El Legendario Prodigio Del Ducado Novela - Capítulo 91
Capítulo 91
Capítulo 91
La metrópoli controlada por el Gremio Lana albergaba un secreto a voces: un circuito de combates ilegales que experimentaba una oleada de popularidad sin parangón.
Los secretos eran difíciles de guardar y las especulaciones corrían desbocadas por los rincones. Se decía en voz baja que los emisarios de la nobleza de alta alcurnia se habían citado en esta urbe comercial para participar en el mercado negro, y que los enfrentamientos previos servían para dirimir quién mandaba antes de que las transacciones principales comenzaran oficialmente.
Para disputas de semejante calibre, donde las normativas brillaban por su ausencia, no existía un escenario más propicio que el foso clandestino.
Incluso los habitantes locales del Gremio Lana, hambrientos de espectáculos fuera de lo común, se agolparon en masa para presenciar la carnicería.
Aquel no era un sitio diseñado para simples soldados de fortuna o rateros de baja estofa. Se trataba de un cuadrilátero destinado a los verdaderos colosos: representantes directos de la aristocracia y contendientes llenos de ambición ansiosos por validar su reputación.
Oculta bajo los sectores más marginales de las calles de Lana, se abría una inmensa oquedad subterránea.
En sus orígenes, el lugar sirvió como corredor militar edificado en la época de las guerras de unificación, pero los años lo habían transformado y expandido hasta erigirse en el Coliseo subterráneo, la insignia misma de los turbios negocios que manejaba el Gremio Lana.
Inmerso en esa penumbra se encontraba Dale.
—Vengo a inscribirme en las contiendas de este lugar.
—¡…!
El encargado del registro contuvo el aliento al escuchar la petición de Dale. Los mercenarios y malhechores que merodeaban por los alrededores clavaron de inmediato sus miradas en el recién llegado.
—¿Eres consciente del terreno que estás pisando, sobre todo considerando el panorama actual?
A pesar de sus modales toscos, el empleado mostró un atisbo de preocupación por el destino de Dale y lo interrogó con prudencia.
—Lo sé perfectamente.
Dale asintió con un gesto sereno y una leve sonrisa.
—Conque es así…
El olfato del hombre, forjado en la crudeza de los bajos fondos, le advirtió de inmediato que el individuo frente a él poseía el perfil de los guerreros excepcionales que tanto anhelaban ver en la arena.
—De acuerdo. Estampe su rúbrica aquí. Respecto a las tarifas de inscripción…
El foso subterráneo contaba con diversas modalidades de competencia.
El interés primordial de Dale radicaba en el Combate de Campeones, la categoría idónea para medir su destreza contra los exponentes más temibles del mercado negro.
En múltiples aspectos, esa modalidad representaba el corazón y el alma de las peleas clandestinas.
—No obstante, antes de la disputa principal, desearía realizar un pequeño ejercicio de preparación.
—Comprendido.
Adicionalmente, el recinto ofrecía una modalidad de permanencia por victorias consecutivas, donde el portador de la corona debía repeler de forma ininterrumpida a nuevos adversarios hasta morder el polvo.
Una excelente oportunidad para entrar en calor antes de los desafíos mayores.
Y, por supuesto, no existía un método más eficiente para incrementar el patrimonio que aquel recinto de apuestas. Dale no pretendía desperdiciar la ocasión de engrosar sus propios recursos financieros, de manera independiente a las arcas pertenecientes a la familia Saxon.
Motivado por tal resolución, Dale se adentró en las profundidades de la gruta subterránea.
Avanzó por un pasadizo exclusivo para los competidores, totalmente aislado de las tribunas del público, listo para poner en juego su propia existencia sobre la arena.
El momento para que Dale saltara a la palestra llegó mucho antes de lo previsto.
Una gran cantidad de los rivales que lo precedían en la lista prefirieron claudicar y poner pies en polvorosa.
—¿A qué se debe este revuelo?
Movido por la intriga, Dale observó el campo de batalla desde los límites de la antecámara de espera y lo que contempló lo dejó perplejo. El suelo estaba inundado de fluidos vitales y restos orgánicos dispersos por doquier, confiriéndole al recinto el aspecto lúgubre de un matadero.
Esa era la descarnada realidad del foso ilegal, un espacio donde arrebatar una vida formaba parte del entretenimiento cotidiano.
En el epicentro de aquel caos sangriento, el triunfador alzaba los brazos en señal de victoria. Se trataba de un combatiente pertrechado con una imponente armadura teñida por completo de negro.
—¿Una armadura negra?
Un clamor ensordecedor brotó de las gradas.
El frenesí provocado por la violencia, una auténtica celebración de la demencia generalizada. Aquella era la verdadera identidad de la ciudad gremial, un territorio donde la mismísima muerte funcionaba como distracción pasiva.
—¡El Carnicero! ¡El Carnicero!
Ese era el alias con el que bautizaban al guerrero.
Sostenía un mandoble de grandes dimensiones que evocaba de inmediato al armamento característico de la familia Saxon. La energía que proyectaba no correspondía en absoluto a la de un guerrero del montón. Denotaba el refinamiento técnico y la disciplina estricta de un caballero que había recibido una formación institucional y rigurosa.
Además, su estilo guardaba un aire de familiaridad.
—¿Quién se alzará para truncar la racha imbatible del Carnicero?
—¡Suma ya nueve triunfos consecutivos! ¡Está a un solo paso de alcanzar la décima victoria!
—¡Qué decepción! ¡El pánico se ha apoderado de todos los posibles rivales!
—¡Es bien sabido que las victorias del Carnicero concluyen siempre con una crueldad extrema!
—¡Todo apunta a que reclamará su décimo galardón ante la ausencia de competidores!
Las voces amplificadas de los relatores reverberaban con fuerza en todo el recinto subterráneo.
—¿Medirme yo contra semejante aberración? ¡Ni pensarlo!
El competidor final que se hallaba justo antes de Dale en el escalafón optó por batirse en retirada. Una recompensa de mil monedas de oro carecía por completo de valor si el precio a pagar era la propia existencia.
—¡Qué infortunio! ¡Otro pusilánime que decide escapar!
—¡Únicamente resta un aspirante en la lista! ¿Tendrá las agallas para desafiar al temible Carnicero?
—¡Es un misterio! ¡A juzgar por los ropajes ocultos bajo esa túnica, podríamos estar ante alguien fuera de lo común!
El instante de Dale finalmente se presentó. Sin el menor rastro de vacilación, caminó con paso firme hacia el área de combate.
En el foso de lucha ilegal, cualquier artimaña era válida con tal de alcanzar la victoria.
Únicamente existían dos restricciones inquebrantables: la prohibición de manifestar el Mundo de las Ideas para los practicantes de la magia, y la prohibición de desplegar el Avatar para los caballeros.
El empleo de la primera técnica restaría espectacularidad visual al evento, mientras que la segunda poseía una capacidad de destrucción tan desmesurada que pondría en grave riesgo la integridad física de los propios espectadores.
Precisamente debido a dichas limitaciones, Dale mantenía una confianza absoluta en su triunfo dentro del club de la pelea.
Entre los emisarios feudales, cabía la posibilidad de que existieran guerreros que hubieran dominado el nivel de Avatar. Frente a un oponente capaz de manifestar el Avatar, ni el propio Dale tendría el éxito asegurado.
No obstante, al quedar anuladas las facultades del Mundo de las Ideas y del Avatar, las circunstancias daban un giro radical.
Incluso en el supuesto de que su rival poseyera la categoría de Maestro del Aura, Dale guardaba la certeza de que no mordería el polvo.
Respaldado por la mítica Espada del Héroe y el poder de sus cuatro círculos mágicos, y considerando que el Carnicero no pertenecía al rango de los usuarios de Avatar, su convicción era inquebrantable.
El descendiente primogénito del duque tomó posición en la arena, dispuesto a jugarse el todo por el todo.
Si Elise, su progenitora, llegara a enterarse de semejante osadía, con toda seguridad perdería el conocimiento del impacto. Un pensamiento que provocó una mueca de ironía en el rostro de Dale.
—Esto se pone interesante.
El Carnicero reajustó la posición de sus manos sobre el mango de su gran espada conforme Dale acortaba la distancia.
—Tal como lo supuse.
Las sospechas de Dale resultaron ser completamente certeras.
La coraza oscura, modificada intencionalmente con pintura para borrar cualquier rastro de heráldica, junto con la estructura del mandoble… A pesar de las alteraciones estéticas, la matriz original resultaba inconfundible.
Se trataba del equipamiento propio de los caballeros Cuervo Nocturno pertenecientes a la familia Saxon, una orden que otorgaba espadas de gran tamaño exclusivamente a aquellos guerreros que superaban el umbral de Caballero Aura.
Una auténtica Zweihänder.
—¿Qué motivos conducen a un caballero Cuervo Nocturno, ligado por juramento a la familia Saxon, a rebajarse a este escenario?
—¡…!
La interrogante formulada por Dale sembró una súbita chispa de turbación en los ojos del Carnicero.
—¿Acaso tú eres…?
Con su energía vital concentrándose alrededor del metal, se manifestó la característica espada de aura negra del Carnicero, el rasgo distintivo de los caballeros Cuervo Nocturno de la familia Saxon.
—¡Impresionante!
El gentío prorrumpió en un nuevo estallido de euforia al contemplar la manifestación de la energía.
—¡El Carnicero finalmente ha manifestado su espada de aura!
—Y el contrincante de la túnica… ¿bajo qué alias deberíamos identificarlo?
—¡Quién sabe! ¡Es probable que su existencia se extinga antes de que tengamos la oportunidad de conocer su identidad!
—¡Acaba con él! ¡Aniquílalo! ¡Aniquílalo!
—¡Te exijo la victoria! ¡He invertido todos mis recursos en tu décimo triunfo consecutivo!
El anfiteatro se transformó en un hervidero de aclamaciones descontroladas.
—Procuremos que el ambiente se mantenga encendido.
Tras la réplica de Dale, el Carnicero arremetió con fiereza. El mandoble oscuro característico de la familia Saxon describió una trayectoria violenta en el aire. En aquel espacio cerrado donde no corría la más mínima corriente, Dale extrajo con presteza la hoja de combate que portaba en su costado. Un movimiento ejecutado con tal celeridad que desafiaba la lógica de lo que se esperaba de un simple hechicero.
¡Clang!
El impacto de la espada de aura fue interceptado en seco.
—¿Qué clase de proeza ha sido esa?
—¡El místico de la túnica ha contenido el embate de la espada de aura del Carnicero empleando un acero común y corriente!
—¡Lo que ven mis ojos desafía cualquier lógica!
Bajo condiciones normales, el choque entre una hoja de acero convencional y una espada de aura derivaría en daños irreparables para la primera, si es que no terminaba hecha pedazos en el acto. No obstante, frente a la arremetida del arma oscura del Carnicero, el acero de Dale permaneció completamente indemne, conservando su estructura perfecta.
Ni una sola marca deterioró la superficie del filo.
La voluntad mental impresa sobre la espada de caballero de Dale trascendía las propiedades de un aura ordinaria.
La noción de un usuario de la magia transfiriendo sus conceptos mentales directos a un objeto punzante resultaba una aberración para cualquiera.
Aquello era el beneficio directo de entrelazar su identidad de antaño, la Espada del Héroe conocida como Pacificadora, con su entidad del tiempo presente.
En este instante, Dale demostraba poseer capacidades que iban más allá del virtuosismo propio del héroe legendario. Cuatro círculos de poder realizaban revoluciones en el interior de su pecho. Una energía mágica de tonalidad azulada y profunda comenzó a girar a modo de torbellino, provocando que su indumentaria de penumbras emitiera un fulgor característico.
El Carnicero optó por dar un salto hacia atrás para restablecer el espacio de seguridad. Dale aprovechó para hablar nuevamente.
—Te plantearé la cuestión una vez más, guerrero desleal que pisoteó su promesa.
—¿Existe la posibilidad de que tú seas…?
—¿Cuáles fueron las razones para traicionar el voto sagrado de los Saxon?
Los motivos que lo empujaron a dar la espalda a la estirpe de los Saxon para terminar varado en este antro constituían una incógnita completa.
Bien podía tratarse de un fugitivo o de alguien que renunció por decisión propia a la disciplina militar de los Saxon. El apartarse del servicio de un señor feudal formaba parte de las prerrogativas de la caballería.
Sin embargo, emplear el acero oscuro de los Saxon desprovisto de cualquier vínculo de fidelidad hacia dicha casa representaba una afrenta intolerable.
Dale procedió finalmente a retirarse la pieza que cubría su rostro y declaró abiertamente:
—¿Por qué un individuo que deshonró el apellido Saxon continúa esgrimiendo el acero oscuro perteneciente a «nuestra estirpe»?
Una amalgama de sombras danzaba en torno a sus extremidades inferiores. Contando con apenas doce años de edad, ya dominaba los secretos del cuarto círculo de la magia, alzándose como un auténtico prodigio en el plano de las artes místicas.
El talento más extraordinario de toda la extensión del imperio, distinguido globalmente por un sobrenombre inconfundible.
—El… Príncipe Negro…
En el preciso instante en que el carnicero pronunció aquel apelativo en un susurro, el griterío que inundaba el foso cesó de manera abrupta. No obstante, el mutismo colectivo resultó efímero.
—¡El Príncipe Negro!
—¡Se trata del mismísimo Príncipe Negro perteneciente a la dinastía Sachsen!
—¡El Príncipe Negro ha hecho acto de presencia en el foso de combate!
En cuestión de segundos, la atmósfera se vio inundada por vítores cargados de un frenesí absoluto.
—¿Acaso esto es una realidad?
—¡La mente más brillante de todo el territorio imperial, el descendiente principal de la estirpe Sachsen, engalana este cuadrilátero con su sola presencia!
Las proclamas de los relatores, incrementadas en volumen a través de artilugios mágicos, retumbaban con una potencia descomunal. El alias del carnicero pasó por completo al olvido; nadie volvía a pronunciarlo.
—Ese mocoso insolente de la estirpe Sajonia…
El carnicero apretó con fuerza el pomo de la espada oscura de Sachsen, dejando brotar un tono cargado de resentimiento y hostilidad.
—Tú, que contemplas el mundo desde una posición de privilegio, ¿qué experiencia posees para atreverte a formular semejantes juicios en mi contra?
Ante tal provocación, Dale se limitó a esbozar una mueca gélida cargada de desdén.
—Poseo, al menos, la certeza de que tu acero jamás rozará los firmamentos.
Evocando la naturaleza de una deidad instalada en las alturas, una serie de hojas compuestas de pura sombra se materializaron en su periferia, comenzando a girar a su alrededor de la misma forma que lo harían los cuerpos celestes.
De manera simultánea, Dale afianzó la posición de su mano sobre su arma principal, Peacemaker.
El carnicero inició una ofensiva veloz y Dale se lanzó al encuentro sin titubear. Un combate carente de aura convencional por su parte, frente a las arremetidas de un caballero que empleaba el total de su vigor físico y místico.
El metal de ambas espadas colisionó con violencia. Inmediatamente después del impacto inicial, el conjunto de las seis hojas sombrías que orbitaban en torno a Dale se proyectaron de forma balística hacia el frente.
Un auténtico despliegue de violencia donde la misma muerte quedaba reducida a una mera distracción para las masas.
En medio de semejante estado de agitación, la implacable severidad que caracterizaba al Príncipe Negro se expuso en toda su magnitud, negándose a conceder el más mínimo rastro de clemencia.## Capítulo 91
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