El Legendario Prodigio Del Ducado Novela - Capítulo 114
Capítulo 114
Capítulo 114
La espada Peacemaker, de tonalidad blanca y carmesí, perteneciente a Mikhail impactó con fuerza contra la lámina tenebrosa.
En este sitio, ya no contaba con la protección del «Enforcer of Peace».
En su rol como Señor de las Sombras, Dale había inundado el terreno con una densa capa de oscuridad, convocando a sus subordinados. Tanto los Acechadores de las Sombras como los Caballeros de las Sombras avanzaron con presteza siguiendo las directrices de su líder.
Se desataba de este modo el conflicto entre ambas partes.
«Tu evolución es verdaderamente sorprendente, un reflejo digno del apelativo de «Príncipe Negro»».
Rodeado por la ofensiva que provenía de todas partes, Mikhail Lancaster mostró una mueca de amargura. No obstante, frente a la hostilidad incesante, no daba muestras de temor ni de perturbación en su actitud.
Aquel individuo poseía un gran poder. Incluso Dale, cuyo vigor se incrementaba jornada tras jornada, comprendía que no debía descuidarse ante él.
Sin embargo, la desconfianza de Dale hacia Mikhail Lancaster no derivaba únicamente de su capacidad combativa.
«Este sujeto representa un peligro».
Se trataba de su fijación con el paladín proveniente de otra realidad y la esencia real de aquella «paz» que pretendía alcanzar sosteniendo a Peacemaker.
Dale no se encontraba en posición de juzgar, pero las concepciones de este hombre resultaban completamente descabelladas y riesgosas.
Un auténtico engendro consagrado a la paz.
Al final de todo, ¿acaso no se reducía a un aristócrata más dentro del Imperio? No, a Dale le causaba cierta gracia evocar el instante en que supuso que Mikhail Lancaster marcaría una diferencia. ¿Distinto? En absoluto. En el fondo, Dale jamás albergó esa convicción.
Simplemente no había descifrado que la prudencia y la rectitud exhibidas por Mikhail en el recinto de combate poseían un trasfondo sumamente distorsionado. Al percatarse de ello, no pudo evitar una carcajada.
Una nobleza implacable. Aquella energía roja y blanca encarnaba la «fuerza» proveniente de la Torre Roja combinada con la «falsedad» inherente a la Torre Blanca.
Había sido el propio Dale quien desencadenó los acontecimientos.
Aquella imborrable y dolorosa caída del pasado. Aunada a la tranquilidad que obtuvo en su condición de paladín del otro mundo.
Mikhail Lancaster formaba parte de esa misma realidad. De igual forma que aquellos que pretendían en vano librarse de la influencia de Dale, su «nobleza» se resistía todavía a asimilar dicha situación.
Conteniendo la risa que amenazaba con brotar, Dale arremetió con decisión.
Su extremidad artificial oscura empuñaba a «Gluttony», la hoja maldita de un negro profundo. En ese mismo instante, los Caballeros de la Sombra, portando réplicas idénticas de «Gluttony», avanzaron en conjunto.
Estas entidades oscuras surgieron de la combinación entre la «Capa de las Sombras» y «Gluttony», unidas por la vibración de las tinieblas.
Los guerreros de la penumbra, sumisos ante las órdenes del «Señor de las Sombras», enfilaron sus armas hacia Mikhail Lancaster. Un ataque certero que ni siquiera Mikhail Lancaster lograría evadir con facilidad.
Justo en ese fragmento de tiempo ocurrió.
En medio de la agresiva arremetida, la energía blanca y carmesí que brotaba de Mikhail se alzó emulando un torbellino.
«…!»
El avance de Dale se interrumpió de golpe. Pasó saliva sumido en el silencio.
«Por todos los cielos…».
Frente a él se manifestaba el enviado del fuego y de la claridad.
Dejó atrás su condición humana ordinaria para transformarse en el «Caballero del Fuego y la Luz», desprendiendo destellos ardientes.
Un guerrero capaz de dar claridad a la tierra tal como lo hace el astro rey, portando una temperatura equiparable a la del sol.
El fulgor emergió con fuerza. Se asemejaba a la claridad del alba, la cual disipa la oscuridad que antecede al nuevo día.
Los seres sombríos creados por Dale se deshicieron ante la claridad, como si les resultara imposible coexistir con ella.
Incluso Dale experimentó el peso de la energía proveniente de la manifestación de Mikhail Lancaster, evocando la sensación de una criatura de la noche expuesta a la claridad de un mediodía despejado.
No obstante, los guerreros de la penumbra prosiguieron su marcha con la intención de extinguir ese resplandor.
«Le suplicamos que nos disculpe, vizconde Sachsen».
De repente, dos guerreras que respaldaban al «Príncipe Negro» se presentaron con sus hojas de energía listas para la acción. Lady Black y Lady Shadow.
A pesar de la situación, optaron por no manifestar sus propias entidades divinas frente al guerrero que ya mostraba la suya.
Comprendían que el arma de Mikhail Lancaster no perseguía un fin mortal. Dale compartía ese mismo entendimiento. Debido a ello, decidió no exhibir su propia manifestación divina cuando Mikhail hizo lo propio.
El propósito de las hojas de ambas guerreras consistía en plasmar un testimonio de fidelidad, una negativa rotunda a tolerar cualquier desaire hacia su líder.
«──Por puro instinto divisé un riesgo real ante la arremetida del príncipe Dale».
Mikhail Lancaster dejó ver su manifestación divina apenas por un breve lapso. El enviado del fuego y de la claridad. Poco después, la energía se extinguió de su anatomía y procedió a hincarse con sumisión frente a Dale.
«De no haber recurrido a esta manifestación, la agresión habría resultado fatal, impidiéndome salir con vida».
Expresó sus palabras manteniendo la serenidad, mientras clavaba su arma de forma vertical en la superficie del suelo.
A sus espaldas, las dos guerreras mantenían sus hojas de energía de tonos carmesí y oscuro apuntando de forma directa a su caja torácica y su garganta.
«Nuevamente, he caído en dos oportunidades».
«……».
«Verdaderamente le haces justicia al título de «Príncipe Negro»».
A pesar de todo, no se percibía un tono de derrota en su declaración. Quedaba en claro que aquello representaba únicamente un acto destinado a causar un impacto en Dale. Por tal motivo, Dale optó por guardar silencio, limitándose a observar la escena.
Ante el resplandor momentáneo que deshacía la penumbra, las oscuridades que cubrían el entorno se disiparon por completo.
Los seres sombríos sufrieron el mismo destino. El objeto místico conocido como la «Capa de Sombra» parecía agitarse con dolor frente a la claridad de Mikhail.
Los residuos oscuros que quedaron dispersos por la edificación defensiva regresaron hacia la posición de Dale.
Al tiempo que guardaba la hoja maldita «Gluttony» en su respectiva cubierta sujeta al cinto, Dale pronunció unas palabras.
«Lamentablemente, si pretendemos conservar esta «paz», es muy probable que mi estructura defensiva acabe destruida».
«Coincido con ello».
De forma simultánea, la energía blanca y carmesí que envolvía el arma de Mikhail se extinguió, procediendo él también a envainar a Peacemaker.
«El príncipe Mikhail de Lancaster, actuando en su calidad de vizconde de Sajonia y como vocero de la estirpe ducal…».
Tras resguardar su arma, el vizconde de Sajonia, Dale, realizó una respetuosa inclinación de cabeza.
«──Sea usted bienvenido a los dominios del Rey Demonio».
Estableciendo su posición en ese lugar como el mandamás del territorio perteneciente al Rey Demonio del Norte.
La urbe de Labirinto, caracterizada por sus pasajes intrincados y bajo la administración del vizconde Sachsen.
Conforme se incrementaba el entusiasmo provocado por la búsqueda de objetos místicos, el asentamiento se vio colmado de individuos con la ilusión de amasar fortunas, mientras la luz del amanecer comenzaba a bañar la localidad.
Sin intenciones de ocultar quién era, Mikhail Lancaster procedió a registrarse en la asociación de aventureros, obteniendo de forma inmediata la categoría de rango S, condición que le otorgaba el derecho de adentrarse en los sectores más profundos del entramado.
Con esta incorporación, ascendió a doce el número de exploradores de rango S habilitados para recorrer los niveles inferiores del lugar. Entre ellos figuraban Faceless, Mikhail Lancaster, el exterminador de criaturas Drake, y Edward, el vástago menor de la dinastía del conde Dulles, quien capitaneaba a los exploradores integrados en la facción de la aristocracia. Los ocho integrantes restantes venían siendo evaluados mediante los canales de espionaje operados por Dale.
Esto demostraba la influencia de la urbe de asociaciones, la cual había extendido una malla de espionaje semejante a una red de araña por los rincones del Imperio, en coordinación con la «Corte de las Sombras».
La categoría asignada a los exploradores constituía, formalmente, una validación otorgada por el vizconde Sachsen con el fin de eludir altercados en el interior del entramado. Al menos, esa era la versión que se difundía de cara al público.
En la práctica, funcionaba de igual modo como una herramienta para individualizar a los guerreros de gran capacidad que llegaban a las tierras norteñas atraídos por el interés en los objetos místicos.
Hasta el momento no se registraba la presencia de ninguna facción con un poderío colosal comparable al de las Siete Espadas de la región. No obstante, las autoridades del Imperio y el linaje monárquico no contemplaban permanecer pasivos mientras el florecimiento de la urbe del entramado y las tierras del Rey Demonio continuaban su curso sin contratiempos.
Aunque ese asunto no requería atención prioritaria en ese instante exacto.
En esos momentos, un mensajero encubierto perteneciente a la Asociación Calimala, el cual realizaba traslados constantes hacia y desde los dominios de Sachsen, arribó portando datos de carácter sumamente reservado.
Oficina principal del vizconde Sachsen, espacio de lectura de Dale.
El comisionado de la Asociación Calimala manifestó sus respetos ante la autoridad del «vizconde Sachsen».
De entre las siete corporaciones principales de la urbe de asociaciones, el líder de la Asociación Calimala, asentado bajo el título de «Maestro de la Ciudad», poseía como única tarea notificar de forma periódica a Dale sobre ciertos asuntos.
El enviado de la máxima autoridad urbana tomó la palabra.
«El felino mayor ha emitido su sonido… y el insecto ejecuta su danza apoyado en el hombro de la muchacha».
Al escuchar dicha frase, Dale asintió mostrando serenidad.
«El comediante coloca los bloques, los clérigos celebran un banquete sirviéndose de criaturas y el caminante planta cara a las corrientes de aire».
«¿Acaso el metal precioso ha tomado vestiduras?».
«Negativo, el metal precioso continúa sin cobertura alguna».
«¿Las corrientes de aire han arrastrado al descendiente del caminante?».
«Se trata de un nacimiento triple, correspondiendo todas al género femenino».
«¿Qué cantidad de criaturas han sido devoradas por los clérigos?».
«Consumieron tres ejemplares machos de ave y cinco piezas de postura, encontrándose dos de ellas dañadas. Posteriormente, los clérigos sustrajeron los equinos y emprendieron la retirada».
«¿Se trataba de equinos de pelaje oscuro?».
«Negativo, correspondían a dos ejemplares de pelaje claro y seis de tonalidad marrón, todos catalogados como ejemplares de combate».
Ejemplares de combate. Al escuchar este detalle, las facciones de Dale mostraron una leve alteración momentánea.
«Por consiguiente, no se dedican a la crianza de equinos comunes».
«En efecto, la totalidad corresponde a ejemplares de combate».
La interacción resultaba tan incomprensible como un intercambio entre personas sin juicio, al punto de que el propio emisario del líder urbano desconocía el trasfondo de lo expresado. Únicamente dos individuos descifraban el contenido de aquellos mensajes: Dale y la máxima autoridad de la urbe.
Esa misma jornada quedó ratificado el acuerdo entre Dale y el dirigente de la Asociación Calimala en la urbe de asociaciones.
Los datos expuestos correspondían formalmente a los pormenores de los movimientos comerciales asentados en el documento principal del líder de la urbe.
Dichos registros, resguardados por las siete corporaciones principales de la urbe de asociaciones con presencia en todo el territorio imperial, contenían la totalidad de los intercambios efectuados.
Resultaba inviable pretender fijar en la memoria los pormenores de tales transacciones para luego enviar a un tercero ante Dale.
Por tal razón, la comunicación se desarrollaba empleando un sistema de encriptación previamente acordado.
El diálogo prosiguió bajo esta modalidad imprevista y, con cada frase vertida, la herramienta de escritura de Dale se desplazaba con celeridad sobre el papel.
«Agradezco la labor realizada».
Finalmente, el intercambio de datos concluyó y el vizconde Sachsen esbozó un gesto de agrado moderado.
«Respecto a la petición para incrementar el espacio del centro de intercambio de la Asociación Calimala, ya se ha reservado un espacio físico en el sector de las corporaciones y nos encontramos en conversaciones con la agrupación de trabajadores de la piedra».
«¡Le quedo muy agradecido!».
«Asimismo, en breve se publicará en el sector de las corporaciones una ordenanza que concede exenciones fiscales bajo el aval del vizconde Sachsen. Valoro enormemente la transparencia que ha venido manifestando la Asociación Calimala».
Dale mostró una sonrisa cargada de intención, motivando que el comisionado del líder urbano, quien ejercía de igual modo la dirección provisional de la corporación Calimala, realizara una pronta inclinación.
—¡Desde luego que sí, vizconde Sachsen!
Un esquema basado en la correspondencia mutua.
Ni siquiera el conglomerado comercial de mayor relevancia en la región, la Urbe de Asociaciones, lograba quedar al margen del furor desatado por los objetos místicos y los cambios que Dale había introducido en los territorios de la frontera norte. A raíz de esto, el lazo que unía a Dale con ellos, de manera específica con la Asociación Calimala, poseía características singulares.
En su condición de jefe de la Urbe del Entramado y del Territorio Demonio del Norte, Dale albergaba sus propios proyectos a futuro.
Al poco tiempo, el comisionado de la autoridad urbana emprendió el retorno, permitiendo que Dale dirigiera su mirada hacia la abertura vidriada de la estancia. Pese a las bajas temperaturas de los dominios del Rey Demonio, el astro rey se elevaba conforme a su costumbre, expandiendo su claridad como representación del fuego y el entendimiento.
Consideraba apresurado dar por terminadas sus labores en su rol de vizconde de Sachsen.
No obstante, Dale se puso de pie sin hacer ruido, resuelto a dar inicio a actividades que únicamente podían ejecutarse en esa franja horaria.
Despojándose temporalmente de su investidura como jefe del Territorio Demonio o como vizconde de Sajonia.
Para actuar simplemente bajo la identidad del guerrero anónimo, el explorador de categoría S al que todos denominaban «Sin rostro».
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