El Legendario Prodigio Del Ducado Novela - Capítulo 86
Capítulo 86
Capítulo 86
«Intenta lanzarme un rayo de hielo».
Dale vaciló brevemente ante la petición de Sepia. Le vinieron a la memoria las letales modificaciones que había imbuido en su Rayo de hielo, o más precisamente, en su Bala de hielo.
Justo cuando se disponía a reducir intencionadamente la potencia del conjuro…
—No te frenes. Emplea todo tu poder.
Sepia le transmitió tranquilidad mediante una sonrisa apacible.
«… De acuerdo».
Dale asintió y retrocedió unos pasos para ganar algo de espacio.
«Bala de hielo».
Focalizó la energía azul producida por sus «cuatro círculos» y proyectó el proyectil helado.
¡Bang!
A pesar de que Dale lo había suavizado «un poco» bajo sus propios criterios, continuaba siendo considerablemente más veloz y destructivo que cualquier técnica que hubiese ejecutado en el rango de tres círculos. Representaba una fuerza devastadora que incluso la portentosa vista de un elfo pasaría apuros para registrar. O al menos, ese debía ser el resultado.
«──!»
Sin embargo, en el instante preciso en que el proyectil helado se aproximaba a Sepia, la energía azul que estructuraba el Rayo de Hielo se deshilachó como una cuerda desgastada, desvaneciéndose en el aire.
«…!»
«Conseguí percibir el instante exacto en que tu energía azul se concentró en un único núcleo».
Luego de anular la Bala de Hielo de Dale, Sepia prosiguió con su explicación.
«Al examinar la inclinación de la «punta de flecha» congelada, logré anticipar la trayectoria en la que impactaría».
Había neutralizado el conjuro al predecir su punto de origen y su dirección antes de que lograra constituirse por completo.
«Antes de que el misticismo cobrara forma…».
En vez de enfocarse en el conjuro final, se concentró en sus elementos esenciales. Consistía en evitar la aparición del inconveniente en lugar de solventarlo una vez manifestado. Esta perspectiva reflejaba la doctrina que implementaban los hechiceros de la Torre Azul.
«¿Deseas intentar algo de mayor calibre?».
planteó Sepia.
«¿Te refieres a emplear la potencia total de un conjuro de cuatro círculos?».
«Exhíbeme la magnitud de tus condiciones».
Sepia esbozó una sonrisa, impulsándolo a emplearse a fondo.
Ante esto, Dale materializó una barrera helada.
«Triple cañón · Perdigones calibre 12».
Empleando la estructura helada a modo de un «cañón de escarcha», incorporó formulaciones de carácter detonante, proyectando decenas de fragmentos helados a través de tres conductos. O, por lo menos, esa era la intención.
«…!»
No obstante, nada ocurrió. La barrera helada permaneció intacta, sin inmutarse. Las modificaciones que Dale había intentado plasmar carecían de vitalidad.
«Contempla la energía mágica como si se tratara de agua».
Mencionó Sepia, recurriendo a sus vivencias como hechicera de alto rango vinculada al elemento acuático.
«¿Modificaste la disposición de la energía para impedir la transmisión de las alteraciones?».
«Posees una asimilación veloz».
Sepia afirmó con un gesto y le detalló el fundamento detrás de la neutralización mágica.
Si la energía equivale a las «moléculas de agua», el misticismo es el fluido resultante. Las modificaciones aplicadas sobre dicho misticismo equivalen a incorporar azúcar o sal para alterar el gusto del fluido.
Sin embargo, si se estabiliza la energía en sí misma, semejante a congelar las moléculas de agua, el fluido se transforma en hielo, y ningún aditivo modificará el estado del hielo.
«Con justa razón los hechiceros guardan recelo hacia la Torre Azul».
Aun perteneciendo a las Cinco Torres, la Torre Azul bien podría catalogarse como la mayor némesis de los practicantes de la magia.
Al focalizarse enteramente en la manifestación mística del adversario, poseían la facultad de anular por completo sus propósitos. Esta constituía la maestría de la Torre Azul: el contraataque místico.
«A continuación te enseñaré el comportamiento de la energía».
Sepia dio inicio a su demostración empírica. La energía azul comenzó a orbitar en torno a ella, emanando de sus círculos.
«Presta atención a las corrientes azuladas y detecta los sectores donde la fluidez se ralentiza».
El sitio exacto donde las corrientes azuladas se detuvieron. El punto donde el tránsito de energía se pausó y se densificó. Pero centrarse en las artes del oponente en lugar de las propias resultaba más complejo en la práctica que en la teoría. Con el fin de simplificar el proceso para Dale, Sepia remarcó los desplazamientos de los flujos azulados.
Dale fijó su atención en aquel sector, asumiendo que la energía del rival operaba como «moléculas de agua» e intentando inmovilizar dichas partículas.
En ese instante, la energía de Sepia se elevó y se estancó, instante en que Dale proyectó sus «partículas azules» directo al núcleo. Supuso una réplica rudimentaria de la 《Disonancia azul》 que Sepia había ejecutado previamente.
«Quizá resulte de utilidad fusionar este principio con las artes de largo alcance».
Mientras Dale evaluaba internamente la implementación de este misticismo…
«…!»
Sepia contuvo el aliento ante la resolución de Dale.
«Es equivalente a una intrusión».
Se introdujo en la arquitectura de la energía del adversario justo antes de su consolidación, saboteándola.
«Excelente ejecución».
El flujo místico de Sepia perdió estabilidad y se enredó ante la interferencia de Dale.
¡Bang!
No obstante, mientras la 《Disonancia azul》 de Dale saboteaba un conjuro, otro torbellino de energía comenzó a estructurarse.
«…!»
Un conjuro de Rayo fue ejecutado y Dale recuperó la concentración. Si no le era posible contenerlo en su fase de gestación, requería interceptar la técnica directamente. Guiado por las directrices de Sepia, Dale se enfocó nuevamente.
Lo que ella proyectó fue un Rayo de Hielo de categoría inicial.
Al deducir la trayectoria partiendo del núcleo de gestación —la orientación que señalaba la punta de la flecha—, dispuso una «trampa de interrupción energética» a lo largo de la ruta del conjuro de Rayo.
Adicionando la propiedad mística «Disolver».
¡Bang!
El Rayo de Sepia se activó y, tal como se preveía, el dispositivo de disipación de Dale lo neutralizó. Sin embargo, en ese mismo microsegundo, un segundo Rayo fue lanzado.
«…!»
Dos, tres… Una ráfaga de descargas empezó a descender y Dale apretó la mandíbula. Resultaban demasiados elementos para contrarrestar de forma individual.
«Has quebrado tu secuencia».
Sepia exhibió una sonrisa de complicidad ante las complicaciones de Dale.
«El factor determinante para neutralizar a tu rival consiste en preservar el dominio del tempo».
«¿De la misma forma en que desarticulaste la 《Disonancia azul》?»
«Representa una metodología para administrar el tempo».
Gobernar el ritmo implicaba sostener una condición favorable en la velocidad de ejecución durante una confrontación entre hechiceros.
«Bajo esa lógica, ¿cuál estimas que es el pilar para administrar el ritmo?».
«No lo tengo claro».
«En los intercambios con tu adversario, persigue constantemente una transición que te favorezca».
pormenorizó Sepia.
«Ejecuté conjuros de Rayo de manera sucesiva, recurriendo a artes de bajo consumo para sostener la presión».
Bajo consumo. Conjuros de rangos menores, veloces y simples de efectuar. Dale carecía de la capacidad para neutralizar cada uno de ellos individualmente.
«Por poner un caso, si un conjuro de neutralización demanda 5 unidades, un Rayo únicamente requiere 1».
Las artes más esenciales y habituales.
«Si este balance de 5 a 1 se prolonga, ¿qué facción consolidará el dominio?».
La conclusión resultaba indiscutible.
«Tu 《Disonancia azul》 resultó digna de elogio».
Sepia externó su validación.
«No obstante, conlleva demasiada valía para desperdiciarla frente a un simple conjuro de Bolt».
«Es verdad…».
Asimilar la importancia de cada manifestación mística y el beneficio de proceder de manera previsora en las interacciones mágicas. Conforme Sepia desglosaba la metodología del «control del tempo», Dale no pudo evitar conmoverse ante la madurez de sus planteamientos.
«Conserva una actitud proactiva de principio a fin, manteniéndote siempre un paso por delante de tu rival».
La detallada explicación de Sepia reflejaba la identidad de una «hechicera genuina». A diferencia de Dale, quien transitaba por una vertiente menos tradicional, Sepia avanzaba por el sendero estricto y depurado del saber místico.
«Bien ahora».
prosiguió Sepia.
«Desde las mecánicas de cancelación más elementales hasta la contención de fórmulas de hechiceros de alta jerarquía».
La estrategia de combate de un mago azul de alto rango se caracterizaba por la practicidad.
«Estudiémoslo en conjunto, de forma gradual».
«¡Entendido, Sepia-sensei!».
Aferrándose férreamente a la cadencia de la batalla, sin someterse jamás a la velocidad impuesta por el contrincante. Contener, contener, contener y contener nuevamente hasta conseguir que la desesperación del rival derivara en exclamaciones de frustración.
«Mirándolo bien, resulta una técnica bastante implacable».
Sin embargo, implementada de la forma idónea, constituía el contraataque definitivo contra los practicantes de la magia. Desentrañar la Magia Azul equivalía a instruirse en cómo subyugar a los Magos Azules. Para Dale, representó una enseñanza de un valor incalculable.
«Me genera gran expectativa contemplar los frutos de tu instrucción».
Sepia esbozó una sonrisa, sugiriendo que restaba una inmensa cantidad de saberes por inspeccionar.
La naturaleza de las artes desarrolladas por la Torre Azul. No correspondía a algo que un tierno hechicero de rango tres o cuatro lograra emular sin complicaciones. Más allá de las dotes naturales, asimilar de forma auténtica la «magia de anulación» demandaba una introspección superior.
No obstante, Dale había conseguido replicar e integrar este misticismo sofisticado con la sola observación.
«Verdaderamente demuestras ser mi discípulo».
«Contando con una guía de tu categoría, ¿qué otra alternativa existiría?».
repuso Dale mediante un gesto desinteresado. Acceder al rango de hechicero de cuatro círculos conllevaba una relevancia particular.
Del mismo modo en que Dale jamás se comportó como un hechicero de tres círculos promedio, promocionar al escalafón subsecuente demandaba cualidades distantes de una «percepción promedio».
Por encima de las dotes o la destreza, constituía una dimensión que requería una interpretación absoluta de la senda mística.
Pese a que Dale optó por una vía alternativa, la lucidez de cuatro círculos que consolidó distaba de ser ordinaria.
Al consolidarse en el rango de hechicero de cuarto círculo, Dale por fin descifró los enigmas de la Torre Azul. Correspondía a un entorno tan enigmático que ni siquiera una figura de la relevancia de Dale lograba descifrar con anterioridad a alcanzar este periodo.
¿Qué novedosas cumbres dominaría Dale respaldado por este reciente entendimiento? El esplendor de sus condiciones avivó nuevamente el entusiasmo de Sepia, quien lo contemplaba con un renovado misticismo.
Sepia mantenía la expectativa de que Dale no se restringiera a emplear la magia azul como un recurso accesorio de su magia oscura, sino que asimilara fielmente su naturaleza.
Sepia ya no ejercía únicamente el rol de mentora para un principiante, sino que identificaba en Dale a un digno continuador de su legado, de forma similar a como el Señor Negro lo había adoptado en su momento como su legítimo continuador. Dale se encontraba en este punto en condiciones de adoptar el legado del dignatario de la Torre Azul.
¡Clang!
Los aceros colisionaron. No se trataba de las lúgubres proyecciones místicas, sino de la pericia neta y legítima de un combatiente de espada.
La espada caballeresca de Dale colisionó contra el acero de un individuo catalogado como un integrante de los Siete Espadachines del Continente.
A pesar de que prescindía del uso del aura, limitándose a reforzar su organismo mediante fórmulas como Aceleración, continuaba en desventaja al confrontar los impactos cargados de aura provenientes de las Siete Espadas.
«¡Mi señor! ¡Probablemente sea el momento de deponer las armas!».
Cada arremetida poseía una contundencia y velocidad desmesuradas. Para los combatientes de un rango respetable, la celeridad y la masa no se anulaban mutuamente. No obstante, con cada impacto, Dale impregnaba su acero de sus propios «principios».
El acero del paladín, Pacificador. Se encontraba canalizando el «recuerdo de la espada».
Aun cuando le resultara imposible manifestar la silueta del acero de forma directa, su naturaleza no radicaba únicamente en su aspecto externo. El componente de la hoja, el misticismo albergado en su interior, la crónica grabada en su metal… todo aquello se manifestaba de forma sutil en el acero de Dale conforme evocaba las vivencias del paladín.
Y mediante ese recurso, el acero de Dale neutralizó la subsecuente arremetida de Sir Helmut.
«…!»
No se trató de una estratagema ni de una maniobra de distracción. Había contenido el impacto descendente de una de las Siete Espadas del Continente de forma directa, prescindiendo por completo de su aura.
«En este momento logro comprenderlo con mayor claridad».
Aunque no se tratara de un impacto ejecutado con la totalidad de su potencia, la masa subyacente resultaba incuestionable.
«¡¿Bajo qué lógica es esto factible…?!».
Sir Helmut se vio incapaz de disimular su desconcierto y contuvo el aliento con notorias dificultades.
—Se lo anticipé, Sir Helmut —expresó Dale, tomando distancia con un gesto de determinación mientras corregía la sujeción de la empuñadura.
—No sería prudente menospreciar la «espada de un hechicero».
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