El Apocalipsis Necesita de un Profesional Novela - Capítulo 77
Capítulo 77
Capítulo 77: Divorcio (3)
La sala de recepción se encontraba en un absoluto silencio. Nadie hizo ademán de hablar en primer lugar. Me senté y observé a Shin, quien ocupaba el asiento frente a mí.
Esperaba un desenlace de esta naturaleza; sin embargo, presenciar su presencia corpórea aquí poseía matices completamente distintos. Vestía un atuendo de un blanco impecable, reminiscentemente cercano a las ropas de luto. El Área del Amor constituía un enclave donde Oriente y Occidente convergían de maneras singulares, de modo que tal vestimenta resultaba razonablemente comprensible.
Lo que carecía de toda lógica era el pendiente de meteorito que pendía de su oreja.
¿Había penetrado en mi zona… prescindiendo incluso de almacenarlo en su inventario?
Al remitir a Ojos Hundidos de regreso al Área del Amor, había impuesto una única condición.
Si deseas detener el Segundo Apocalipsis, condúceme el objeto meteorito.
…Es posible que mi formulación hubiese sido considerablemente más sutil que aquello.
Sea como fuere, por medio de su emisario le había ordenado esencialmente la entrega inmediata del artefacto estelar.
Había anticipado una maniobra audaz por su parte, no obstante…
Pudo haberse desentendido por completo de mis exigencias. Jamás supuse que se presentaría ante mí portando el objeto meteorito a la vista de todos.
«…Entonces, ¿por qué motivo nadie emite palabra alguna?»
Meursault fue el primero en romper el hielo. Tras dirigir una rápida ojeada hacia mi persona y hacia el Comandante, su curiosidad rebasó los límites de la contención.
«Tengo entendido… que la señorita acudió en busca personal del Maestro Haydam. ¿Es esto verídico?»
Shin se limitó a asentir, perfilando una sonrisa indescifrable en sus labios.
Interpretando tal asentimiento como una venia abierta, Meursault redujo la distancia corporal inclinándose.
«¿Me sería permitido inquirir acerca de la naturaleza de su vínculo con el Maestro Haydam…?»
«¿Qué ocurre? ¡La invitada procede precisamente del Área del Amor, de entre todos los sitios posibles! ¿Acaso se me deniega incluso el derecho a indagar sobre su relación—»
El Área del Amor, de entre todos los sitios posibles, apostillaba él.
Si bien las zonas seguras solían mantener un volumen de intercambio comercial limitado, las denominaciones de los restantes enclaves eran del dominio público general. No se trataba de un individuo maduro consumido por el anhelo de emparejar a cada joven pareja visualizada.
«Padre».
Dirigí la mirada hacia el Comandante proyectando un claro ruego de por-favor-retírale-de-aquí. Él asintió.
«Yo también proviné de otra zona y entablé conocimiento con Luna Moon. No reviste mayor extrañeza».
Ambos sujetos resultaban insostenibles.
Bien pensado, Meursault se había consumido la existencia suspirando por Daphne sin haber compartido siquiera una taza de té con ella, mientras que el Comandante —un hombre conyugado— pontificaba sobre la asunción de responsabilidades respecto a la mujer que Luna Moon le legara. Una dupla de románticos legendarios.
Reminiscencias de juegos otome, tal vez. En cualquier circunstancia, su utilidad en un intercambio de esta índole era nula.
«Mantendremos una deliberación privada durante unos instantes. ¿Podrían ambos retirarse al exterior…?»
«Ninguna molestia en absoluto».
«Ah… nuestras disculpas. Carecíamos de tacto».
Tenía la certeza de que actuaban de ese modo de forma deliberada.
«Desaparece de una buena vez, Meursault».
«Por si acaso surgen imprevistos, mantendré el vano de la puerta abierto».
«¿Este sujeto padece de sus facultades mentales…?»
Le proferí un gesto despectivo, lo expulsé del recinto, y a continuación sobrevino una suave y sutil risa.
La risa de Shin.
«¿Qué es lo que resulta tan hilarante?»
«En absoluto…»
Formulé mi interrogante en coreano; ella replicó en el mismo idioma.
«Considero que he estado incurriendo en una severa tergiversación acerca de tu persona. Creí que eras un psicópata irrecuperable».
¿Qué?
Ciertamente, parecía haber abrigado semejante concepto sobre mí. Exteriorizarlo de ese modo en mi propia faz implicaba que su perspectiva había experimentando una mutación.
«Jamás preví que denominaras «Padre» al Comandante Haydam con tanta fluidez. Y tampoco se advierte indicio alguno de que hayas aniquilado mediante veneno a Meursault».
No se trataba de una sátira concerniente a la simulación doméstica con PNJ.
Evocaba más bien una sensación de alivio. Como si hubiese hallado una probabilidad latente.
«Jamás procediste de tal forma en la ruta primigenia. ¿Cuál es el propósito de conservar a ambos con vida?»
«Porque me resultan indispensables».
«Si requieres de alguien, te abstienes de infringirle daño. ¿Constituye esa tu directriz?»
No lo había concebido estrictamente bajo la categoría de norma, empero, su formulación revestía tal solemnidad que opté por un leve movimiento afirmativo de cabeza.
«Afirmativo… algo similar».
«De prevalecer tal circunstancia, carezco de motivos para albergar temor hacia tu persona en el presente».
Continuaba sin dilucidar el propósito ulterior de sus actos, no obstante, tras contemplar mi interacción con los PNJ del Área de la Cola, había concluido que mi perfil distaba de sus proyecciones imaginarias.
A juzgar por los indicios presenciados de primera mano, me hallaba lejos de constituir un psicópata cabal.
«¿Por qué razón albergarías aprensión hacia mí? No infligo daños a los jugadores. Incluso restituí con vida a tu emisario».
«Tal resolución obedeció a que «tuviste» la necesidad de hacerlo».
Dejó suspendida aquella sutil percepción acompañada de una sonrisa tenue.
«A decir verdad, en el instante en que mi emisario me notificó que ya te habías apoderado del control militar… experimenté un pavor genuino».
«¿Apropriarme del control militar? ¿Semejante aseveración provino de ese individuo llamado Ojos Hundidos?»
«Afirmativo. Declaró que ejercías el mando sobre las fuerzas armadas en sustitución del Comandante, por lo que deduje que habías liquidado tanto al Comandante como a Meursault. Aparentemente, mi emisario incurrió en un error de apreciación».
Ojos Hundidos debió sobredimensionar notablemente los hechos tras su reingreso al Área del Amor.
En tal caso, el susto infligido había estado justificado.
«Tu desempeño se ajusta estrechamente a mis previsiones».
Los globos oculares de ella se dilataron impulsados por el asombro.
«¿Conforme a tus previsiones? ¿Cómo configurabas exactamente mi imagen mental?»
«Audaz. Aunque no contemplaba la posibilidad de que hicieras acto de presencia en persona. Sin embargo…»
Reposé el mentón sobre el apoyabrazos.
«¿Tu emisario omitió la transmisión de algún otro contenido?»
«¿Algún contenido adicional?»
«Debió haber comunicado una directriz de mayor trascendencia».
«Ah… aquello. Honestamente, aún discurro sobre el modo en que debo interpretarlo…»
Descendió los párpados de forma transitoria para a continuación susurrar:
«Privilegio de Autorización Plena de Zonas…»
Masticó los vocablos en su cavidad bucal a la manera de un guijarro pulido, y posteriormente posó sus ojos en mí.
«Adicto a la Dopamina. ¿Es verídico que posees la capacidad de frenar el Segundo Apocalipsis?»
«Naturalmente que es verídico».
Emití la falsedad sin la menor oscilación expresiva, instante en el cual una tesitura vocal ajena a la de Shin penetró en mis estructuras encefálicas.
[¡Careces por completo de escrúpulos…!]
Me tensé de manera instantánea, identificando de inmediato el registro vocal como propiedad de Luna.
¿Te es factible canalizar telepatía en este momento?
Procuré proyectar el pensamiento hacia ella, materializándose afortunadamente una contestación de retorno.
[Obedece a la proximidad de otros meteoritos.]
¿Otros meteoritos? ¿Los aludidos pendientes?
[Afirmativo. Cuanto mayor es la concentración de meteoritos, más amplia resulta la fracción de poder perteneciente a mi entidad corpórea genuina que me es dable emplear.]
¿El poder de… tu entidad corpórea genuina?
Esa anatomía diminuta, blanda y etérea, de dimensiones equivalentes a un puño con la cual había estado interactuando, distaba de perfilarse como una «entidad corpórea genuina».
Vaya. Con razón su apariencia cronológica aparentaba una extrema juventud respecto a un nacimiento acaecido más de un decenio atrás.
Por consiguiente, dicha manifestación carecía de autenticidad.
No obstante, la edad psicológica guardaba una correlación armónica absoluta con las magnitudes físicas actuales…
[¡Abstente de formular apreciaciones impropias! ¡Tengo la capacidad auditiva receptiva a la totalidad de tus pensamientos en este instante!]
Mientras Luna prorrumpía en reclamaciones mediante el canal telepático, Shin persistía en escrutarme con fijeza, absorta en sus reflexiones.
Tras un prolongado intervalo de silencio, rompió finalmente el habla.
«¿Estás capacitado para detener el Segundo Apocalipsis? Evita incurrir en falsedades conmigo».
[¿Acaso esta fémina muestra resistencia a la sugestionabilidad?]
En rigor, de haber admitido mi aseveración de inmediato, el desenlace hubiese adquirido matices decepcionantes por derecho propio.
Elevando su directriz visual, prosiguió articulando con un tono mesurado y monocorde.
«Si se procede a la recolección de nueve artefactos meteoríticos, se conferirá la potestad requerida para sofocar el Segundo Apocalipsis… Independientemente del análisis que formule, un Privilegio de Autorización Plena de Zonas no deviene susceptible de revestir semejante vaguedad. Te has hecho acreedor indefectiblemente de especificaciones más concretas».
«¿Aseveras que incurrí en falsedad concerniente al privilegio?»
[Incurriste en falsedad de manera fehaciente…]
Con los murmullos de Luna operando en calidad de voz de mi conciencia, di continuidad al intercambio.
«En tal circunstancia, exponse tu propia interpretación conceptual acerca de lo que representa en esencia un Privilegio de Autorización Plena de Zonas».
«En el escenario más favorable, un título honorífico, o bien la prerrogativa de preservar el usufructo de un artefacto en sus condiciones basales».
[Notable agudeza.]
Me vi en la obligación de convenir que su perspicacia superaba los cálculos previstos.
Había partido de la premisa de que su escepticismo prevalecería. Jamás contemplé la posibilidad de que rebasara dicha barrera para columbrarse con tal precisión sobre la verdad sustantiva.
Bajo este umbral… me resultaba factible confiarle un único artefacto meteorítico.
Conforme a mis aseveraciones precedentes, carecía de todo propósito acaparar la totalidad de los objetos meteoríticos bajo mi custodia individual.
Carecía de sentido incurrir en codicias que me transformaran en un blanco predilecto.
Su acumulación íntegra se llevaría a cabo de manera exclusiva con posterioridad a la resolución del conflicto con el acérrimo jugador del Área del Unicornio.
Ella encarnaba a la pionera jugadora desbloqueada por el sistema con la cual entablaba contacto, descontando a la oriunda del Área del Unicornio.
De lograr persuadirla mediante retórica amistosa para que transfiriera pacíficamente «uno de los meteoritos bajo su posesión», el escenario ideal se materializaría.
[¡Válgame! ¿De qué modo dedujiste que conserva en su poder elementos adicionales a los pendientes? ¿Acaso posees también la facultad de percibirlos?]
El matiz interrogativo empleado respecto a mi capacidad perceptiva denotaba que Luna se hallaba facultada para detectar las emisiones de presencias meteoríticas ajenas.
Recientemente había manifestado la aptitud para emitir señales de naturaleza telepática debido a la inmediatez espacial de los meteoritos. Constituyó el mecanismo mediante el cual aprehendió la existencia del otro objeto.
Habías empleado la formulación en plural, «meteoritos». Aun cuando los pendientes configuren una dualidad simétrica, el patrón lingüístico difiere.
[¡Miau! Es exacto, incurrí en ello…]
En virtud de la oportuna ratificación de la pluralidad por parte de Luna, Shin retenía en la actualidad dos elementos específicos.
El par de pendientes adscritos al Área del Amor, sumado a…
La pistola sustraída al Protector del Hogar, presumiblemente.
Resultaba preferible confiscarle los pendientes de mediar la oportunidad.
Habiendo consolidado la directriz resolutiva, exterioricé las palabras pertinentes.
«Shin. Tus argumentos poseen validez. No obstante, existe una variable que ignoras».
«¿Una variable que ignoro?»
«En esta dimensión existencial, «Deidad» manifiesta una vigencia absoluta».
[¿Qué significado discurre?]
«¿Qué significa?»
Luna, ¿cuál es el origen de tu asombro ante sus expresiones?
«Subsistía la incógnita acerca de la argumentación que expondrías…»
Desplegó una leve sonrisa dotada de matices sarcásticos.
«¿Pretendes reclutarme en sentido inverso de forma simultánea a mi progresión en una campaña de culto místico? Careces de la convicción real de que sucumbiré ante tal estratagema, ¿o me equivoco?»
[Oh, por todos los cielos.]
Luna exteriorizó asimismo sus quejas.
[Mencionaste la existencia de una deidad bajo el supuesto de que aludirías a un fenómeno tangible, ¿y retornas a las maniobras de estafa habituales?]
«Shin».
Maticé mi intervención dotándola de una inflexión pausada.
«¿Has meditado en alguna ocasión sobre las causales subyacentes a nuestra transmigración en calidad de entidades poseedoras en este universo?»
A pesar de evidenciar reticencias respecto a mis intenciones subyacentes, procedió a emitir contestación.
«Fuimos objeto de posesión al apersonarnos en el establecimiento comercial de conveniencia ubicado en la dirección que publicaste de manera oficial. Tu propia posesión aconteció de igual modo en un establecimiento de conveniencia, ¿es correcto?»
«Dicha circunstancia constituye el procedimiento instrumental de la posesión, mas no su génesis causal».
«¿Insinuas que nuestra transmigración obedecía a un móvil divergente?»
«Afirmativo. Delineado con mayor rigor analítico, un «propósito»».
«¿Un propósito…?»
Aun cuando prescindía de la confianza hacia mi persona, la curiosidad prevalecía. Su calavera se inclinó marginalmente hacia mi dirección.
Esbocé una sonrisa imperceptible y di continuidad a la exposición.
«La finalidad orientada a nuestra inserción posesiva en esta realidad. Consistía en neutralizar la catástrofe apocalíptica que cierne a este mundo».
Emitió un sonido nasal despectivo.
«¿Posesión con el cometido de erradicar el apocalipsis? Semejante formulación podría ser aducida por cualquiera».
Perseveré en mi argumentación al margen de las burlas exteriorizadas.
«Una competidora de tu jerarquía debiera albergar el conocimiento previo de que este entorno físico desborda los límites de una mera simulación lúdica».
«…Es indudable que poseo la conciencia de que no se reduce a un entretenimiento elemental».
Al estructurar la intervención en calidad de validación de sus competencias técnicas, asimiló la premisa exenta de oposición.
No obstante, persistía en el rechazo a la postulación teológica de la Deidad.
«Empero, tal premisa no valida la existencia fáctica de una deidad».
«¿A qué atribuyes el hecho de que nuestra inserción no respondiera a una simple posesión, priorizando la exigencia previa de superar idénticas Zonas Seguras durante lapsos prolongados?»
Sus globos oculares experimentaron una ligera turbación; semejante nivel de deducción rebasaba sus reflexiones previas.
«Representaba un entrenamiento táctico orientado a la preservación dimensional frente al colapso final. Derivado de que la divinidad rectora de este plano requería de «jugadores veteranos» que—»
«¿Requería de… jugadores veteranos?»
«Afirmativo. Y entre dicho contingente, mi persona —el artífice de la depuración interzonal— fue investido con la potestad resolutiva para frenar el apocalipsis».
[Comprendo perfectamente que constituye un disparate absoluto, mas no exento de cierta apariencia de viabilidad discursiva. Supongo que forma parte de sus talentos innatos.]
Shin guardó silencio durante un lapso breve, para posteriormente replicar conservando el rictus de sonrisa.
«La exposición ostenta plausibilidad, empero me resulta inviable dar crédito a que una deidad «me haya infundido en posesión» motivada por una necesidad directa hacia mi perfil. En tanto te mantengas en la ignorancia respecto a mi proceso específico de «posesión», me veo imposibilitada de convalidar la noción de una «divinidad». Qué desventura».
Aseveró la imposibilidad de otorgarme su confianza, si bien la tensión en su sonrisa superaba los registros iniciales.
Constituía el momento oportuno para consolidar la fractura argumental.
Accioné la apertura de mi cavidad oral.
«Seleccionaste de forma intencional el Área del Amor, ¿no es cierto? Plenamente consciente de la inminencia de tu posesión».
«…!!»
Sus órganos visuales se ampliaron de manera drástica mientras me contemplaba fijamente.
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