El Legendario Prodigio Del Ducado Novela - Capítulo 65
Capítulo 65
Capítulo 65
Al recobrar el conocimiento en medio de la penumbra nocturna, Dale se halló súbitamente en un paisaje que le resultaba sumamente familiar.
—Por fin has venido a verme, ¿verdad?
Frente a él se encontraba una muchacha con cuernos de cabra negra, cuyo atuendo oscuro danzaba levemente bajo un viento de un frío desolador.
—Te he estado esperando, hermano.
Su expresión reflejaba la pura alegría de un infante que contempla el retorno de su progenitor tras una prolongada ausencia.
Contemplar ese rostro le trajo a la memoria a Dale una vieja conversación con su padre, el Duque Negro.
—¿Conoces el mundo de la verdad?
Aquel entorno restrictivo e inhóspito que era obligatorio transitar si se deseaba alcanzar el noveno círculo.
—¡Ahahaha!
La joven rompió en una carcajada limpia, incapaz de contener la gracia que le causaba la situación.
—¿Qué te resulta tan gracioso? —inquirió Dale, visiblemente confundido.
Sosteniéndose los costados por el ataque de risa, ella apenas pudo articular palabra:
—Es solo que… —Se detuvo un instante antes de proseguir—. Yo provengo de ese mismísimo entorno.
—¡…!
El joven contuvo el aliento al comprender la realidad. El Libro de la Cabra Negra distaba mucho de ser un simple manuscrito de hechicería, y la entidad ante él no correspondía a un mero espectro proyectado por la mente de un mago.
¿Significaba esto que el imperecedero Frederick también había cruzado caminos con el mundo de la verdad?
Si múltiples hechiceros consiguieron adentrarse en dicho territorio, ¿cuál era la razón por la que los registros históricos de las tierras continentales jamás mencionaron a un mago del noveno círculo?
—Entonces, ¿tú eres…? —interrogó Dale una vez más, con cautela—. ¿Una de las entidades demoníacas de ese paraje?
—¿Demonio? ¿A qué te refieres con eso?
La muchacha ladeó la cabeza denotando ingenuidad, pero de inmediato su gesto se tornó en una mueca de desprecio absoluto, como si observase a una criatura insignificante.
—¿De verdad crees que un ser perecedero, limitado por las barreras de la razón, posee la capacidad de comprendernos?
—¡……!
Una coacción indómita comenzó a brotar de su ser, superando cualquier experiencia previa de Dale. De la parte baja de su vestimenta emergieron extremidades en forma de tentáculos que procedieron a cubrir todo el entorno del joven en una penumbra tan densa como el mismísimo abismo.
—Escucha, yo…
La muchacha acortó la distancia entre ambos, suavizando el tono de sus palabras.
—Te tengo un gran afecto, hermano.
Lo rodeó con sus brazos mientras le susurraba al oído de manera íntima.
—Tu andar solitario y tu distanciamiento del resto resultan tan encantadores que no puedo contenerme.
Aquella voz distaba de pertenecer a una infante; poseía la madurez y el fervor de una mujer sumida en el deleite y la fijación.
—Por lo tanto, permaneceré junto a ti.
A pesar de sus palabras, el contacto físico carecía por completo de calidez.
—Actuaré como la «niña buena» que atiende a tus peticiones.
Un gélido desamparo comenzó a infiltrarse en el pecho del muchacho.
—¿Cuál es tu identidad? —consiguió interrogar Dale, lidiando con el frío que lo invadía.
—Shub.
—Shub…
En el instante en que pronunció ese nombre, una ventisca descomunal se desató en los alrededores, amenazando con derribar a cualquiera.
Cuando Dale volvió en sí, se descubrió nuevamente en la seguridad de su habitación.
Su pecho subía y bajaba con agitación mientras contemplaba tres esferas mágicas orbitando a su alrededor.
—¿Tres círculos…?
No obstante, notó algo inusual. Aunque carecía de una estructura terminada, un fragmento de círculo se hallaba nítidamente plasmado por encima de los tres anteriores, aprisionado por la silueta de unos tentáculos.
Al poseer el dominio del tercer círculo, el sendero que conducía hacia el cuarto círculo empezaba a manifestarse ante sus ojos.
Consolidar la tercera etapa a los veinte años ya representaba una genialidad sin parangón, y acceder a la cuarta fase era una proeza inalcanzable para la mayoría de los hombres a lo largo de sus vidas.
Pese a ello, un infante de apenas once años se encontraba en el umbral de dominar el cuarto círculo.
Catalogarlo simplemente como el mayor prodigio de todo el imperio resultaba totalmente insuficiente para describir su realidad.
Pasado un tiempo, en las dependencias de las tropas de infantería pesada comandadas por Sir Yones.
—¡Qué delicia es disfrutar de un buen trago tras una extenuante jornada de deberes!
—¡Tienes toda la razón, nada se le compara luego de haber superado semejantes pruebas!
—Las raciones son sumamente generosas y el adiestramiento rinde sus frutos.
—¡Ja, ja, contar con porciones de carne en la mesa todos los días es un auténtico privilegio!
Moldear a combatientes de primer nivel guarda similitud con el cuidado de los mejores corceles de combate; no basta con someterlos a una disciplina rigurosa, sino que es indispensable proveerles de un sustento de alta calidad.
Aquel nivel de atención era algo impensable para los combatientes a sueldo ordinarios.
El desarrollo físico y técnico que experimentaban borraba cualquier vestigio de su pasada apariencia descuidada como simples mercenarios.
Se trataba de un contingente de cien efectivos de infantería pesada.
Aunque de manera individual no emularan la destreza de un caballero formal, su coordinación defensiva poseía la solidez necesaria para frenar en seco una ofensiva de caballería.
—Ocupar la posición del primogénito del duque no es una tarea para cualquiera.
—Ciertamente.
Los hombres, ya bajo los efectos del alcohol, centraron su plática en la figura de su líder. Sir Yones asintió pausadamente mientras tomaba un sorbo de su propio vaso.
—Al principio, supuse que se trataba meramente de un infante presuntuoso…
—¡Vaya, parece que fue ayer cuando nuestro líder se lamentaba por haber caído ante un niño en combate!
Uno de los presentes soltó una carcajada mientras terminaba su bebida.
—Guarda silencio, insolente.
De inmediato, los recuerdos de las proezas del «Príncipe Negro» en pleno conflicto bélico inundaron sus mentes.
—¿De verdad les parece un muchacho común y corriente?
—¡Por supuesto que no, estamos hablando del talento más formidable de la nación!
—Sir Yones se queda corto a su lado. Incluso las huestes de los Caballeros Cuervo Nocturno acatan sus disposiciones sin chistar.
Evocaron aquel suceso en el que desmanteló por cuenta propia a un caudillo orco en mitad del éxodo de las criaturas demoníacas.
Asimismo, recordaron el momento en que se difundió la noticia de que el territorio ducal sufría la agresión de un veterano de la torre negra; en esa oportunidad, el centenar de combatientes se equipó de inmediato para combatir codo a codo con los Caballeros Cuervo Nocturno.
En ese escenario, Sir Yones contempló de primera mano la ferocidad con la que los «monstruos del ducado sajón» exterminaban a las fuerzas rivales.
Criaturas de inmenso poder que se postraron y juraron fidelidad absoluta al joven sin el menor atisbo de duda.
Aquel fenómeno trascendía los conceptos ordinarios de genialidad o aptitud sobresaliente.
Representaba la manifestación misma de lo inverosímil.
—En todo caso, para los nuestros… —comentaron los hombres bajo el mando de Sir Yones—. Un superior que nos brinda una instrucción de calidad, nos provee de buen sustento y nos equipa adecuadamente es lo mejor que nos puede pasar.
—¡Y esa figura es precisamente el hijo mayor del duque, nuestro líder!
—Sin duda alguna, comprender a qué bando unirse es vital para sobrevivir.
—¡Por el líder!
—¡Por el comandante que sometió a nuestro oficial como si fuera un can cualquiera!
A pesar de la severidad en las prácticas impuestas por los Caballeros Cuervo Nocturno, los hombres de armas comprendían perfectamente la situación.
Sabían bien cuál era el destino reservado en los campos de batalla para quienes dejaban de lado el orden y la preparación.
Debido a esto, valoraban profundamente el exigente régimen de los Caballeros Cuervo Nocturno, complementado con armamento y provisiones que un soldado de fortuna convencional jamás podría costear.
Un centenar de soldados de infantería pesada bajo la tutela directa del «Príncipe Negro».
—Y ya muestra signos de madurez física, ¿no creen? ¡Se ha convertido en todo un guerrero!
—¡Ja, ja, es la pura verdad!
En ese preciso instante, una intervención interrumpió el ambiente.
—¿Cuántas veces piensan repetir el mismo asunto?
Una tonalidad nítida y reconocible acalló las bromas vulgares del grupo. Se trataba de su líder, quien no mostraba reparo alguno en presentarse en las viviendas de sus hombres a altas horas de la noche.
Su capa de tonalidad oscura se movía suavemente bajo las ráfagas del viento nocturno.
—¡C-Comandante!
Dale, el nuevo jefe de la unidad, permanecía inmóvil frente a ellos. Los rostros de los combatientes se tornaron pálidos y un silencio tenso inundó el espacio, aunque al joven pareció no importarle en lo absoluto.
Se abrió paso calmadamente entre la multitud hasta situarse frente al petrificado Sir Yones.
—Sírveme un trago.
—… De acuerdo.
Con andares dubitativos, Sir Yones recibió el recipiente que Dale le ofrecía.
—Bébelo por completo.
—… Entendido.
El mutismo persistió en el lugar.
—Aún conservo en la memoria el coraje que exhibieron frente a las huestes caídas del anciano.
—¡Únicamente cumplimos con nuestro deber para con el comandante y el linaje Saxon! —exclamó uno de los hombres tras unos instantes de tensión, provocando una sutil sonrisa en el rostro de Dale.
—Por otra parte, ha llegado el momento de asignar una denominación oficial a nuestro contingente.
Inicialmente se les conocía bajo el nombre de los Mercenarios de Kenneth, una designación que carecía de toda fuerza.
Si bien los aristócratas de menor rango solían valerse de sus apelativos familiares para incrementar su reputación, la dinámica dentro de un linaje ducal operaba de forma distinta. Utilizar el prestigio de la casa ducal de manera desmesurada acarreaba peligros considerables.
Evaluando este panorama, Dale dictaminó:
—A contar de este momento, seremos reconocidos como la «Compañía Armadura Negra».
Frente a él se alineaban cien combatientes provistos con el equipamiento oscuro distintivo del linaje Saxon. Aquella denominación representaba el emblema más puro y definitivo de la casa Saxon.
Una estructura de índole bélica diseñada para cubrir las demandas de aquellos interesados en financiar operaciones armadas. Una entidad corporativa enfocada plenamente en el negocio de la guerra.
Un estandarte que estaba destinado a alzarse como la principal firma militar privada de toda la región continental.
—¡Oh, la Compañía Armadura Negra!
—¡Larga vida a la Black Armor!
—¡Por nuestro comandante!
Los combatientes expresaron su euforia con gritos de entusiasmo, contagiados por la solemnidad del nuevo título.
—¿La Compañía Armadura Negra, has dicho? —indagó el duque de Saxon, recibiendo un gesto de confirmación por parte de Dale.
—¿Tu intención es establecer un nuevo grupo de soldados de fortuna?
—No se trata de una agrupación ordinaria —aclaró Dale, rechazando la suposición de su progenitor.
—Lo que tengo en mente es consolidar una estructura de combate cuyas facultades estratégicas y operativas superen a las de la propia facción que nos contrate.
—¿Facultades operativas superiores a las de la facción contratante? —El padre ladeó el rostro, intrigado por el planteamiento de su hijo.
—Por lo general, las fuerzas mercenarias solo representan unidades numéricas destinadas a engrosar las filas bajo las directrices del contratista.
Sin importar el nivel de poder o el renombre que posean, esa regla se mantiene inalterable.
—Sin embargo, el producto que ofrecerá la Compañía Armadura Negra no se limita a la provisión de combatientes.
—En ese caso, ¿cuál es el servicio que pretendes ofrecer?
Dale respondió con total seguridad:
—La resolución exitosa de un conflicto bélico, indudablemente.
No se limitaría a la resolución de un enfrentamiento aislado, sino a la obtención del triunfo definitivo en la campaña armada.
—Nos involucraremos activamente en cada una de las fases tácticas y logísticas requeridas para garantizar que nuestra contraparte obtenga la victoria absoluta.
Actuando como un verdadero especialista en asuntos bélicos, asumiría la supervisión de todo el aparato estratégico.
Usualmente, los miembros de la alta sociedad no delegaban su reputación en simples soldados a sueldo; el diseño de los planes macro y las maniobras tácticas principales correspondían de forma exclusiva a su estamento, mientras que las fuerzas contratadas se limitaban a ejecutar los movimientos en el terreno.
No obstante, el factor determinante para consolidar esta ambiciosa propuesta ya se encontraba disponible.
—Al ostentar la condición de primogénito de la casa Saxon, ninguna facción tendrá la osadía de pasar por alto mi posición en la estructura social.
Resultaba un hecho inaudito que el sucesor de un gran ducado asumiera las riendas de una organización militar privada, más aún tratándose del «Príncipe Negro», catalogado por la opinión pública como la mente más brillante de la época.
Las habilidades de Dale iban mucho más allá de la esgrima o las artes místicas, un aspecto que los observadores ya habían aprendido a reconocer con claridad.
Aparte de sus capacidades individuales en el frente, el extraordinario ingenio de Dale para la planificación de campañas y su aptitud como estratega militar resultaban incuestionables.
Una auténtica eminencia en el arte de la guerra.
Por estos motivos, Dale procedió a desglosar los pormenores de la «Compañía Armadura Negra», emulando la presentación de un proyecto comercial frente a potenciales inversionistas.
Explicó la rigurosa selección de cada integrante para conformar un cuerpo de élite, así como la obtención de los recursos financieros y materiales indispensables para ejecutar asignaciones que trascendieran los combates convencionales.
Asimismo, resultaba imperativo potenciar las fuerzas de caballería de la casa Saxon para consolidar maniobras combinadas en el campo de batalla.
Era perentorio explotar todas las ventajas disponibles, e integrar la reputación del ducado sajón formaba parte de esa estrategia.
—¿Cuáles son tus impresiones al respecto? —consultó Dale al concluir su exposición.
—Estimo que se trata de un proyecto en el cual vale la pena invertir recursos. Qué propuesta tan singular de estructurar una fuerza.
El duque de Sajonia se frotó la barbilla, visiblemente cautivado por los planteamientos de su descendiente.
—Una corporación militar que asume el desarrollo integral de un conflicto bélico…
Dado que la actividad militar constituía un pilar fundamental en el crecimiento de Dale, el duque carecía de motivos para oponerse. Es más, la magnitud del respaldo financiero brindado por el padre hacia su hijo fue de tal envergadura que incluso el propio Dale experimentó un instante de asombro ante la generosidad de la asignación.
—Ciertamente, contar con el respaldo de un linaje influyente desde el nacimiento constituye una ventaja insustituible.
Comments for chapter "Capítulo 65"
MANGA DISCUSSION
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com
