El Legendario Prodigio Del Ducado Novela - Capítulo 84
Capítulo 84
Capítulo 84
¡Pum!
La Muerte golpeó de manera sutil el suelo empleando su báculo de huesos. Se trataba de la manifestación física del grimorio perteneciente al hechicero oscuro, conocida como La balanza del corazón.
Su aspecto evocaba el de un aristócrata de la Inglaterra victoriana.
Tratándose de la personificación de un concepto, guardaba similitud con las manifestaciones de los caballeros. No obstante, la carga de su presencia superaba por completo a la de cualquier guerrero ordinario, asemejándose a la entidad que respaldaba a Dale.
En ese preciso instante, se escuchó un fuerte aleteo.
Múltiples cuervos emprendieron el vuelo colocándose a las espaldas de Death, lanzándose de golpe contra Dale en una dinámica que recordaba a las producciones de Alfred Hitchcock.
La densa agrupación de aves ensombreció las alturas, cayendo en picada colectivamente en dirección a Dale.
Frente a la amenaza, Dale utilizó su Capa de Sombra. Dicha prenda, diseñada a semejanza de una vestidura negra, se agitó mientras transformaba el terreno circundante en una extensión de absoluta oscuridad.
Con la intención de interceptar a las aves que se aproximaban, brotaron los apéndices del Acechador de las Sombras, manifestando el límite de la energía mágica proveniente de tres círculos y dos fuentes negras.
Muerte.
Incluso el hechicero oscuro de mayor relevancia en las tierras, el Duque Negro, parecería un infante ante la magnitud de semejante entidad.
De pronto…
Los apéndices del Acechador de las Sombras, cuyo propósito era frenar la embestida de las aves, rasgaron únicamente el vacío, de forma idéntica a un espadazo lanzado hacia una ilusión.
Sin embargo, no se trataba de un engaño óptico.
La congregación de cuervos impactó de lleno contra la anatomía de Dale.
¡Pum!
─ Te lo advertí ─mencionó la Muerte─. Absolutamente nadie posee la capacidad de frenar a la muerte.
Dale inclinó la cabeza sin oponer resistencia. Las aves perforaron su zona abdominal para emerger por su región dorsal, desprendiendo un rastro de plumas oscuras.
A pesar de lo ocurrido, extrañamente no experimentó dolor alguno. Únicamente contempló su propia figura derrumbada sobre el terreno.
Una cantidad incontable de cuervos lo rodeaba, despedazando su cuerpo a picotazos.
Dale contemplaba la situación desde una posición elevada, experimentando un desprendimiento de su propia consciencia.
¡Pum!
Una vez más, la Muerte impactó el suelo con su báculo de huesos, provocando una mutación en el entorno circundante.
Surgió un escenario de invierno, gélido y sombrío: el entorno propio de Dale. No obstante, no constituía un vacío carente de significado.
¡Pum!
Un impacto sumamente doloroso lo alcanzó por la espalda. Sintió la gélida sensación del metal perteneciendo al filo de la espada sagrada Durandal.
Al voltear la mirada, distinguió un semblante imposible de borrar de su memoria: el conde Brandenburg, el Caballero Sagrado, liderando las imponentes fuerzas militares del imperio.
─ Oh ─mencionó el veterano guerrero ataviado con elegancia, soltando una ligera risa de fascinación al lado del afectado Dale─. Menudo panorama tan llamativo.
─ ¿Cuál es tu perspectiva, viejo? ─intervino Shub, manifestando una risa cargada de regocijo─. Este es un evento sumamente inusual, incluso considerando las eras en las cuales emergen y se extinguen múltiples astros.
─ Resulta el escenario idóneo para hacer realidad la ambición del muchacho ─asintió la Muerte exhibiendo un gesto de satisfacción─. Un infante que logró resistir a mi encuentro.
¡Pum!
Nuevamente, golpeó la superficie empleando su báculo de huesos.
─ Pon todo tu empeño en lograr sobrevivir.
Poner el alma en sobrevivir, a pesar de que el filo de la espada sagrada Durandal ya cruzaba la espalda de Dale de lado a lado, asomando por la zona de su pecho.
«¿De qué forma se supone que voy a salir con vida de esta situación?», se cuestionó Dale sumido en el desconcierto. Su percepción comenzó a desvanecerse y el fin de su existencia se aproximaba otra vez, tal como correspondía al curso de los hechos.
Sin embargo, en el instante en que su mente se sumergía en la penumbra…
¡Pum!
Fue justamente el impacto de la espada sagrada Durandal lo que provocó que Dale recuperara la lucidez.
Ocurrió tal como si se estuvieran reiterando los sucesos acontecidos apenas unos instantes atrás. El metal atravesaba su espalda hasta manifestarse por el frente.
Su lucidez volvió a flaquear.
Experimentó el deceso en dos ocasiones, pero la siguiente oportunidad trajo consigo una modificación.
Activando de forma veloz el recurso de su Capa de Sombra, denominado Forma Espectral, consiguió evadir la estocada que provenía de su retaguardia.
Tomó distancia con rapidez y giró el rostro.
Frente a sus ojos se desplegaba la imborrable escena: el conde Brandenburg, el Caballero Sagrado, junto a las huestes imperiales que integraban a los caballeros de Santa Magdalena, observándolo con total indiferencia.
Los tres círculos vinculados a su sistema cardíaco incrementaron su rotación a niveles desorbitados, orientándose hacia el Caballero Sagrado que representaba su hostilidad.
Dale incrementó el alcance de la Capa de Sombra.
Se constituyó una extensión de penumbra absolute de la cual emergieron los silenciosos Acechadores de las Sombras, arrojando sus apéndices cubiertos de espinas.
¡Tajo!
Los filamentos azotaron el espacio, eliminando sin piedad a las tropas del imperio. Un auténtico escenario de caos con ramificaciones espinosas emergiendo de la penumbra para destrozar cuerpos.
En medio de aquella destrucción sin equilibrio, un individuo marcaba la diferencia. La figura del Caballero Sagrado permanecía protegida por la energía del aura.
«Se encuentra aquí…» el Rey de los Cerdos.
Una figura aberrante nacida de la ambición, portando facciones de criatura salvaje, aunque distanciada de la versión contemplada previamente en la isla de Britannia.
Dos imponentes defensas, similares a las de un porcino salvaje, se hacían notar, transmitiendo la hostilidad propia de un berserker.
Una deidad del combate permanecía firme en el lugar.
La situación es idéntica tanto para los hechiceros de gran nivel como para los guerreros. La representación de un concepto no se limita a una sola variante.
Tomando como referencia al conde Brandenburg, el Caballero Sagrado, su naturaleza profunda no radicaba en el anhelo de dejar descendencia con las mujeres.
En el momento en que enfocó su mente en la implacable disputa por erradicar a los competidores del mismo género, se manifestó su auténtica condición: un dios de la batalla.
Se trataba de uno de los combatientes más formidables de las tierras, a quien Dale se veía en la obligación de superar.
Aquel combatiente arremetió con fuerza hacia adelante.
Bastó un único movimiento cortante.
La cabeza desprendida de Dale cayó sobre el terreno congelado.
Nuevamente, el metal de la espada sagrada Durandal se introdujo por la espalda.
Evadiendo la agresión posterior mediante el uso de la Forma Espectral y eliminando a las huestes del imperio a través del Acechador de las Sombras, consiguió contener la ofensiva del Caballero Sagrado.
De forma inmediata, se ejecutó un segundo ataque con la espada, provocando que la cabeza desprendida de Dale rodara una vez más por el suelo.
Experimentó el deceso reiteradamente, volviendo a comenzar una y otra vez sin la posibilidad de un final definitivo.
En el instante preciso en que recobraba la lucidez, la espada sagrada Durandal ya se encontraba lista para atacarlo.
Cualquier individuo promedio habría sufrido el colapso de su estabilidad mental al ser sometido a un suplicio de esa magnitud. Sin embargo, lo que brotaba en el interior de Dale al vivenciar la muerte de manera continua era un ímpetu combativo sin igual.
Aquello carecía de autenticidad real.
Representaba únicamente un reflejo superpuesto basado en la figura del Caballero Sagrado contenida en las vivencias de Dale.
Tener la oportunidad de participar en un enfrentamiento ficticio tan fidedigno contra el adversario que despertaba todo su desprecio era invaluable. ¿Habría sido ese el método mediante el cual el progenitor de Dale se ejercitó de manera constante?
«Muy bien, comprobemos el desenlace de esta situación».
¿Qué margen de éxito poseía Dale para superar en estos momentos a esa deidad del combate? ¿Un 0,1%? Dicha cifra resultaba excesiva; tal vez un 0,01%, o incluso un valor inferior. Pese a todo, jamás equivalía a cero, y esa certeza era más que suficiente.
Dale se impulsó con determinación utilizando sus extremidades inferiores.
El borde de la Capa de las Sombras, desplazándose en el entorno de Dale, conseguía en ese instante desviar las tres arremetidas del Caballero Sagrado.
¿Cuántas ocasiones había perecido y retornado a la consciencia? Le resultaba imposible cuantificarlo. Tomando como aprendizaje cada deceso previo, consolidó la capacidad de contener los tres ataques simultáneos del oponente, considerado uno de los guerreros más letales del territorio al formar parte de las Siete Espadas del Continente.
«No obstante, esto no resulta suficiente».
Forzó la rotación de los tres círculos que daban indicios de colapsar, entrelazando múltiples estructuras de magia y poniéndolas a prueba de forma reiterada ante aquella deidad del combate: barreras de hielo, proyectiles helados y ráfagas de oscuridad.
Ninguno de esos recursos lograba mellar la integridad de la entidad enemiga.
─ Oh, tu determinación permanece intacta ─comentó la Muerte manifestando una leve risa colmada de curiosidad.
─ Te lo expresé con anterioridad, viejo ─añadió Shub, riendo con un deje de satisfacción─. Mi hermano constituye un individuo sumamente singular.
Sus palabras denotaban un profundo aprecio mientras contemplaba a Dale, quien se ponía en pie nuevamente buscando con urgencia una estrategia posterior, a pesar de que la acción guardara semejanza con una disputa insensata y carente de lógica.
Por más que analizara las opciones, los recursos de un simple hechicero de tres círculos resultaban insuficientes para derrotar a un Caballero Sagrado. Aunque dispusiera de un centenar, un millar o un número superior de intentos, la conclusión no sufriría alteraciones.
Pese a ello, Dale no compartía esa visión, debido a que resguardaba en su poder una alternativa de triunfo sumamente reducida pero certera.
«Las acciones del rival guardan exacta simetría con los instantes previos al deceso».
Dicho de otro modo, actuaba de manera idéntica a un mecanismo sujeto a instrucciones prefijadas. En medio de los millares de opciones existentes, Dale analizaba con total serenidad el progreso del combate.
Contener los tres ataques iniciales se encontraba dentro de sus capacidades. Neutralizar la primera arremetida empleando la Capa de Sombra, evadir el segundo movimiento desplazándose hacia el costado izquierdo a la par que lanzaba una ráfaga de oscuridad, erigir de inmediato una barrera de hielo provocando su estallido para posteriormente arremeter desde su flanco.
Sin embargo, el progreso se detenía ahí. Antes de que lograra reaccionar, el Rey de los Cerdos destrozaba por completo la humanidad de Dale.
«Es necesario reiniciar el proceso desde el origen».
Sumado a esto, con el transcurso de los combates continuos, Dale adquiría certeza de un detalle.
─ Qué muchacho tan obstinado ─observó la Muerte.
Su pericia en el manejo de la espada manifestaba una evolución evidente. Las memorias del héroe que permanecían latentes en los sectores más recónditos de su mente comenzaban a manifestarse paulatinamente.
Al inicio del proceso, discernir los desplazamientos del rival representaba un verdadero desafío, situación que había cambiado por completo en el presente, logrando intuir los patrones de movimiento. Fue una proeza factible únicamente gracias a que Dale resguardaba la esencia de su encarnación anterior, logrando evocar con firmeza su identidad pasada.
Un héroe de otro mundo. En épocas pretéritas, individuos con el rango de maestro de la espada, tales como el conde Brandenburg, ni siquiera habrían tenido la posibilidad de medirse como rivales ante él.
En esos momentos, se encontraba reviviendo las metodologías de combate y conjuros de aquel guerrero, asimilándolas como quien descifra una superficie texturizada.
Su sistema cardíaco manifestaba latidos tan violentos que amenazaba con colapsar, y la intensidad del dolor físico era tal que sugería la expulsión de fluidos hemáticos en cualquier instante. Pese a las circunstancias, no le prestaba menor atención.
Ninguno de esos factores poseía relevancia, ni siquiera su propósito inicial enfocado en consolidar el cuarto círculo. El único elemento crucial consistía en derribar al individuo situado frente a él.
El Rey de los Cerdos.
Se había transformado en la representación misma de la fijeza mental, movilizado exclusivamente por la idea de doblegar a la entidad adversaria, pereciendo y retornando a la vida en un ciclo constante.
Con el acontecer de cada deceso, se cuestionaba la cantidad de ocasiones en que el progenitor de Dale, el Duque Negro, habría experimentado semejante proceso para consolidarse como el usuario de artes oscuras más formidable de las tierras, obteniendo la facultad del octavo círculo.
─ Qué firmeza de carácter tan imponente ─manifestó la Muerte exhibiendo un gesto de agrado─. No obstante, continúas imposibilitado para trascender los límites de tu propia realidad.
─ …….
─ Bastará una milésima de segundo para que tu entereza se quiebre por completo ─sentenció la Muerte con severidad, provocando que Shub mostrara un gesto de inconformidad.
Shub observaba la condición de Dale, quien se situaba en el umbral del cuarto círculo, totalmente inmerso en su fijación, incapaz de tolerar el menosprecio hacia su hermano.
Nuevamente, Dale esquivó el ataque inicial del maestro de la espada. Sin embargo, por más que afinaba sus maniobras, no conseguía resguardarse de las Cuatro Espadas implementadas por el experto guerrero.
─ Frente a la imposición de las eras, todo elemento carece de valor y termina por extinguirse ─añadió la Muerte al notar cómo la entereza de Dale manifestaba debilidad progresiva en medio del ciclo letal.
Una vez más, Dale arremetió apoyándose firmemente en la superficie.
Contuvo el ataque inicial empleando la prenda oscura, rotó su anatomía con el fin de evadir el segundo movimiento y estructuró una barrera helada, dispersando sus componentes para neutralizar la tercera arremetida.
El cuarto impacto descendió con fuerza hacia él.
¡Clang!
El cuarto ataque proveniente de la espada del maestro de la espada impactó contra la superficie metálica, siendo desviado con éxito.
«Ahora que lo analizo con detenimiento…» manifestó Dale tras neutralizar la ofensiva de las Cuatro Espadas del maestro de la espada, dando muestras de haber alcanzado una comprensión definitiva.
Percibió con claridad la rotación del cuarto círculo en el entorno de su sistema cardíaco.
«Esta extensión me pertenece».
En las manos de Dale se materializó un arma blanca.
En tiempos distantes, aquella representaba la herramienta predilecta perteneciente al Héroe de Otro Mundo, el implemento de un cazador implacable que había dado fin a la existencia de múltiples de los combatientes más poderosos de las tierras.
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