El Legendario Prodigio Del Ducado Novela - Capítulo 106
Capítulo 106
Capítulo 106
—Dale de Sajonia presentándose ante Su Excelencia, el duque.
En el momento en que Dale regresó de la Ciudad del Gremio para entregar los objetos que había conseguido, incluso el imponente Duque Negro fue incapaz de disimular su asombro.
¡…!
El gobernante consideraba que ya conocía de sobra las capacidades extraordinarias y el ingenio sin límites de su descendiente. A pesar de ello, Dale siempre encontraba la forma de regresar con hallazgos que superaban por completo cualquier expectativa previa.
Se trataba del registro contable perteneciente al alcalde, vinculado a la Iglesia de las Sombras.
—De modo que las sospechas eran completamente reales —expresó el Duque Negro en un susurro sereno, manteniendo fija su atención en el cofre de obsidiana colocado encima de la superficie de madera. En el interior del mismo, un órgano cardíaco de origen humano continuaba latiendo con regularidad.
—… ¿De qué manera es esto posible? —interrogó Dale, buscando respuestas en el practicante de las artes oscuras más imponente de toda la región.
—Estamos ante un contenedor de fuerza vital.
—¿Significa esto que el Ahogado ha logrado transformarse en un lich? —replicó el joven con un tono de total incredulidad. Aludía a la mítica figura del lich, aquel hechicero de la oscuridad que consigue evadir la muerte a través de conjuros rigurosamente prohibidos.
—El fundamento guarda similitudes, no obstante, presenta sutiles variaciones —aclaró el Duque Negro, coincidiendo en gran medida con las sospechas que Dale ya albergaba en su mente.
—Los relatos indican que selló un compromiso con una entidad demoníaca de los océanos para reclamar la eternidad.
El duque recibió el comentario de su hijo sumiéndose en una profunda e introspectiva meditación. Debido a su estatus como el mago oscuro más sobresaliente de las tierras conocidas, poseía el conocimiento necesario para intuir las implicaciones de semejante revelación.
—Por el momento, nuestra prioridad debe ser garantizar el cumplimiento del trato que pactaste con él.
—Comprendido, padre.
El Duque Negro desvió la conversación con absoluta destreza, motivando a que Dale asintiera formalmente sin manifestar mayores dudas.
—Me genera una enorme tranquilidad saber que has vuelto sin sufrir ningún daño.
Al pronunciar aquellas palabras, el rostro del Duque Negro se suavizó por fin con una genuina demostración de afecto paterno.
Un breve período después, el día correspondiente al decimotercer aniversario del nacimiento de Dale se hizo presente.
—¡Mis más sinceras felicitaciones por alcanzar vuestro decimotercer año, Lord Dale!
En las inmediaciones de la estancia principal del bastión de Sachsen, Sir Helmut Blackbear dobló la rodilla en señal de respeto para conmemorar el natalicio del joven heredero.
—¡Felicidades!
De forma unánime, los integrantes de los Caballeros Cuervo Nocturno imitaron el gesto, inclinándose mientras mantenían sus hojas de combate apuntando directamente hacia el suelo.
—Les ruego que se pongan de pie —solicitó Dale, esbozando una sonrisa cargada de cierta timidez—. Es merced a su inquebrantable fidelidad que he logrado llegar hasta este punto.
—¡Lord Dale…!
Sir Helmut, al igual que Sir Baskerville y el resto de los Caballeros Cuervo Nocturno, experimentaron cómo el fervor de su lealtad se incrementaba notablemente en sus corazones.
—Esta celebración no tiene como fin principal festejar el instante de mi llegada a esta existencia —añadió el joven manteniendo un semblante pacífico—, sino el de conmemorar y testificar mi profundo agradecimiento por todo el esfuerzo empeñado que me ha moldeado en la persona que ven hoy.
Sus palabras reflejaban perfectamente la distinción innata de quien estaba destinado a tomar las riendas del ducado de Sajonia.
Su progenitora, Elena, contemplaba la escena con una mirada rebosante de orgullo, en tanto que el soberano de Sajonia no lograba ocultar la inmensa satisfacción que sentía hacia su heredero.
—¡Deseo que pases un día maravilloso, hermano!
—Te lo agradezco enormemente, Lise.
Finalmente, una pequeña niña, tras apartarse del lado de su madre, le dedicó un gesto alegre a Dale.
Estando rodeado de los habitantes de las tierras de Sachsen, quienes habían formado parte fundamental de su crecimiento, Dale percibió el reconfortante cobijo de su entorno familiar y sonrió, dejando de lado el ambiente gélido y sombrío propio de la temporada de invierno.
La conmemoración del decimotercer aniversario de Dale se organizó con un despliegue de magnificencia pocas veces visto.
A pesar de ello, marcando una clara diferencia con las festividades de las altas esferas del Imperio, no se requirió la asistencia de personalidades de gran relevancia de otras regiones, ni se estructuró como una gala de alta alcurnia plagada de las exageradas formalidades comunes entre las familias nobles.
Las festividades en el territorio de Sajonia estaban pensadas exclusivamente para el disfrute de su propia gente, abarcando a cada individuo que habitara dentro de los límites del feudo.
La totalidad del asentamiento de Sajonia se vio inmersa en un ambiente de júbilo colectivo. Incluso los trabajadores de los campos pertenecientes al ducado recibieron el beneficio de no pagar los tributos habituales, tales como la entrega de productos básicos recolectados de los fríos terrenos de Sajonia, otorgándoseles además varios días de absoluto reposo bajo el motivo central del aniversario del joven señor.
A lo largo y ancho de las tierras se organizaron pequeñas reuniones festivas que reflejaban la alegría de los pobladores, todas ellas dedicadas a enaltecer a Dale, el descendiente principal de la casa ducal.
Visto desde cierta perspectiva, aquello constituía una conducta bastante inusual dentro de los círculos aristocráticos, aunque encajaba de manera ideal con la identidad propia de dicha región.
Durante los momentos previos al amanecer de aquella jornada.
Aun cuando las horas de la madrugada avanzaban de forma inexorable, los destellos de las celebraciones que decoraban el poblado no disminuían su intensidad. No obstante, en los sectores menos iluminados del bastión de Sajonia, una muchacha persistía en su riguroso adiestramiento a pesar de la hora tan avanzada.
—Charlotte.
—¡Dale!
Tomada por sorpresa debido a su repentina irrupción, Charlotte contuvo la respiración por un instante.
—¿Te encuentras practicando técnicas de combate a estas horas de la madrugada nuevamente?
—Así es.
Bajo los débiles reflejos de una luna en fase decreciente, Charlotte asintió con firmeza.
—Tengo la obligación de incrementar mis capacidades.
Haciendo hincapié en el concepto del poder, Charlotte aferró su arma de combate con mayor vehemencia. Al percatarse de su determinación, Dale decidió intervenir en la situación.
Ejecutando una maniobra sumamente ágil, tomó un arma de las instalaciones destinadas al armamento y la retiró de su cubierta.
—¿Te parece bien si comprobamos qué tanto has progresado en tus habilidades?
—Me parece una excelente idea.
Charlotte aceptó mostrando una leve sonrisa y asumió su posición de combate sin mostrar el más mínimo titubeo.
Iniciando un avance sumamente veloz, la joven se aproximó a Dale dirigiendo un ataque con su contundente armamento. Su velocidad resultó tan sorprendente que el propio Dale no consiguió anticipar el movimiento con la debida fluidez. Aunque su propósito inicial era simplemente evaluar el nivel de la muchacha, la rapidez de la acometida lo obligó a reaccionar bajo presión, viéndose forzado a activar con presteza sus cuatro círculos mágicos.
Para cuando consiguió reaccionar por completo, el espacio ya se había reducido de manera crítica.
—Je.
Charlotte mostró un gesto de victoria mientras mantenía la punta de su arma en dirección a él.
—Es evidente que tus capacidades se han incrementado desde nuestro último encuentro —reconoció Dale devolviéndole el gesto alegre. En ese preciso instante, la mirada de Charlotte mostró un destello de duda.
—¿Ocurre algo malo?
—En absoluto, no es nada.
—Raras veces he conocido a alguien que asegure que no le pasa nada y que realmente sea la verdad.
Escuchando la réplica de Dale, Charlotte reaccionó inflando sus mejillas con descontento y apartando la mirada hacia un costado, dando paso a un breve lapso de quietud entre ambos.
—Se trata simplemente de…
Tras mantener silencio por unos momentos, Charlotte mostró ciertas dudas antes de decidirse a hablar nuevamente.
—En los últimos tiempos, tengo la impresión de que la distancia entre nosotros se está haciendo mayor.
—¿Consideras que soy yo quien se aleja?
—… ¡No tengo la menor idea, despistado!
La joven se esforzó por ocultar su agobio, pretendiendo que el asunto carecía de trascendencia real.
No obstante, sus sospechas no estaban del todo erradas. Mientras la reputación de Dale se consolidaba firmemente debido a su estatus como sucesor del duque, Charlotte permanecía en un segundo plano, ejercitando sus técnicas con la espada de forma solitaria… La realidad actual distaba mucho de aquellos tiempos en los que compartían extensas jornadas de práctica en los interiores de la fortaleza.
—Por esa razón… requiero volverme mucho más fuerte —manifestó Charlotte—. De ese modo, tendré la capacidad de permanecer al lado del célebre heredero oscuro que está captando la atención de todas las regiones habitadas.
Su único anhelo consistía en mantenerse cerca de Dale. Aquella declaración provocó que el joven contuviera el aliento por un instante.
En ese momento, acudió a su mente la evocación de Sir Bardel, el progenitor de Charlotte, quien había perdido la vida a manos del gran guerrero elegido. Y ahora, la descendiente de este juraba fidelidad absoluta en términos de caballería precisamente a la persona que le había arrebatado la existencia a su padre.
Resultaba complejo imaginar cuál sería la perspectiva de Sir Bardel al ver a su querida hija actuando prácticamente como una pieza manejada al antojo de quien fuera su rival.
—Charlotte.
Una extraña mezcla de desconsuelo y culpa comenzó a manifestarse en el fuero interno de Dale, impulsándolo a pronunciar su nombre.
—¿Qué sucede?
—… No tiene importancia.
—¿A qué se debe eso? ¿Por qué cambias de parecer tan de repente?
Dale optó por guardar silencio, limitándose a sonreír de forma calmada.
—Analizándolo bien, todavía no ha llegado la fecha de tu propio aniversario, ¿estoy en lo correcto?
—No, aún falta algún tiempo. ¿Por qué lo mencionas?
Dale, habiendo alcanzado ya los trece años de edad, continuó el diálogo con Charlotte, quien contaba con doce.
—Bajo esa premisa, hasta que ese momento llegue, tendrás la obligación de tratarme como a tu hermano mayor.
Comentó Dale adoptando un aire de desapego, provocando que el rostro de Charlotte adquiriera una tonalidad rojiza mientras enterraba la punta de su hoja en la superficie del terreno, experimentando una ligera molestia interna.
Transcurridos un par de días, en momentos donde el júbilo por las festividades todavía se mantenía en un punto bastante alto, un contingente conformado por un millar de combatientes a sueldo hizo su entrada de regreso a la fortaleza de Sachsen. A pesar de su condición, no exhibían los comportamientos rústicos comunes en las bandas mercenarias; por el contrario, mostraban una disciplina y un orden tan estrictos que semejaban un mecanismo perfectamente coordinado.
Se trataba de un grupo de soldados con protecciones corporales de gran densidad, donde cada integrante portaba un equipamiento defensivo de tonalidad oscura sumamente costoso.
—¡Jonas de Kennet presentándose ante el líder para exponer los resultados obtenidos por la Compañía de la Armadura Negra!
—Excelente, comparte los pormenores de la campaña.
Aquel grupo correspondía a la Compañía de la Armadura Negra, catalogada como la agrupación de combatientes más distinguida de todas las regiones, teniendo a Dale como su máximo estratega y dirigente.
—¡Hemos obtenido un triunfo absoluto en la disputa por los terrenos vinculados al conde Wilhelm! Asimismo, el balance de pérdidas en nuestras filas ha sido…
Luego de escuchar atentamente los detalles ofrecidos por Sir Jonas respecto a las acciones de guerra, Dale asintió mostrando su aprobación.
La agrupación mercenaria se encontraba en una etapa donde poseía la madurez necesaria para actuar de forma autónoma bajo la dirección del segundo al mando, Sir Jonas. Pese a encontrarse en una desventaja numérica de dos contra uno frente al enemigo, habían conseguido alzarse con la victoria.
—Has demostrado una excelente capacidad estratégica en el terreno.
El plan implementado carecía de fallas y, ocupando el rol de guía, Dale no podía evitar sentir una profunda satisfacción por el desempeño mostrado.
—Un trabajo verdaderamente excepcional, Sir Jonas.
—¡Todo el mérito se debe a los conocimientos que usted me ha brindado, mi señor!
Sir Jonas, quien se consideraba el alumno predilecto de Dale, se había encargado de absorber todas las nociones relativas a la dirección de regimientos, la planeación táctica y las artes de la guerra. Representaba una de las pocas personas en las que Dale depositaba una confianza absoluta para delegar el control de la Compañía de la Armadura Negra, la cual él mismo había estructurado desde sus cimientos.
Sin importar qué tan dotados pudieran ser los combatientes en el campo, si la persona encargada de liderarlos carecía de la astucia necesaria, la totalidad del grupo se encaminaría inevitablemente hacia el desastre.
—Aún dispongo de una gran cantidad de saberes que transmitirle.
Desde esa perspectiva, Sir Jonas destacaba por ser un individuo que encontraba un verdadero deleite en el aprendizaje, contando con el discernimiento ideal para retener la información. De manera constante planteaba interrogantes, motivado por comprender a fondo cada concepto de estrategia militar que Dale compartía con él.
—No obstante, este momento no es el adecuado para continuar con las lecciones.
Tras realizar esa precisión, Dale hizo un ademán de negación.
—Actualmente nos encontramos celebrando mi aniversario, por lo que he ordenado reservar una buena porción de alimentos y bebidas para el disfrute de todo el contingente.
—¡Agradecemos enormemente su generosidad, Lord Dale!
—Vayan a relajarse y dejen las discusiones formales para una ocasión posterior.
A la orden de Dale, Sir Jonas procedió a hincarse, apoyando su hoja metálica contra el suelo en una clara manifestación de respeto imperecedero.
—¡Ja, ja, por todos los cielos! ¡Esa posición de privilegio que posees resulta verdaderamente deslumbrante!
El maestro Baro soltó una sonora carcajada al tiempo que ingería un generoso trago del licor característico de los gobernantes de Sajonia.
—Mis mejores deseos en tu día, Apóstol de la Oscuridad —añadió la Santa de las Sombras, quien llevaba el rostro cubierto por un tejido oscuro sobre sus ojos, manifestando una expresión apacible a poca distancia de ellos.
El recinto principal de la corte había dejado de funcionar como un espacio neutral en las inmediaciones de la Ciudad del Gremio. Aunque la denominada Corte de las Sombras persistía en sus labores de impartir resoluciones dentro de dicho asentamiento, simultáneamente se había consolidado como la red de ejecutores más temida y eficiente de todo el continente. Con la finalidad de vigilar de cerca cada operación, resultaba imperativo que los altos mandos permanecieran en las proximidades de Dale.
Los dirigentes de la organización judicial, con el maestro Baro y la Santa de las Sombras a la cabeza, habían determinado establecer un nuevo centro de operaciones en las heladas comarcas de Sajonia, contando con el respaldo y resguardo de la facción de los Negros.
Tanto la Compañía de la Armadura Negra como la Corte de las Sombras representaban únicamente una fracción de los diversos e influyentes grupos que Dale se había dedicado a consolidar bajo su mando.
—Maestro Baro, requiero solicitar sus servicios para una tarea específica.
—¿De qué se trata exactamente? ¿Es necesario que me encargue de extinguir la vida de algún objetivo? —inquirió el maestro Baro mientras continuaba disfrutando de su bebida. Dale procedió a negar con la cabeza.
—Es preciso brindar instrucción a una persona.
—Entendido, bastará con que indiques de quién se trata y me aseguraré de exigirle el máximo esfuerzo posible.
Al tiempo que el maestro Baro daba su conformidad, una figura silenciosa emergió desde las zonas de penumbra cercanas a Dale: se trataba de una guerrera silenciosa que cumplía la función de escolta constante, resguardándolo desde los sectores oscuros.
—Estamos hablando de la principal ejecutora de estas tierras…
Se refería a Santa Aurelia.
—Mi deseo es que consiga erradicar cualquier rastro de los códigos caballerescos del estilo de combate de Aurelia, moldeando su técnica hasta convertirla en la destreza propia de una verdadera especialista en eliminaciones silenciosas.
—Vaya dilema en el que nos pones. ¿Cómo se supone que debamos proceder ante esto? —comentó el maestro Baro en voz baja, simulando un gesto de desconcierto al fijar su mirada en Aurelia.
—No existe ningún inconveniente en intentarlo.
Poco tiempo después de estos acontecimientos, en el marco de la celebración del decimotercer aniversario de Dale, se le hizo entrega oficial de un territorio propio bajo la autoridad de su progenitor, el duque de Sajonia.
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