Mi Novia ha Regresado Como una Dragona Novela - Capítulo 92
Capítulo 92
Capítulo 92: ¿Cómo demonios logró hacerlo?
Transcurrieron algunos días tras la prueba beta del simulador de rangos, la cual había aportado escasos resultados debido a una variable imprevista.
Fue entonces cuando Rokan comunicó una grata noticia.
Informó que el gremio finalmente había sido registrado de manera oficial.
La nueva denominación asignada fue el «Gremio de la Reencarnación».
Según explicó Rokan, escogió dicho nombre debido a que albergaba a Sia, quien había reencarnado, y a mí, destinado a renacer como dragón.
A decir verdad, antes de comprender su significado, el nombre no me resultaba del todo convincente; no obstante, una vez entendido el trasfondo, cobró pleno sentido.
En cualquier caso, tras coordinar agendas con Rokan, procedí a formalizar el contrato de afiliación junto a él y a Sia, reuniéndonos los tres en un mismo lugar.
—Estar aquí con *oppa* y con el abuelo, los tres juntos, resulta una experiencia extraña y a la vez asombrosa.
—Es verdad. Descontando nuestro primer encuentro, ¿es hoy la primera ocasión en que coincidimos los tres de este modo?
—Así es.
Tal como señaló, exceptuando el día en que conocí a Rokan, aquella constituía, sorprendentemente, la primera vez que Sia, Rokan y yo nos congregábamos en un mismo sitio.
Hasta ese momento, las comunicaciones conjuntas se habían llevado a cabo mediante videollamadas con Sia proyectadas en la pantalla del refugio de Rokan.
Por lo general, en los encuentros semanales que mantenía con Sia, nos reuníamos a solas y salíamos en citas.
Por consiguiente, aprovechando la celebración por la fundación del gremio, se dispuso llevar a cabo una reunión presencial entre los tres.
Aun cuando las restricciones para los encuentros entre Sia y yo dificultaban tales reuniones, resultaba inviable sostener todas las interacciones tripartitas a través de enlaces virtuales.
Una vez estampado el sello definitivo en la documentación de afiliación al gremio, y dado el tiempo transcurrido desde el último encuentro conjunto, se resolvió celebrar la suscripción del contrato con una comida opulenta.
—Vaya… observa todo esto.
Rokan había dispuesto tal cantidad de viandas que resultaba difícil concebir que estuviesen destinadas a únicamente tres comensales.
A ese paso, la mesa corría el riesgo real de colapsar bajo el peso.
—Señor Rokan, ¿preparó todo esto usted solo?
—No en su totalidad. Sasha también colaboró.
Inicialmente, Rokan tenía la intención de preparar los alimentos por su cuenta; no obstante, Sia, al enterarse, manifestó que le resultaba imposible abstenerse en una jornada de tal índole y cocinó por separado en su residencia.
Aquello explicaba la desmesurada abundancia de platos.
—Come bastante, *oppa*. Abuelo, ¡muchas gracias por la comida!
—Muchas gracias por la comida.
—Por supuesto, coman cuanto gusten.
El banquete dio inicio en una atmósfera cálida y amena.
Al examinar la disposición, se apreciaban preparaciones coreanas, japonesas, chinas y occidentales, conformando una variedad superior a la de cualquier bufé convencional.
Asimismo, distinguí sobre la mesa platillos singulares que jamás había observado con anterioridad.
—¿Por qué no comes, *oppa*?
Al notar que no tomaba la cuchara, Sia inclinó la cabeza e interrogó.
—Nunca antes había visto estos platos, de modo que solo los estaba examinando.
—Ah, ¿esos? Es natural que no los reconozcas. Son comidas originarias de Pangea.
Comida de Pangea, ciertamente.
Al rememorarlo, recordé la sorpresa que me causó, al arribar a Pangea la vez anterior, comprobar la notable similitud entre sus alimentos y los de la Tierra.
—¿Acaso el abuelo nunca te preparó comidas de este tipo, *oppa*?
—No. Es la primera vez que las veo.
—Entiendo.
Sia asintió.
Si bien había compartido comidas a solas con Rokan en ocasiones previas, la gastronomía pangeana jamás había sido tema de discusión ni parte del menú.
—De todos modos, tú fuiste y regresaste de Pangea hace poco. Quizá por esa razón, ayer el abuelo mencionó que deseaba comer alimentos de Pangea tras una prolongada ausencia.
—¿Por eso preparaste platillos de Pangea hoy?
—¡Sí! Intenté elaborar algunos de los favoritos del abuelo que admiten una preparación análoga empleando los ingredientes disponibles aquí.
Volví la mirada hacia Rokan.
En ese instante, Rokan consumía con deleite un plato cárnico, presuntamente originario de Pangea, con una expresión de profunda satisfacción.
—Abuelo, ¿qué tal el sabor?
Ante la pregunta de Sia, Rokan sonrió con la mirada en lugar de responder verbalmente y alzó el pulgar en señal de aprobación.
Se advertía complacido de degustar la cocina de su tierra natal tras un intervalo tan extenso.
—Pruébalo tú también, *oppa*.
—De acuerdo. Habrá que hacerlo.
Dado el contexto, serví en mi plato una porción del alimento que consumía Rokan e ingerí un bocado.
De describirlo en términos propios, su sabor evocaba al *dak-galbi*, aunque con una carne más tierna y condimentada con especias particulares.
Constituía una conjunción de sabores a la vez familiar y desconocida, pero, en cualquier caso, resultaba exquisita.
—*Oppa*, ¿qué te parece?
—Creo comprender la razón por la que le agrada a tu abuelo. Es sumamente delicioso.
No se trataba de un mero cumplido; era una apreciación genuina.
Cautivado ya por su sutil atractivo, tomé otro bocado mientras Sia me observaba comer con afecto.
—Estupendo. Entonces prepararé una porción y te la enviaré mañana a través del abuelo. *Oppa*, ¿aún conservas bastantes guarniciones en casa?
—Pensándolo bien, ya es momento de preparar guarniciones nuevas.
—¿En verdad? En tal caso, aprovecha la ocasión para probar y elegir los platillos que prefieras. Cocinaré esos también y los enviaré juntos.
Ante la insistencia de Sia, procedí a catar diversos platos pangeanos.
Existía cierta inquietud previa respecto a si se ajustarían a mi paladar; no obstante, resultó ser una preocupación infundada.
Aunque se trataba de numerosos preparados cuyos sabores no lograba clasificar con precisión, curiosamente la gran mayoría coincidió con mis preferencias.
Ignoraba la causa de experimentar tal afinidad con alimentos procedentes de otra dimensión; sin embargo, transmitían una extraña familiaridad.
No resultaba sencillo determinar el motivo.
Al comunicar mis impresiones a Sia, esta respondió:
—Mmm, ¿quizá se deba a que, aun tratándose de una dimensión distinta, continúa siendo un mundo habitado por personas?
—Mmm, no estoy seguro.
No obstante, Pangea no estaba poblada exclusivamente por seres humanos, sino que albergaba múltiples razas inteligentes adicionales, de modo que aquella hipótesis no terminaba de resultar concluyente.
—O bien, al existir platillos verdaderamente semejantes a los terrestres, esa podría ser la causa de dicha percepción.
—Es verdad; cuando viajé a Pangea y comí allí con anterioridad, tampoco experimenté inconveniente alguno con los alimentos.
Llegué incluso a considerar si se trataría del destino.
—Y, *oppa*, prueba esto también. Debes saber que esto también es comida de Pangea.
—¿Esto?
La sorpresa resultaba comprensible, dado que, a simple vista, presentaba el aspecto de un *bibim-guksu* ordinario, común en cualquier establecimiento.
—Lo parece, mas no lo es. Se trata de un *bibim-guksu* al estilo élfico, el cual consumen con frecuencia los elfos en Pangea.
—… ¿Los elfos también consumen *bibim-guksu*?
Evocar mentalmente a un elfo ingiriendo *bibim-guksu* me generó una extraña disonancia cognitiva.
—¡Sí! Lo elaboran con fideos de trigo y le incorporan hierbas y hongos que recolectan aquí y allá. Por cierto, uno de los alimentos preferidos del abuelo es precisamente ese *bibim-guksu* al estilo élfico.
Apenas concluyó Sia su explicación, Rokan atrajo hacia sí el cuenco de *bibim-guksu* y se sirvió más de la mitad de los fideos.
Sia dirigió de inmediato la mirada hacia él.
—Abuelo, ¿qué tal los fideos?
—Excelentes. Se ajustan con exactitud a mi gusto.
—Oh, no mientas. Al margen de todo lo demás, en lo concerniente al *bibim-guksu* de estilo élfico, siempre preferiste el que preparaba la abuela.
Ante el comentario de Sia, Rokan prorrumpió en una sonora carcajada.
—Es verdad, muy cierto. Al margen de cualquier consideración, la destreza culinaria de tu abuela figuraba entre las más selectas.
Interrumpiendo la ingesta, Rokan fijó la mirada en el vacío con una expresión cargada de pesar y soledad.
—Ahora que ha surgido su mención, de pronto evoco la tierra natal.
—…
Súbitamente, la atmósfera adoptó un matiz de solemnidad.
—¿Añora usted mucho Pangea?
De haber previsto este desenlace, habría procurado obtener objetos de Pangea a modo de recuerdos.
—Huelga preguntarlo. La existencia en este mundo dista de ser adversa; no obstante, mantengo el anhelo de regresar a mi tierra antes de fallecer.
El sentimiento de soledad que embargaba a Rokan se transmitió en su totalidad.
—A diferencia de Sasha, yo no arribé aquí por voluntad propia.
Sia había determinado cruzar hacia la Tierra por libre albedrío mediante magia de transferencia dimensional, en tanto que Rokan había sido absorbido a través de una fractura de forma involuntaria, asentándose posteriormente aquí.
Contaba con la compañía de su estimada nieta, lo que atenuaba su soledad; sin embargo, el resto de su linaje familiar permanecía en Pangea.
—¿No le sería factible aprender la magia de transferencia dimensional impartida por Sia? O bien, solicitar a Sia que…
En cualquier caso, se disponía de la magia de transferencia dimensional que Sia había desarrollado minuciosamente a lo largo de dos mil años.
Aunque para mí representase un objetivo complejo, presumía que Rokan, en su calidad de dragón anciano, podría asimilarla y ejecutarla a partir de la instrucción de Sia sin mayores complicaciones.
Sin embargo, Rokan negó con la cabeza, exhibiendo un semblante amargo.
—En efecto, se lo solicité a Sasha con anterioridad. Le inquirí si podía exhibirme las fórmulas que empleaba para la magia de transferencia dimensional.
Poco después de reencontrarse con Sia en la Tierra, Rokan le había formulado dicha petición en privado, según relató.
Sia accedió de buen grado a mostrárselas; no obstante, al examinar la formulación, Rokan quedó perplejo.
—Jamás en mi existencia presencié formulaciones de semejante complejidad.
—¿Son… a tal punto complicadas?
Dada la exigencia intrínseca de dicha disciplina mágica, resultaba comprensible que presentara una complejidad superior a la de otros sistemas mágicos; aun así, el grado de dificultad había provocado el desconcierto y la admiración de Rokan.
Por intrincadas que fuesen las fórmulas, se presumía que alguien con la jerarquía de Rokan requeriría únicamente unos pocos años para comprenderlas y aplicarlas.
Un lapso de escasos años no constituía un periodo prolongado para un dragón.
Justo en el momento en que formulaba ese pensamiento, Rokan añadió precisiones adicionales:
—No radica únicamente en la complejidad de las fórmulas. Al descomponerlas, advertí secciones que demandan la energía singular inherente a Sasha, así como segmentos que trascienden el sentido común de la magia convencional y los sistemas del Lenguaje Dracónico.
Añadió, además, que al margen de desentrañar las fórmulas, la ejecución del conjuro requería un entrenamiento independiente.
Por ende, demandaría un lapso cronológico nada desdeñable, explicó Rokan.
Dicho en términos simples:
—De modo que, desde el principio, constituía una magia que únicamente Sia estaba facultada para emplear.
—Así es. Y no afirmo esto por el hecho de ser mi nieta; Sasha dista de ser una criatura ordinaria. Era catalogada como un prodigio aun en el seno de nuestro clan.
Entre los dragones, al igual que entre los humanos, existían tanto genios como individuos comunes; perteneciendo Sia a la primera categoría, Rokan ni siquiera contemplaba intentar el aprendizaje de dicha magia de transferencia dimensional.
—Si tan solo existiese una vía…
—No obstante, debe existir una alternativa. ¡Hallaré una forma con certeza!
Al decaer ligeramente el ánimo de la conversación, Sia intervino.
—Posees una idea en mente, entonces.
—Bien sea optimizar la magia para permitir el desplazamiento interdimensional de individuos distintos a mí, o bien… intentar recurrir a los Portales. Tú también arribaste a la Tierra a través de una fractura, abuelo, y el suceso que experimentó *oppa* recientemente guarda similitud en cierta medida.
Portales, ciertamente.
Considerándolo bien, los Portales en sí mismos constituían originalmente fragmentos dimensionales conectados con otros mundos.
Carezco de conocimientos profundos en la materia; sin embargo, mediando la investigación suficiente sobre los Portales, ¿podría tornarse factible si las circunstancias resultan favorables?
—Fracturas, en efecto. Fracturas…
Tras manifestar una expresión indescifrable durante un breve instante, Rokan sonrió y asintió.
—Verdaderamente, no existe nadie comparable a mi Sasha.
—
Una vez concluida la modesta reunión entre los tres, y tras cerciorarse de que Min-jun había retornado a su domicilio sin contratiempos, Rokan llamó a Sia, quien se disponía a regresar a su hogar.
—Abuelo, ¿qué sucede?
—He estado reflexionando al respecto, y existe un factor que se me presenta anómalo.
Rokan se expresó con semblante grave.
—Como bien sabes, la mayoría de los dragones establecidos en este mundo cruzaron a través de fracturas.
Había considerado abordar este asunto con anterioridad; no obstante, la presencia de Min-jun le había impedido formularlo.
—Sí. Pero, ¿por qué… reviste importancia aquello?
—Se tiene constancia histórica de que nosotros, los dragones, hemos cruzado a través de dichas fracturas; empero, jamás he tenido noticia de que otra raza haya efectuado la transición.
Los dragones poseían la capacidad de ocultar su identidad a la perfección desde el instante en que cruzaban a la Tierra, desenvolviéndose como si hubiesen habitado allí de forma permanente, por lo que resultaba natural que los habitantes locales no lo percibieran.
Sin embargo, si un elfo, un enano o un humano hubiese transitado desde Pangea hacia la Tierra, la población lo habría advertido inevitablemente.
Diferían en su fisonomía respecto a los terrícolas y tampoco dominaban la lengua vernácula.
A ello se sumaba una prueba independiente y concluyente de que las razas distintas a la dracónica no podían ser succionadas por una fractura dimensional y arribar a la Tierra.
El suplicio padecido por el propio Rokan al transitar hacia la Tierra a través de la fractura dimensional constituía dicha evidencia.
No se trataba únicamente del dolor derivado de la compresión corporal total bajo una presión desmedida, sino también del tormento producido por la sensación de combustión orgánica al desestabilizarse violentamente el maná en su interior; la experiencia equivalía con exactitud a ser absorbido por un agujero negro y disgregado en fragmentos.
Únicamente su naturaleza de dragón le había permitido atravesar la fractura preservando la consciencia con relativa integridad; de haber soportado dicho padecimiento un ser humano ordinario, no habría resultado anómalo que sucumbiese a causa del choque traumático.
Asimismo, aquel dolor atroz no representaba una vivencia exclusiva de Rokan.
Los demás dragones precipitados a la Tierra mediante fracturas dimensionales atestiguaban haber experimentado un sufrimiento análogo.
Lo cual implicaba que Min-jun debió haber padecido idéntico tormento durante su tránsito de ida y vuelta a través de la fractura dimensional.
Sin embargo, al relatarle previamente lo acontecido en Pangea, Rokan no escuchó de labios de Min-jun testimonio alguno sobre dicha experiencia.
«Entonces, ¿cómo demonios logró Min-jun transitar entre la Tierra y Pangea?».
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