El Apocalipsis Necesita de un Profesional Novela - Capítulo 46
Capítulo 46
## Capítulo 46: Cómo
Antes de la reunión de oficiales, fui a buscar a Daphne. Lo hice en parte para comunicarle que Meursault se sumaría a la expedición y en parte para indagar acerca de la dinámica interna del juego *otome*.
—¿Meursault se unirá a la expedición? —Tal como cabía esperar, Daphne mostró un genuino asombro—. En los últimos diez años, jamás participó en persona en una campaña de supresión… Quizá la llegada de Hayden haya despertado algo en él. No es el tipo de persona que se deja guiar por impulsos emocionales.
Aunque desconcertada, su reacción fue más sosegada de lo que preveía. Teniendo en cuenta que utilizaba un nombre de usuario como «Esposa de Meursault», había asumido que pondría objeciones ante la idea de que su personaje predilecto se expusiera al peligro.
—¿Te parece bien? ¿Estás conforme con que Meursault participe en una campaña?
—Si eso es lo que Meursault desea… Y si ver a Hayden le ha otorgado el valor necesario… —Apretó con firmeza la taza de té entre sus manos—. Si Meursault regresa con bien de la campaña… creo que por fin podré confesarle lo que siento.
—Eso suena a una señal inequívoca de muerte… no, olvídalo.
En cuanto pronuncié la expresión «señal de muerte», el semblante de Daphne se ensombreció, por lo que corregí el rumbo con presteza.
—Haré todo lo que esté en mi mano por Meursault. A propósito de esto, como jugadora que eres, ¿existe alguna manera en que puedas ayudar?
—¿Como jugadora?
—Aún no comprendo con exactitud qué tipo de habilidad posees, Daphne.
Ella esbozó una sonrisa sutil.
—Ser jugadora no confiere ninguna autoridad extraordinaria. Cuento con un objeto orientado a potenciar la apariencia, pero su única función es elevar ligeramente el índice de favorabilidad.
—¿De verdad?
Luna Moon había sido una figura excepcional en… lo que podría llevar a Hayden a suponer lo contrario. Sin embargo, era un hecho indiscutible. Más allá de… la afectividad de terceros, las… acciones indispensables en un juego *otome*.
Esto implicaba, en contrapartida, que Daphne había logrado sobrevivir hasta entonces careciendo por completo de cualquier otra aptitud relevante. Si hubiese dispuesto de algún recurso singular, mi inquietud habría disminuido; no obstante, constatar que había subsistido por cuenta propia incrementaba el peso de su presencia. Y, de haber estado mintiendo, ello habría supuesto una total falta de confianza hacia mi persona.
Mi expresión debió endurecerse, dado que Daphne adoptó un aire de disculpa.
—Lo lamento. Ojalá pudiera ser de mayor utilidad… Poseo una habilidad curativa, mas no le reportará beneficio alguno a Hayden.
De modo que disponía de una capacidad de curación idéntica a la de Luna Moon. No me la había ocultado con premeditación; simplemente había estimado que carecía de la relevancia suficiente para mencionarla.
—Ah, si deseas saber en qué consiste…
—Ya lo sé —respondí, interrumpiéndola al advertir que comenzaba a dar explicaciones—. Heredé esa aptitud de mi madre.
Daphne me observó con absoluta consternación.
—¿Se… se puede heredar?
Tarde o temprano, descubriría mi capacidad regenerativa. En el instante en que percibiera que mis heridas se cerraban con una celeridad anómala, cualquier persona que compartiera dicha destreza ataría cabos de inmediato. Era preferible adelantarse a los acontecimientos.
Antes de que Daphne pudiera formular nuevos interrogantes acerca de mis facultades, adopté una sonrisa afable y declamé un parlamento cargado de emotividad:
—Cada vez que hago uso de ella, tengo la sensación de que mi madre se encuentra a mi lado, velando por mí.
Como era de esperar, Daphne se mostró profundamente conmovida.
—¡Ah…! Por supuesto que sí. ¡Debe de ser el legado que Luna Moon le ha transmitido a Hayden!
Su convicción de que yo era legítimamente el descendiente de Luna Moon se vio reforzada; su mirada se colmó de una ternura aún mayor. A decir verdad, sobrevivir una década entera provista únicamente de un objeto de mejora estética me parecía un logro infinitamente más meritorio. Comenzaba a experimentar un respeto genuino hacia aquella mujer que había transcurrido diez años en el interior de un entorno virtual sin…
…debes de extrañar a tu madre.
—Por supuesto… No existe infante alguno que no añore a su progenitora.
Ante mi contestación, Daphne adoptó la actitud de quien ha tomado una resolución firme.
—A decir verdad… he estado preparando un presente.
—¿Un presente?
—Así es. Hace poco tiempo, Anton me indicó que no se conserva ni una sola fotografía de Luna Moon.
¿Anton? Me resultaba inverosímil que Anton le hubiera deslizado semejante información de manera casual. Si Daphne había obrado en solitario, no habría problema; empero, si Anton intervenía en la concepción de dicho obsequio, albergaba serias dudas respecto a la pureza de sus intenciones.
—Me pidió que guardara absoluta reserva hasta la celebración de la reunión de oficiales… pero al comprobar cuán profundamente extraña Hayden a Luna Moon, me resultó imposible callarlo.
¿Le había ordenado mantener el secreto y, aun así, optaba por revelármelo? En circunstancias como aquella, me sentía sumamente agradecido de que Daphne compartiera mi condición de jugadora. Incluso tras diez años de convivencia, parecía mostrar una inclinación mucho mayor hacia mí —la única persona que conocía su verdadera naturaleza— que hacia Anton. Este último jamás habría imaginado que, tras una década a su vera, ella velaría por el vástago de su rival con mayor celo que por él mismo.
—Hemos estado trabajando en un retrato de Luna Moon. El propósito es que Hayden pueda contemplar su rostro siempre que la extrañe.
¿Un retrato de Luna Moon? En principio, proveer a un huérfano de una efigie materna constituía un gesto perfectamente natural. No obstante, el hecho de que hubiesen seleccionado de manera específica la imagen de Luna Moon…
Desconfían de mí.
En rigor, cualquier investigador que escudriñara los arrabales próximos al camposanto hallaría de inmediato mi procedencia sumamente sospechosa. Yo había aparecido de la nada, literalmente. Anton pretendía exhibirme el retrato de Luna Moon con el fin de verificar si verdaderamente era su descendiente.
Al comunicarle a Daphne mi deseo de acudir a la tumba materna tras un prolongado lapso, ella me facilitó sin cortapisas un vehículo y un chófer. Me desplacé en el automóvil hasta los suburbios donde descansaban los restos de Luna Moon, instruí al conductor para que aguardara en el exterior y procedí a equipar el título «Máscara del Extra», el cual desdibujaba mis rasgos físicos. A continuación, aprovechando un punto ciego, me cambié con la indumentaria que guardaba en el inventario y adentré en el asentamiento.
Las calles que ante mí se extendían lucían un grado de limpieza que apenas justificaba su denominación. En contraste con mi anterior incursión para exhumar la tumba, el área presentaba un mantenimiento notablemente superior; cabía suponer que el comandante había ordenado fiscalizar las instalaciones circundantes a raíz de sus frecuentes visitas.
Recorrí el lugar en busca de algún individuo cuya vestimenta no se correspondiera con la de los residentes habituales. Si Anton había estado recabando información allí, alguna persona debió de recibir una compensación económica, reflejándose una mejora ostensible en sus condiciones de vida. Mi deducción resultó acertada: localicé a un anciano cuyas prendas, sin llegar a ser ostentosas, estaban confeccionadas con un tejido excesivamente refinado para los estándares de la zona.
Disponía ya de víveres suficientes, por lo que apenas prestó atención a la carne seca que le propuse. Sin embargo, al entregarle un pañuelo perfumado que portaba conmigo sin premeditación, accedió a revelarme cuanto sabía.
—Individuos de las fuerzas militares acudieron a indagar si alguien tenía conocimiento de un infante llamado Haydam.
—¿Vinieron a investigar al muchacho?
—Así es. Ante mi negativa, cuestionaron si alguna vez había residido en esta aldea un niño dotado de cabello y ojos oscuros.
La mirada del anciano se desvió hacia mi persona, si bien no manifestó el menor indicio de extrañeza ante mis características físicas. Afortunadamente, había ingresado portando el título que difuminaba mis rasgos; para su percepción, mi cabello debía de asemejarse a un castaño sutilmente sombrío.
—¿Habitó un niño de tales características en este lugar?
—Negativo. Un infante de cabello negro es una peculiaridad inolvidable, y les aseguré que jamás lo había presenciado.
—¿Cuál fue su reacción?
…chasqueó la lengua.
—Esa tumba es denominada el sepulcro anónimo; ¿cómo podría conocer su titularidad? Cierto personaje de alta alcurnia ha estado frecuentando el sitio últimamente, pero les dejé claro que carecía de interés en inmiscuirme en asuntos ajenos por mera curiosidad.
—¿Y se retiraron en silencio tras ello?
—En absoluto. Una recua de tercos empedernidos, todos ellos.
El modo en que se palpó el bolsillo sugería que únicamente había facilitado información tras percibir una contraprestación considerable.
—Insistieron con persistencia, lo que me llevó a recordar a un anciano fallecido recientemente, quien solía proclamar que el ocupante de dicha tumba había sido un benefactor protector de la comunidad durante la epidemia acaecida años atrás. Les transmití ese detalle, aunque advertí asimismo que el difunto superaba mi edad y no siempre gozaba de lucidez mental, por lo que debían ponderarlo en su justa medida.
—¿Y posteriormente?
—Entonces plantearon una interrogante sumamente peculiar.
—¿Peculiar?
—Inquirieron si poseía datos acerca de los indicios de que la tumba había sido profanada.
El anciano profirió una carcajada de incredulidad.
—¿Qué persona en su sano juicio respondería afirmativamente a un cuestionamiento semejante? A mi entender, aquel mocoso de cabellos negros llamado Haydam debió de saquear el sepulcro de algún dignatario y ahora lo persiguen sin tregua…
Cierto. No era una deducción exacta, pero se aproximaba a la realidad.
—Ah, y cuando les señalé que el sepulcro anónimo había permanecido en ese emplazamiento durante un periodo prolongado, la expresión de los soldados cambió y emprendieron la retirada.
Mjum. Era toda la información que requería.
—Comprendo. Le agradezco su colaboración. Quédese con la carne seca.
—Vaya, si insiste en obsequiarla.
Me despedí del anciano, cuya sonrisa abarcaba el ancho de su rostro, y deliberadamente tomé una ruta sinuosa hacia una zona deshabitada para recuperar mi indumentaria original antes de encaminarme al sepulcro de Luna Moon.
Mi objetivo principal se había cumplido, si bien precisaba de testigos que acreditasen mi presencia en el lugar; de lo contrario, la ausencia de ofrendas florales previas suscitaría interrogantes…
…había descubierto flores en medio de aquel apocalipsis sepultado bajo la nieve, carecía de…
Ahora que lo meditaba, aquel anillo siempre me había sugerido la naturaleza de un PNJ vinculado a Luna Moon. Había adoptado el rol de su hijo y, no obstante, trataba dicho objeto con una displicencia excesiva. Frecuentaré el sepulcro con mayor asiduidad a partir de ahora.
Pensé esto de manera semiinconsciente, tal como se dirige uno a un interlocutor habitual, y, como en respuesta a ello, la piedra lunar incrustada en la sortija titiló fugazmente. Dediqué una sonrisa irónica al anillo y volví a fijar la vista en la tumba.
Pese a los cuidados dispensados por el comandante, se trataba de una sepultura vetusta, y el segmento que el Sector de Seguridad N.º 8 y yo habíamos violentado aún conservaba una textura sospechosamente blanda ante una inspección minuciosa. Los vestigios de la excavación… Atribuiría la alteración al hecho de que Anjeon8yeok la había desenterrado en un intento de suplantación de identidad. El comandante había presenciado a aquel sujeto portando las placas identificativas de Luna Moon, por lo que no pondría en duda mi versión.
En cuanto a la antigüedad del sepulcro… tal circunstancia carecía de valor probatorio. En un mundo devastado por el Primer Apocalipsis, no existía tecnología capaz de datar con precisión milimétrica una inhumación. Tal era el motivo por el cual Anton proyectaba obsequiarme el retrato de Luna Moon y aguardar mi reacción subsiguiente. Partía presumiblemente de la premisa de que yo ignoraba su fisonomía.
En estricta verdad, lo único que conocía de Luna Moon eran sus restos óseos. Sin embargo, advertido de la inminencia del retrato, disponía del margen necesario para ensayar una representación convincente.
Aun así, el hecho de que ningún habitante de los suburbios tuviera constancia de un infante llamado Haydam constituía un flanco vulnerable. Me vería obligado a sostener que Luna Moon me había criado en el más absoluto secreto y que su deceso había acontecido de forma reciente. Podría haber otros lugareños de avanzada edad que recordasen su muerte durante la asistencia a los apestados; no obstante, dado que el comandante ya estaba al tanto de su aptitud curativa, mi versión adquiriría una plausibilidad considerable.
Concluidos los preparativos frente a la maniobra de Anton, hice mi ingreso a la reunión de oficiales. No obstante, en el preciso instante en que contemplé el retrato exhibido por Anton…
Comprendí que algo marchaba drásticamente mal.
¿De qué manera se había plasmado el rostro de aquella persona…?
El rostro de mi auténtica madre.
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