El Apocalipsis Necesita de un Profesional Novela - Capítulo 30
Capítulo 30
# Capítulo 30: Adicto a la dopamina
## Adicto a la dopamina
Justo después de que concluyó la simulación de entrenamiento, arribó una comunicación escrita por parte del Comandante.
Redactada con una caligrafía pulcra y meticulosa, su contenido era el siguiente:
**CORRESPONDENCIA OFICIAL**
Por medio de la presente se autoriza formalmente la participación de Heydam Goodman en la campaña de subyugación.
A juzgar por el grado de sequía de la tinta, este documento había sido redactado con antelación.
En consecuencia, el Comandante había anticipado mi aprobación de la prueba desde el principio. No se trataba de un rechazo hacia mi confesión de ser un regresor, sino de un método deliberado para verificar mis aptitudes de manera empírica.
Una vez finalizado el entrenamiento, los cadetes evitaron por completo cruzar miradas conmigo, adoptando una actitud marcadamente distinta a la inicial. Tan solo Platón persistía en observarme con una intensidad ferviente.
La estrategia táctica de Platón no había carecido de fundamento.
Como mínimo, había previsto con precisión mi infiltración en su formación defensiva. Cualquier infante promedio de diez años habría caído en dicha celada.
El factor determinante radicaba en mi condición de jugador.
Este terreno de adiestramiento me resultaba considerablemente más familiar que a los propios cadetes. En el transcurso de mis superaciones previas del Área de Cola dentro del entorno virtual, había desmantelado y reconstruido este sector desde sus cimientos en múltiples ocasiones.
¿Qué otra actividad habrían desarrollado aquí los cadetes próximos a graduarse de la academia militar más allá de los combates simulados?
Dicho en otros términos, nuestro nivel de comprensión sobre este campo de adiestramiento operaba en planos totalmente divergentes. Desde el inicio, jamás contemplé la posibilidad de fijar un estandarte en el campamento hostil para reclamar la victoria por esa vía, puesto que existía una probabilidad elevada de que ellos hicieran lo propio en mi base durante mi ausencia. Por consiguiente, mi única alternativa viable residía en la aniquilación total…
A raíz de aquel fallo de cálculo, Platón había mermado su capacidad de combate, facilitando significativamente su neutralización posterior. A decir verdad, conocía con exactitud sus debilidades y patrones operativos, por lo que no contemplaba la derrota en un enfrentamiento directo contra ninguno de ellos; sin embargo, Platón constituía el único PNJ al cual debía vigilar rigurosamente.
En su calidad de soldado, el muchacho demostraba ser un fanático inflexible guiado por sus convicciones, respaldado además por un talento excepcional. Representaba un potencial golpe de Estado en potencia, imprevisible en cuanto a su dirección de ruptura. Inicialmente, dado que Meursault ya cumplía el rol de su superior jerárquico inmediato, había contemplado la opción de tratar a Platón como un recurso prescindible. No obstante, tras presenciar su capacidad para anticipar mi trayectoria y eludir una emboscada mediante puro instinto, determiné que su reclutamiento era prioritario.
Por esta razón, deposité mi confianza en los sacos de arena que habitualmente empleaba para el acondicionamiento físico y opté por un enfrentamiento frontal contra Platón, mientras aplicaba la operación 3B al resto del contingente.
Las Tres B: Base, Bestial y Brutal (*Base, Beastly, and Brutal*).
Sea como fuere, había resultado una experiencia genuinamente estimulante. La ruta de la academia militar correspondía a una estrategia reservada exclusivamente para los bucles iniciales, una alternativa obsoleta que ningún usuario empleaba en la actualidad, motivo por el cual jamás me había cruzado con el Platón de la etapa de cadete. Retornar a mis orígenes de este modo generaba una satisfacción singular. Cabe esperar que los cadetes también extrajeran enseñanzas provechosas de la instrucción.
Una vez concluida la simulación táctica con la victoria de Heydam, Meursault convocó de manera individualizada a los cadetes participantes con la instrucción de emitir una evaluación imparcial sobre su desempeño.
Las valoraciones divergieron hacia polos diametralmente opuestos.
Uno de los cadetes interceptados por la emboscada de Heydam expresó su frustración con los dientes apretados y un temblor de furia evidente:
—¡Jamás había presenciado a un infante de diez años con semejantes métodos arteros!
Ante tal manifestación, el entrecejo de Meursault se contrajo levemente.
—¿Acaso la naturaleza intrínseca de una emboscada no contempla la astucia y el engaño?
—Ocultarse y perpetrar un ataque desde la cobertura resulta aceptable. No, de hecho, cuando los dos cadetes situados en la extrema retaguardia fueron neutralizados sin resistencia por proyectiles de pintura durante la primera emboscada, sentí genuina admiración. Pero…
—¿Pero?
—¿Sabe usted qué ejecutó Lord Heydam a continuación?
—¿De qué manera procedió?
—Avanzó de frente argumentando que portaba un mensaje secreto procedente del Comandante —replicó el cadete—.
—Ya veo…
—En efecto. Por supuesto, constituía una treta orientada a disipar nuestras defensas. En el instante preciso en que acortamos distancias, abrió fuego.
—Vaya.
—Logré subsistir hasta la conclusión e intenté replegarme, pero Lord Heydam, quien me perseguía, colapsó estrepitosamente con un sonido sordo.
—¿Lord Heydam… se desplomó? No me diga…
—Sí. Aquello también formaba parte de la farsa. Al verme asaltado por la zozobra ante la posibilidad de que hubiera sufrido daños graves, me aproximé, y en ese preciso instante me apuñaló.
—Mmm.
—¿Cómo es concebible que alguien explote de esa manera la buena fe de un cadete? ¡Un niño que acaba de alcanzar la década de vida y ostenta semejante bajeza! ¡Siento profunda aprehensión por el porvenir!
Si el debate versaba sobre conductas arteras, meditó Meursault, el hecho de que un contingente de ocho cadetes próximos a la graduación convergiera contra un solitario niño de diez años en un ejercicio simulado ya constituía motivo suficiente de censura; sin embargo, optó por reservarse tal apreciación.
Por el contrario, otro cadete aportó una perspectiva radicalmente distinta:
—Transmitió la impresión fidedigna de un soldado veterano.
—¿Hmm?
La divergencia de criterio respecto al testimonio previo indujo a Meursault a inquirir con genuina curiosidad:
—¿A qué obedece dicha conclusión?
—No se redujo al hecho de efectuar un amplio rodeo para aproximarse por la retaguardia tras percatarse de nuestra presencia… lo verdaderamente destacable fue el aprovechamiento de la supuesta comunicación para desorientar al enemigo tras el impacto inicial. Puesto que había arremetido desde nuestra espalda, de habernos ignorado, los elementos situados en vanguardia se habrían disgregado buscando cobertura en el relieve geográfico. Ello habría colocado a Lord Heydam en una posición de clara desventaja táctica, con su ubicación ya descubierta. Por consiguiente, nos indujo mediante el engaño a mantener nuestras posiciones para impedir la retirada. Un raciocinio de esa naturaleza… denotaba la impronta de un veterano de guerra.
El cadete titubeó brevemente, como sopesando la pertinencia de continuar, antes de agregar en tono quedo:
—Resulta paradójico, pero la actuación de Lord Heydam sugería que había transitado por simulaciones idénticas en innumerables ocasiones anteriores. El terreno de operaciones le era familiar. No… el término familiar se queda corto. Se desplazaba con absoluta naturalidad.
Cierto sector de los cadetes parecía aferrarse exclusivamente al resentimiento y a la humillación derivada de ser manipulados por un infante; no obstante, un segmento considerable también emitió un juicio analítico y certero sobre Heydam.
En estricto rigor, Meursault comprendía asimismo el trasfondo de las críticas severas.
Heydam manifestaba una predisposición innata a subestimar al prójimo…
Simplemente omitía realizar cualquier esfuerzo por resultar agraciado. Meursault dedujo que, si bien el primer contacto con Heydam podía infundir temor, propiciar un vínculo de simpatía hacia su persona resultaba sumamente complejo.
Naturalmente, el registro también incluyó el testimonio de un cadete cuyas conclusiones rayaban en lo inverosímil:
Anton, el vástago del general, a saber, Platón.
—Lord Heydam es una divinidad.
¿Qué clase de alteración padece este muchacho?
Como era de esperar, Platón constituyó el único elemento que desbordó por completo los márgenes convencionales, erigiéndose como el único contendiente capaz de sostener el pulso ante Heydam hasta las últimas consecuencias.
Meursault compendió la totalidad de las valoraciones, incorporando la aportación de Platón, para estructurar un informe exhaustivo destinado al Comandante. En dicha instancia, carecía por completo de indicios sobre las motivaciones ocultas que habían propiciado la inserción repentina de Heydam en la simulación táctica y la posterior recopilación formal de los dictámenes.
Meursault había presupuesto de manera parcial que el Comandante tan solo procuraba recabar argumentos para jactarse de su descendencia en círculos selectos, hasta que la aseveración lapidaria emitida por este último tras la lectura del documento lo sumió en el desconcierto:
—Delego en Heydam el mando operacional de la presente campaña de subyugación.
—¡¿Cómo?!
Semejante determinación evidenciaba que el Comandante había perdido la sensatez.
—¿Acaso el avasallamiento de unos cuantos cadetes en un entorno de simulación otorga automáticamente derecho a detentar el mando operacional efectivo? Seamos francos, Padre.
—Este contexto no resulta propicio para dirigiros a Su Excelencia en tales términos.
La expresión reflejada en el rostro de Meursault al mirarme denotaba un agotamiento mental superior a toda descripción lingüística.
—Bien, si pone a disposición semejantes prerrogativas en plena coyuntura bélica, ¿por qué motivo habría de declinarlas?
Evidentemente, de trascender públicamente que la dirección recaía sobre un menor de diez años, incluso los mandos alineados con la facción pro-Heydam habrían manifestado una férrea oposición. A efectos formales y públicos, la figura responsable de la oficialidad operacional en esta campaña recaía en el mayor general Meursault, circunstancia que explicaba su presencia actual a mi lado. Ante la tropa, la narrativa oficial establecía que mi adscripción obedecía a un propósito estrictamente formativo bajo su tutela.
En consecuencia, si la directriz estratégica diseñada por mí colapsaba, recaería sobre Meursault asumir la totalidad de las responsabilidades punitivas.
—Haa…
Tras permanecer estático durante unos instantes mientras presionaba su frente con los dedos, Meursault dirigió su interrogante hacia mi persona:
—¿Posees la certeza absoluta de tus capacidades?
—¿Certeza?
—El adiestramiento simulado y el enfrentamiento real operan bajo normativas radicalmente dispares. La simulación confronta a seres humanos; la guerra real se libra contra especímenes monstruosos. Ciertamente, Lord Heydam neutralizó a un hipopótamo-cerdo mediante un único impacto, pero el resto de la tropa carece de semejantes aptitudes. Ese factor constituye mi principal motivo de zozobra.
—Temes que formule un diseño estratégico partiendo de la premisa de que los demás operan bajo mis estándares de rendimiento, ¿es correcto?
—Has captado la esencia con total exactitud.
—Careces de motivos para albergar inquietudes al respecto.
—¿Pretendes acaso sugerir que modularás la escala de la operación para adaptarla a las capacidades del común denominador? ¿Tú, Lord Heydam?
¿A qué obedecía semejante preconcepción sobre mi persona?
—Desde luego que no. Seleccionaré exclusivamente a aquellos elementos capaces de sostener mi ritmo operativo.
—…La predictibilidad de tu respuesta resulta tal que me priva de argumentos adicionales. No obstante… —murmuró Meursault, desviando su atención hacia el trazado de la ruta de subyugación que le había presentado—. Las aseveraciones de los cadetes guardaban veracidad. Demuestras un grado de familiaridad excesivo con este entorno.
—¿En verdad lo aprecias así?
—Afirmativo. Y este itinerario… excede por completo el margen de conocimiento que podría adquirirse mediante incursiones esporádicas de caza en los límites de la zona. ¿Acaso logras deducir toda esta información únicamente a partir de la planimetría cartográfica?
Persistía en mi determinación de omitir cualquier revelación ante Meursault concerniente a mi condición de regresor. Multiplicar el número de testigos convencidos de tal circunstancia reportaba nulos beneficios. Incluso la validación del engaño ante el Comandante había exigido un esfuerzo supremo de resolución. Si un agente externo equiparable a mi condición informara ulteriormente al Comandante acerca de mi naturaleza como jugador, todo el edificio estratégico se desmoronaría de forma instantánea.
De manera súbita, el anillo experimentó un incremento térmico notable, como si manifestara su rechazo ante la superchería infligida al Comandante.
—Estabilízate. Ejecuto todas estas acciones con el propósito exclusivo de preservar la subsistencia del Comandante —murmuré para mis adentros de forma automatizada, y a la usanza de un mecanismo obediente, la radiación calórica del aro cedió de inmediato.
¿Qué naturaleza precisa albergaba este artefacto anular?
Por el momento, resultaba preferible despachar a Meursault empleando una justificación plausible. Respondí de manera deliberada adoptando un matiz displicente que desestimara la magnitud del asunto:
—Meursault, ya manifestaste un sobresalto desmedido cuando memoricé la nomenclatura nominal de los subordinados en una única exposición. ¿Acaso constituye un fenómeno tan insólito mi destreza en la lectura cartográfica?
—Aun así…
—Si mis competencias se limitaran a un nivel inferior, Padre jamás me habría conferido la responsabilidad de esta operación.
—Mmm…
La campaña de subyugación.
Más allá de los perímetros de seguridad de la zona habitaba un ecosistema heterogéneo de entidades monstruosas de origen alienígena. Lo óptimo consistía en repelerlas a la máxima distancia posible mediante una única incursión ofensiva; sin embargo, tal proceder generaba el desplazamiento de los especímenes erradicados hacia demarcaciones colindantes. Ello propiciaría que las poblaciones residentes en dichos sectores huyeran hacia nuestro territorio o iniciaran acciones punitivas en nuestra contra, motivo por el cual las campañas de subyugación se limitaban sistemáticamente a alcanzar una línea prudencial antes de ordenar el repliegue.
De cualquier modo, la infraestructura fronteriza disponía de barreras físicas que bloqueaban de origen el tránsito de los jugadores entre distintas zonas.
Independientemente de lo anterior, la mera constancia de nuestras expediciones punitivas periódicas disuadía a la fauna monstruosa de aproximarse imprudentemente al perímetro protegido. Especímenes de dimensiones medianas y reducidas, tales como conejos astados y cerdos-hipopótamos, solían ser tolerados con vida incluso al ser avistados, priorizando la neutralización sistemática de las entidades colosales para forzarlas a nidificar en las regiones más remotas. A diferencia de las especies menores, las cuales merodeaban los arredros alimentándose de carroña y subproductos generados por la zona, los macro-monstruos depredaban sobre otras criaturas, eliminando así su necesidad de aproximación.
El único factor desencadenante del acercamiento de estas grandes entidades residía en el agotamiento de sus fuentes tróficas. Precisamente por este motivo se implementaban las batidas periódicas. Los monstruos de gran tamaño confinados en las lejanías terminaban por agotar los recursos de caza en sus hábitats, propiciando su desplazamiento hacia las inmediaciones. Respecto a la correlación con las precipitaciones nivales en las cumbres montañosas, las entidades alienígenas manifestaban una alta resistencia térmica al frío combinada con una vulnerabilidad crítica ante las altas temperaturas. Con la llegada de los ciclos cálidos, deprimían su actividad metabólica hasta niveles basales, soterrándose bajo las acumulaciones de nieve. Tal comportamiento mermaba la visibilidad de las presas habituales, impelidas a las grandes entidades a buscar sustento en las proximidades de la zona ante las dificultades de depredación.
En síntesis, una campaña de subyugación equivalía a un enfrentamiento directo contra monstruos de gran escala.
—Hasta el presente, la doctrina operativa consistía en abatir prioritariamente al espécimen para proceder a la localización y destrucción posterior del núcleo gema, ¿es correcto?
—La destrucción aislada de la gema simplificaría el proceso —respondió Meursault—. No obstante, la neutralización de un macro-monstruo demanda un consumo drástico de recursos adicionales y reduce sustancialmente el rendimiento de biomasa comestible.
—Tu experiencia se circunscribe a especímenes medianos y pequeños, de ahí tu desconocimiento —repelí—. En su concepción original, la localización topográfica del núcleo gema varía en función de cada monstruo. Las variantes menores y medianas carecen de divergencias significativas debido a sus acotadas proporciones anatómicas. Empero, en las entidades colosales, incluso ejemplares adscritos a una misma especie pueden albergar el núcleo en emplazamientos totalmente distintos.
Emití una ligera exhalación jocosa ante la argumentación de Meursault.
—¿Acaso presupones mi ignorancia al respecto?
—Si posees conocimiento de causa y aun así sostienes que nuestra única misión consiste en destruir la gema…
—Negativo. Hago referencia a un conocimiento empírico directo. Conozco la ubicación exacta de los núcleos.
—¿Cómo?
—El eje vertebral de esta operación descansará sobre la eficiencia absoluta.
¿Por qué motivo los jugadores conseguían soslayar a las criaturas incorporadas con motivo del Segundo Apocalipsis y focalizarse en competencias mutuas de supervivencia? Únicamente por su dominio en la explotación de las gemas: los núcleos vitales de los monstruos.
Si bien la ubicación de estos núcleos presentaba disparidades, existían patrones orientativos que permitían acotar su búsqueda: flanco izquierdo o derecho, regiones internas o superficies externas. A modo de ejemplo, la presencia de una lesión cutánea en el organismo del monstruo indicaba que la gema se hallaba en el sector diametralmente opuesto. Si la criatura portaba cornamenta, el núcleo se encontraba incrustado en las inmediaciones de la misma. El denominador común radicaba en que dichos patrones evolutivos respondían a la necesidad de salvaguardar el punto crítico: la gema.
Información de esta índole resultaba transmisible a otros PNJ. Sin embargo, existían métodos de pinpointing de mayor precisión que escapaban a la divulgación pública, no por restricciones normativas impuestas a los jugadores, sino por constituir una respuesta instintiva.
Una competencia derivada de la acumulación de experiencias a través de múltiples bucles. Bastaba percibir el registro acústico de emisión del monstruo o su cinemática de aproximación para intuir de inmediato: *Ah, ese ejemplar porta el núcleo en la región umbilical*. Una intuición compleja de formalizar, gestada mediante la repetición incontable de vivencias operativas; una aptitud exclusiva de los jugadores curtidos en bucles sucesivos.
Y yo detentaba el perfil con los instintos más agudos de todo el conjunto. La capacidad de dominar a las entidades voladoras emergentes durante el Segundo Apocalipsis respondía, en gran medida, a dicha destreza. Posiblemente los veteranos asignados a otras zonas no igualaran mis parámetros, pero subsistían amparados en ese mismo sustrato instintivo.
…A excepción del odontólogo procedente de la Zona de Caramelos, un novato absoluto desprovisto de experiencia en bucles previos que se enfrentaba al sistema por primera vez.
A propósito de ello, ¿persistiría el resto de los operativos con vida?
Tibalom encajaba en el arquetipo de sujeto que respondía únicamente cuando le placía, pero el silencio del resto de los jugadores se había tornado inusualmente prolongado. Asaltado por esta reflexión, activé la interfaz de chat experimentando una súbita contracción de sorpresa.
¿Qué demonios…?
¿Cómo había omitido la recepción de las comunicaciones entrantes?
Tras verificar los parámetros de configuración, comprobé que las notificaciones de mensajes se encontraban desactivadas. Seguramente las había anulado debido a la molestia recurrente que generaba el despliegue emergente de notificaciones en mi campo visual directo.
Desplegué la ventana de chat para examinar la última transmisión registrada.
**SSAPASUBLE**
*De modo que existen dos adictos a la dopamina, ¿no es así?*
…¿Qué significado pretendía transmitir semejante enunciado?
Comments for chapter "Capítulo 30"
MANGA DISCUSSION
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com
