haber remitido a ambos individuos a los alojamientos castrenses ordinarios, habrían quedado expuestos a hostigamientos severos o a consecuencias aún más graves.
Aparentemente, la determinación de albergarlos en la Residencia del Comandante obedeció a una directriz impulsada con firmeza por Yosef bajo el argumento de que ninguna otra vida de oficiales noveles debía ser sacrificada.
Un ardid propio de un sujeto taimado.
Bones ya había solicitado una audiencia con el teniente general Max para someterlo a interrogatorio, pero a ambos les había sido denegado sistemáticamente cualquier acceso. El argumento oficial sostenía que la proximidad con Max podría coaccionar a Bones induciéndolo al silencio.
Y, sin embargo, nos encontrábamos ante la siguiente escena:
—¿Cuál es la razón por la cual los testigos bajo protección no se hallan confinados en sus respectivos aposentos, sino que se encuentran sometidos a instrucción bajo la tutela de mi sirviente?
Cruzando los brazos, formulé el cuestionamiento. Lucas, cuyo uniforme ya exhibía los estragos de la transpiración, comenzó a destilar un sudor frío adicional antes de articular respuesta:
—E-esto es… Se nos notificó que existía libertad de desplazamiento en el interior de la Residencia del Comandante… Al manifestar nuestra intención de acoplar nuestro itinerario al del lord Haydam, las circunstancias convergieron de este modo.
—Pero ¿es concebible que se adhieran a este régimen de entrenamiento riguroso de manera cotidiana?
Adicionalmente, cabría inquirir por qué motivo Bones se hallaba con el torso descubierto en una mansión ajena.
—¿Acaso suponen que Taejeong los ha sometido a ejercicios tácticos con el único fin de extenuarlos como bestias de carga?
—¿Taejeong? ¿Corresponde ese apelativo al subordinado?
—¿Quién demonios resulta ser ese muchacho en realidad? Su desempeño supera con creces el estándar de la mayoría de los oficiales. No pretenda insinuar que se trata de algún activo táctico encubierto que se encuentra cultivando, lord Haydam.
La inconsistencia de sus aseveraciones evidenciaba que Bones aún no había logrado sobreponerse al impacto psicológico derivado de los acontecimientos recientes.
Manifiesta una fachada de aparente templanza.
Resultaba comprensible, al menos parcialmente, el motivo por el cual rehusaba permanecer recluido en un espacio cerrado y optaba por condicionar sus capacidades físicas junto a Taejeong.
En lugar de reprenderlo de forma tan explícita:
—Taejeong formalizará su ingreso a la academia militar durante el presente ejercicio fiscal, gracias al respaldo brindado por ambos al discurso de graduación de Platón.
—De modo que esa fue su motivación al instigar a Platón: propiciar la admisión de dicho infante. Y respecto a ese individuo autodenominado el Forastero Querido…
—La digresión ha concluido.
Su actitud denotaba una disposición inmediata a desviar el tópico en cuanto el nombre de Max salía a colación, por lo que interrumpí su intervención para inquirir de manera directa:
—¿Te has compaginado emocionalmente para lo inminente?
El semblante de Bones experimentó una contracción adversa.
—¿Preparado ante qué eventualidad?
—Ante la confirmación de que tu progenitor efectivamente te ha repudiado.
Sus globos oculares de tonalidad verdosa evidenciaron un espasmo de tensión. Por supuesto, mi conocimiento de causa descartaba la culpabilidad de Max en tal sentido. Sin embargo, considerando el escenario que Anton y yo estábamos próximos a desplegar, se requería que Bones consolidara su fortaleza anímica; de lo contrario, la coyuntura descarrilaría hacia el caos.
—…Si procedió a desvincularse de mi persona, que así sea. ¿Qué clase de aprestos se suponen necesarios? Maldición.
A pesar de su esfuerzo por proyectar control, la irritación terminó por fracturar su autocontrol.
—En tu circunstancia particular, considero que sí son imprescindibles. Lucas me ha confidencia-do que la validación por parte de tu padre constituía el eje central de tu existencia, al punto de que un abandono físico o moral habría supuesto tu deceso inminente.
—¡Lucas, infame desgraciado…!
Bones viró con ímpetu con la aparente intención de someter a Lucas por la solapa, mas este último —anticuándose con precisión a mis intenciones discursivas— se había ausentado con antelación.
—¡Maldito efímero y escurridizo sujeto, dedicado a propalar informaciones…!
—Bones.
Pronuncié hacia su espalda mientras continuaba manifestando su frustración.
—Si tu padre consumó de manera efectiva tu abandono, ¿acaso perecerás?
Tras un momento de vacilación, Bones replicó en un tono atenuado:
—…Ya no más.
—A raíz de comprender que la figura paterna no lo abarca todo.
Ante mi gesto de escepticismo, al entrecerrar los ojos manifestando incomprensión, Bones experimentó un rubor que ascendió hasta el pabellón auricular antes de espetar con acritud:
—Mierda… Por fin asimilo que mi propia vida ostenta un valor intrínseco. Sobrevivo debido a que aquellos veteranos me franquearon la retirada, a que un individuo recorrió semejante distancia para reconvenir me mediante golpes, a que alguien vociferaba su empeño en rescatarme. Incluso a pesar de que el mismo sujeto posteriormente se retractó ventilando ante lord Haydam cada desvarío expresado por mí; una total carencia de lealtad.
Persisten los ressentiments, según se advierte.
—Habría sido deseable lograr la recuperación de los restos mortales de los veteranos…
Efectivamente, una fracción de los oficiales superiores pertenecientes al Equipo 2 había contenido la posición táctica para garantizar el repliegue de Bones y Lucas. El único atenuante radicaba en que Bones parecía exento de adjudicarse la responsabilidad directa por dichos decesos.
De no mediar la influencia de su progenitor adoptivo, su temperamento ostentaría una agudeza letal.
—Si se demuestra la autoría del teniente general Max en este atropello… deberá asumir las consecuencias. No, me encargaré personalmente de que así sea.
Bones denotaba haber alcanzado una resolución mental definitiva. Dicha premisa resultaba suficiente para proseguir sin ulteriores aprehensiones relativas a su persona.
Aun así, Yosef… cuanto mayor es la reflexión al respecto, mayor es la animadversión que dicho individuo suscita en mi persona.
Con el único propósito de propiciar su propia promoción jerárquica, había enviado con absoluta displicencia a oficiales dispuestos a interponerse en defensa de sus subordinados directamente hacia una muerte segura.
Todo supeditado a la jerarquía.
Las acciones de Yosef respondían a la consecución de poder. Una vez concretado el anunciado retiro de Anton, se preveía que Yosef replicara dicha retirada de forma simétrica.
Ante la supresión de un referente de la magnitud de Anton, la influencia directa de Yosef experimentaría una expansión inevitable. Consciente de que su ciclo tocaba a su fin, su voluntad se resistía a ceder terreno. Continuaba desempeñándose como el asesor más próximo del Comandante; sin embargo, carecía de incentivos para antagonizar con este último. No obstante, ¿se le exigía abdicar de su cuota de poder meramente para eludir suspicacias? Tal exigencia debió antojársele inicua.
En consecuencia, urdió la incriminación contra Max, el teniente general que acumulaba mayores probabilidades de ascender al rango de general generalizado. De generarse la vacante en la posición de Max, la totalidad de la estructura de estado mayor sucumbiría en la anarquía, escenario en el cual únicamente Yosef detentaría la capacidad de restablecer el orden. Optó por fracturar el equilibrio institucional con tal radicalidad que nadie pudiese removerlo de su destino, expandiendo su radio de influencia hasta tornarse inamovible.
Lo que jamás ponderó fue que la celada dispuesta estuvo a punto de cobrar la vida tanto del Comandante como la mía.
Bien mirado… las circunstancias actuales resultan preferibles.
De no haber permanecido involucrado en este conflicto, el Comandante habría soslayado la conducta de Yosef por deferencia. Su perfil difería del de un ejecutor dispuesto a sancionar a Yosef con el único fin de exonerar a Max. No obstante, al haber estado al borde del deceso en medio de tal contingencia, poseía la legitimidad absoluta para intervenir de manera directa. A estas alturas, Meursault debió transmitir mis directrices, y a pesar de ello, ninguna disposición ha emanado de la superioridad. Bajo mis parámetros, tal omisión equivale a una autorización tácita.
Combatir el fuego empleando el fuego. Reclutar a otro elemento astuto con el fin de neutralizar al designado Yosef.
—Haaah…
El suspiro emitido por Anton revestía una densidad y prolongación notables. Al contemplar a un individuo que aparentaba haber incrementado su edad cronológica en un decenio desde nuestro último encuentro, logré dimensionar los motivos por los cuales Meursault había manifestado compasión hacia su persona.
—Es inadmisible que mi único descendiente casi pierda la vida en el mismo instante en que asciende al rango de oficial…
—Fui yo quien le proveyó la salvación, no obstante.
Ignorando mis palabras de manera categórica, continuó desahogando su letanía:
—Y apenas el joven retorna incólume, el mismísimo lord Haydam, responsable de sustraerme al vástago, se presenta con el propósito de tantear mis intenciones, inquiriendo si tengo conocimiento de que mi apreciado camarada, el teniente general Max, encarna al sujeto carente de escrúpulos capaz de ordenar la ejecución de su propio hijo adoptivo.
—Anton. ¿Acaso el retiro te ha desprovisto de filtros formales?
—Es lord Haydam quien, tras retornar de la muerte, prescinde de la alocución protocolaria. Aunque debo admitir que el registro coloquial se ajusta con mayor comodidad a mis preferencias actuales.
—Abstente de evasivas y concédeme una respuesta concisa.
Anton exhaló un nuevo suspiro, entrelazó los dedos de sus manos y pronunció:
—El teniente general Max no… corresponde a esa tipología de individuo.
—¿No encaja en tal perfil? ¿Quién lo conforma entonces?
Lejos de emitir una contestación, me dirigió una mirada cargada de hostilidad.
—¿Acaso albergabas la expectativa de escuchar que Max posee tal naturaleza? ¿Cuál fue el propósito de tu comparecencia, por tanto?
—Mi discernimiento descarta igualmente que Max pertenezca a dicha categoría. Por ese motivo exacto he acudido a ti, Anton.
Su expresión incrementó su nivel de suspicacia.
—¿Cuál es el trasfondo de tu pretensión?
—Sospecha de Yosef.
La fisonomía de Anton experimentó una mutación. A juzgar por sus facciones, la hipótesis de que Yosef representaba al verdadero artífice ya había sido ponderada por él con anterioridad. Sin embargo, se abstuvo de manifestar su aquiescencia de inmediato.
—Te percatas de que Yosef ostenta la condición de colaborador más cercano de Su Excelencia.
—Me es patente. Y del mismo modo reconozco que, aun tras tu dimisión del cargo de general, Yosef persevera en su aferramiento al puesto.
—Yosef carece de la insensatez requerida para perpetrar una maniobra de tal envergadura.
—Desde tu perspectiva, Anton, al ponderar al teniente general Max frente al general Yosef, ¿cuál de ambos exhibe un coeficiente de insensatez superior?
Tras un momento de silencio y un gesto de contrariedad, Anton formuló:
—Tu presencia obedece a una demanda específica hacia mi persona.
—Erróneo, Anton.
Cruzando las extremidades inferiores, recliné la espalda contra el respaldo del sofá.
—Me encuentro aquí con el objeto de asistirte en la materialización de tus aspiraciones.
—¿Y presupones conocer el contenido de dichas aspiraciones?
—Max funge como tu camarada. Careces de interés en presenciar su ejecución frente a un paredón de fusilamiento.
—Bartom.
Anton me fijó con un matiz indescifrable en la mirada.
—Bartom pereció bajo circunstancias equivalentes, ¿acaso no?
¿Rescatando incidencias pretéritas?
El expediente concerniente a Bartom ya había sido finiquitado con el Comandante. Su actitud parecía exenta de propósitos revanchistas orientados a hostigarme…
¿Acaso se cuestionaba el motivo por el cual había acudido a su encuentro cuando me asistía la facultad de liquidar a Max por los mismos procedimientos aplicados a Bartom?
Dado que jamás le había prodigado signos de benevolencia a Anton, resultaba lógico que escrutara mis intenciones. Probablemente infirió que mi supuesta defensa actual de Max constituía una maniobra táctica encubierta para propinarle una traición posterior.
Aun así, Anton carecía de alternativas viables distintas a alinearse con la directriz propiciada por mí. Desde la óptica de un Anton jubilado, Max constituía un pilar crítico —potencialmente el eje vertebrador— de la facción pro-Daphne. Con la baja definitiva de Bartom, la supresión simultánea de Max dinamitaría los cimientos del sector pro-Daphne. Anton, cuyo equilibrio político consistía en mantener vínculos tanto con el bloque pro-Daphne como con mi esfera de influencia, no podía tolerar semejante descalabro. Asimismo, su ética repugnaría consignar en los anales históricos a su cofrade bajo la impronta del infame responsable del deceso de siete efectivos.
—Previamente has señalado que sustraje a tu descendiente.
—Ejem…
—Considera esto como la retribución por el vástago sustraído. La preservación de Max.
—A qué te refieres con…
—Lo cual implica que el auxilio que me otorgues en esta coyuntura constituirá la contraprestación por el hijo que logré rescatar.
Tras un lapso de estupefacción silenciosa, Anton redujo el volumen de su voz:
—¿Comprendes cabalidad el alcance de tus emisiones verbales en este momento?
—Absolutamente. Propongo designar a Yosef —el asistente predilecto del Comandante— como el indiciado en sustitución de Max.
—¿Por qué razón cardinal? ¿Ha conferido su anuencia Su Excelencia?
—Me fue notificada la imposibilidad de gestionar el asunto de manera unilateral.
Solo entonces pareció decodificar las razones subyacentes a mi visita.
—No pretenderás involucrar mis ejecutorias en este propósito. Difiero de Meursault; no abro fuego contra la humanidad merced a mandatos ajenos.
—…¿Es el homicidio la única constante cognitiva que procesan tanto tú como Meursault?
—En consecuencia… ¿cuál es tu instrucción específica para mi participación?
—Lo requerido de tu parte, Anton, dista de constituir un ajusticiamiento. Más bien, se orienta hacia la directriz opuesta.
—¿La opuesta?
Inclinó el eje de su cabeza denotando una absoluta incomprensión. Dirigiéndole la mirada, sentencié:
—A partir de este instante, procederás a restituir la vida a un sujeto difunto.
Comments for chapter "Capítulo 70"
MANGA DISCUSSION
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com
