El Apocalipsis Necesita de un Profesional Novela - Capítulo 48
Capítulo 48
Capítulo 48: Marido Aislado: Se necesita un jugador veterano en el apocalipsis
Apodo de la Zona Segura: Marido Aislado.
Marido Aislado
Había crecido bajo la tutela de padres empresarios y jamás le había faltado nada en el ámbito material. Sin embargo, su cuerpo había sido frágil desde la infancia, inmerso en un ciclo constante de ingresos y altas hospitalarias que le impedía asistir regularmente a la escuela. Para cuando tuvo la edad suficiente para hacerlo, su personalidad se había distorsionado a tal grado que establecer vínculos de amistad con sus coetáneos resultaba casi imposible. Padres, médicos, enfermeras e incluso su áspera hermana mayor siempre habían cedido ante el muchacho enfermizo en todas las circunstancias. Jamás aprendió a desarrollar consideración por los demás.
Intentó rectificar su carácter en etapas posteriores, solo para terminar convertido en víctima de una forma de violencia escolar que lo despojó por completo de su posición privilegiada. En el instante en que sus padres se percataron de la situación, lo retiraron de la institución educativa y lo condujeron directamente al hogar.
«Yeobom. No tienes la obligación de ir a la escuela. No tienes que asistir a la universidad. No tienes que conseguir un empleo. Vive haciendo lo que te plazca».
Marido Aislado comprendía a la perfección que sus padres pronunciaban tales palabras no porque fuera genuinamente aceptable vivir de esa manera, sino en estricta consonancia con la recomendación médica: su enfermedad no estaba curada, cada día que permanecía con vida constituía ya un milagro y, como mínimo, debía transcurrir el tiempo restante de su existencia en condiciones de comodidad.
Lo que anhelo hacer…
Deseaba asistir a la escuela. Anhelaba tener amigos de su propia edad. Sus padres le cuestionaban el motivo por el cual nunca les había manifestado que era víctima de acoso. No obstante, Marido Aislado ni siquiera había percibido que se trataba de acoso. Aquellos escasos momentos en los que los otros niños compartían sus refrigerios con él como si le estuvieran concediendo un favor, o cuando se detenían a esperarlo cada vez que su marcha era demasiado lenta —esos fragmentos temporales habían revestido un valor incalculable.
Pero si, de cualquier modo, mi expectativa de vida es breve, prefiero no afligir a mamá y a papá…
En consecuencia, Marido Aislado dejó de salir al exterior. Se transformó en un recluso, un adicto a los videojuegos del tipo *hikikomori* que descargaba en internet toda la hostilidad que jamás pudo expresar frente a sus padres o iguales.
¡Adicto a la Dopamina ha publicado una nueva guía!
Adicto a la Dopamina.
Su hermana lo había constreñido a jugar un simulador de romances orientado a un público maduro. El videojuego *Apocalypse: Safety Zone* constituía de manera evidente un homenaje a dicho título y, entre los miembros de su comunidad de jugadores, «Adicto a la Dopamina» figuraba como uno de los individuos más venerados por Marido Aislado. Aun cuando los usuarios tildaban sus guías de sociopáticas, él persistía en publicarlas dentro de la comunidad sin mostrar el menor titubeo; aquello resultaba fascinante. Y a pesar de que parecía mostrar total indiferencia respecto a la convivencia con los demás, esas mismas directrices fragmentadas lograban articular de algún modo a todo un ejército de seguidores. Tal circunstancia resultaba igualmente envidiable.
Deseo aproximarme a él.
Con el propósito de estrechar lazos con Adicto a la Dopamina, Marido Aislado puso en práctica las técnicas de simulación de citas que había adquirido.
Todo el mundo lo designa como *hyung* y le rinde tributo incondicional. Requeriré de una estrategia diferente.
Si lograba proyectar una impronta distinta a la del resto, Adicto a la Dopamina repararía en su presencia. La clase de sujeto que captaría el interés de un individuo proclive a publicar guías sociopáticas y ávido de atención resultaba evidente. Marido Aislado formuló un comentario con absoluta convicción.
MARIDOAISLADO
¿Estás absolutamente de acuerdo con esto? ¿Cómo demonios se supone que alguien puede replicar semejante proeza, maldito psicópata?
Je.
La destreza de ensalzar sutilmente al interlocutor al tiempo que se emplea un registro léxico incisivo. Las tres principales directrices que un individuo autor de guías amorales deseaba denodadamente escuchar: «El autor aparenta ser un psicópata», «Esto es una locura» y «Solo tú posees la capacidad de ejecutar esto», dosificadas en las proporciones exactas. Dotado de una competencia de alta complejidad semejante, Adicto a la Dopamina se vería forzado a interesarse en su persona en el corto plazo.
Sin percatarse jamás de que dichos comentarios despectivos eran eliminados de manera sistemática por el propio Adicto a la Dopamina, Marido Aislado aportó diligentemente recomendaciones y réplicas en cada una de las guías. Únicamente tras ser bloqueado de forma inmediata a la publicación de la guía del cuchillo, comprendió por fin que una anomalía se había producido en su proceder.
¡¿He sido bloqueado…?!
«¡¿Por qué razón?! ¡¿Por qué diablos ha ocurrido esto?!»
Marido Aislado experimentó un llanto más profundo que el acaecido el día en que la violencia escolar lo obligó a separarse de sus amistades. Durante múltiples jornadas se sumió en un estado depresivo y se abstuvo incluso de iniciar sesión en el juego. Cuando finalmente materializó una subcuenta e ingresó a la comunidad, un rumor imprevisto se propagaba con fuerza.
¿Los usuarios de alto rendimiento han desaparecido?
Verificó con premura la cuenta de Adicto a la Dopamina. Tampoco este último presentaba registros de conexión recientes durante los días precedentes.
Solía desvanecerse de manera intermitente por lapsos breves…
Al examinar los historiales de acceso correspondientes a otros usuarios avanzados, detectó que Protector del Hogar —el sujeto que invariablemente manifestaba una proximidad innecesaria hacia Adicto a la Dopamina— carecía asimismo de registros de actividad recientes, circunstancia que sumió a Marido Aislado en un estado de estupefacción.
¿A-acaso ese individuo tampoco inicia sesión? ¿Se encuentra verdaderamente desaparecido?
Marido Aislado inició una investigación exhaustiva en torno a la enigmática desaparición de los usuarios principales. Al poco tiempo, un jugador alternativo le facilitó la ubicación de un establecimiento comercial específico: la tienda de conveniencia adscrita a la colaboración con *Safety Zone* que Adicto A. D. había difundido inmediatamente después de restringir su acceso. Marido Aislado se encaminó sin dilación hacia el sitio indicado. Tras constatar la ausencia de elementos particularmente singulares, adquirió una única lata de refresco de cola y, en el preciso instante en que disponía a abandonar el local, experimentó el fenómeno de la posesión.
Obligado a incorporarse a filas por orden de Tibalom y sometido a un régimen de instrucción de naturaleza extrema jornada tras jornada, el escenario actual no configuraba una existencia del todo adversa. El organismo del cual había tomado posesión ostentaba condiciones de robustez óptimas e incorporaba intrínsecamente una facultad de autorregeneración. Asimismo, el presunto jugador al que había identificado como Tibalom demostró ser, en realidad, el auténtico Adicto a la Dopamina.
Mientras Adicto a la Dopamina permanezca de mi lado, el apocalipsis deja de representar un problema fundamental.
Gracias a que dicho individuo logró culminar exitosamente la guía orientada a la descendencia ilegítima y ascender a la condición de Joven Amo Haydam, las dinámicas de la vida militar se habían flexibilizado de manera notable.
«La cola del reptil escamado se precipitaba directamente hacia mi rostro y, en esa fracción de segundo, Haydam se interpuso en mi trayectoria y… ¡zas!»
«¡Vaya, imposible!»
«Exacto. Haydam asimiló el impacto en mi lugar».
Uno de los soldados veteranos que presenciaba el relato de las «hazañas» narradas por Marido Aislado emitió una exclamación eufórica.
«¡Carajo! ¿De modo que la lesión derivada de ese presunto enfrentamiento con el reptil escamado… se originó al salvaguardar tu integridad?!»
«Así es».
«¡Vaya, resulta demencial!»
Inmediatamente, otro miembro veterano intervino, incapaz de disimular su escepticismo.
«De ningún modo. ¿Por qué razón ejecutaría semejante acción en beneficio de un elemento marginal como tú?»
«Ya lo he manifestado con anterioridad. Haydam estipuló desde tiempo atrás su intención de conferirme un uso estratégico».
«Sí, empero, ¿por qué habrías de ser tú? El susodicho cuenta ya en su entorno con un activo de la magnitud del Comandante Meursault».
Marido Aislado dirigió una mirada incisiva al veterano.
«Me encuentro impedido de divulgar pormenores, no obstante, poseo una aptitud excepcional».
«¿Qué clase de aptitud? ¿La destreza para exasperar a los demás?»
«Un individuo que mantiene un registro de expresión civil y se aventura a disertar sobre aptitudes resulta sumamente irritante, en efecto».
«¿Estás cuestionando la capacidad de discernimiento de Haydam en este preciso momento?»
«B-bueno, con precisión exacta no, pero…»
Marido Aislado ya había sido convocado de manera confidencial por Haydam en múltiples ocasiones, motivo por el cual el veterano, dubitativo, masculló una respuesta evasiva y desistió de continuar la disputa. El resto de los veteranos compartía asimismo el conocimiento de que Haydam y Marido Aislado mantenían un vínculo de relativa cercanía, por lo cual, a partir del primer banquete de panceta porcina, si bien persistían en tratarlo con displicencia, ya se abstenían de hostigarlo.
En ese preciso instante, un soldado emergió del interior del barracón, divisó a Marido Aislado y profirió un llamado mientras acortaba la distancia.
«Oye, Assa. Tienes una licencia concedida».
Al percibir tal anuncio, Marido Aislado adoptó una postura altanera.
«Vaya, vaya. Hablando del rey de Roma y el rey que asoma. Es evidente que Haydam requiere nuevamente de mis servicios».
«Pronuncias expresiones indescifrables en ocasiones. ¿A qué denominas rey de Roma? ¿Te refieres acaso a un tigre mariposa?»
«¿Por qué razón se manifestaría un tigre mariposa ante la simple mención de su denominación?»
Marido Aislado omitió deliberadamente a los ignorantes PNJ del entorno virtual que carecían de conocimiento sobre un modismo coreano e interrogó al soldado:
«¿Se trata nuevamente de la residencia del Comandante?»
«Negativo».
El efectivo militar que se aproximaba le tendió a Marido Aislado un salvoconducto de ausencia temporal.
«Una diligencia en esta oportunidad. Tú provienes de los Suburbios, ¿cierto?»
«Afirmativo».
Evocando la aseveración de Haydam respecto a haber consignado la condición de «huérfano procedente de los Suburbios» en el formulario de reclutamiento, asintió con la cabeza, mientras el soldado proseguía con sus indicaciones.
«Desplázate hacia los Suburbios y extrae un objeto determinado».
«¿Extraer… qué objeto?»
«Obtendrás conocimiento al respecto en el momento de arribar al sitio indicado, Aparentemente».
¿El esclarecimiento se producirá una vez concretado el arribo a los Suburbios…?
¿Acaso esta directriz emanó de Adicto a la Dopamina?
Bajo las circunstancias actuales, el único agente capaz de comisionarlo intencionalmente para una diligencia en los Suburbios era Adicto a la Dopamina. Sin embargo, de haber procedido de dicho individuo, le habría transmitido la instrucción de manera directa en lugar de recurrir a un intermediario militar aleatorio. Aun con la consciencia de que un subordinado castrense jamás debe interrogar de tal forma, Marido Aislado le inquirió:
«¿Bajo la autoridad de quién se emite esta disposición?»
Como era previsible, la gesticulación del soldado se tornó severa de inmediato y fijó la mirada de manera directa en Marido Aislado.
«¿Qué relevancia reviste tal información para ti? ¿Acaso proyectas inobservar la orden en función de su procedencia?»
Durante una fracción temporal, Marido Aislado experimentó un impulso irrefrenable de desplomarse sobre el suelo y vociferar: ¡¿Ignoras acaso la identidad de mi persona?! ¡He consumido alimentos y participado en partidas de caza junto al descendiente directo del Comandante, infeliz! No obstante, el efectivo apostado frente a él se adscribía a la facción del teniente general recientemente promovido; en otras palabras, constituía un subordinado perteneciente a una línea de oficiales favorables a Daphne. La invocación del patronímico de Haydam carecería de validez coercitiva en este ámbito.
«Afirmativo, no hay inconveniente. Me trasladaré».
Marido Aislado sofocó con extrema dificultad el anhelo de verter una réplica sarcástica. En cualquier circunstancia, dominaba la topografía de los Suburbios correspondientes al Sector de la Cola con mayor precisión que cualquier habitante nativo de este universo. No surgirían contratiempos.
Me encontraba ultimando los preparativos para concurrir a la ceremonia de graduación de la academia militar cuando Meursault me transmitió una premisa inverosímil.
«¿El estimado Forastero se halla ausente del barracón en el momento presente?»
«Afirmativo».
«Se ha consumado su deserción, al fin».
Emití tal apreciación a modo de ironía, empero, la fisonomía de Meursault permaneció inalterable.
«…¿En verdad? ¿De manera fehaciente?»
«Reviste un carácter ligeramente ambiguo».
«¿Ambiguo bajo qué parámetros?»
«Conforme a los testimonios de los restantes efectivos, se dirigió hacia los Suburbios con el propósito de cumplimentar un encargo».
«¿Un encargo?»
Fruncé el entrecejo y planteé el cuestionamiento:
«¿Qué entidad, excluyendo mi propia persona, comisionaría a dicho individuo para una tarea semejante?»
«Manifiestan ignorar la procedencia de la orden».
«¿Se ha procedido a la inspección de los Suburbios?»
«Afirmativo. Sin embargo, en el instante de mi concurrencia, su desplazamiento hacia otra ubicación ya se había consumado».
«¿Reubicación en otra zona? ¿Un efectivo militar incurre en abandono de destino y la directiva opta por la pasividad?»
«Su salvoconducto estipula el retorno imperativo antes de la medianoche de la presente jornada, motivo por el cual se me instruyó aguardar hasta dicho lapso».
«La desaparición de un infante carece de trascendencia, al parecer».
Al reflexionar sobre el asunto, este configuraba el paradigma del Apocalipsis. La evanescencia de un soldado en etapa infanto-juvenil no constituía una anomalía. Marido Aislado tampoco encajaba estrictamente en la categoría de infante —al tratarse de un usuario activo—, por lo cual cabía inferir que su seguridad física no se encontraba comprometida de manera crítica.
Mencionó poseer veinte años…
No obstante, desde mi perspectiva analítica, la vigésima anualidad continuaba catalogándose dentro de la etapa infantil.
Una vez concluida la ceremonia de graduación, procederé a su localización.
Albergando tal pensamiento, Meursault decodificó mi actividad cognitiva con una precisión perturbadora.
«Dispondré un vehículo de transporte de manera inmediata a la clausuración del acto protocolar».
«…Entendido. Mi reconocimiento, Meursault».
Interrumpí momentáneamente mi acción de revestimiento con la chaqueta para formularle una interrogante:
«A propósito, ¿te integraras de manera efectiva a la campaña de subyugación?»
«Carezco de comprensión ante la consternación generalizada. Cumplo funciones como efectivo militar, después de todo».
«El fundamento radica en que ejecutas una conducta inusual en tu historial».
«He tomado parte en campañas de subyugación con anterioridad. Esencialmente apostado en la demarcación posterior, reconozco».
«En esta ocasión has manifestado tu desplazamiento en estricta sincronía conmigo. En la vanguardia».
«He procesado los algoritmos de cálculo bajo mi metodología particular».
«¿A qué cálculos aludes?»
«La estimación lógica de que permanecer en las inmediaciones de Haydam salvaguarda la integridad de manera más efectiva que el posicionamiento en la retaguardia».
Constituía un cálculo exento de errores fundamentales. No obstante, si persistía en adherirse a mi proximidad de forma tan ostensible bajo la presunción de seguridad, y un evento fortuito menoscababa su integridad ulteriormente, me hallaría incapacitado para presentar explicaciones ante Daphne. A pesar de ello, ¿qué clase de percance podría sobrevenir…?
«Por otra parte, ¿qué esquema táctico has urdido en connivencia con el cadete Platón?»
«¿Esquema táctico? Quien presenciara esta interacción inferiría que pergeño maniobras subversivas en el marco de la graduación de los alumnos».
«Te encuentras pergeñando una maniobra».
Meursault devolvió la aserción de inmediato, inclinó el eje de su cabeza y articuló un murmullo:
«¿La graduación de los alumnos? El infante de mayor consideración aquí resultas ser tú…»
«Meursault, ¿persistes en la emisión de murmullos ininteligibles? Acabaremos por incurrir en impuntualidad».
«¿Existe absoluta certeza de que omitirás la revelación de tus constructos planificados?»
«Procede a la indagación directa por tus medios».
Tras denegar su petición, le prodigué una expresión de complicidad jocosa a Meursault.
«Analizándolo retrospectivamente, Meursault, tú careces de la condición de egresado de la academia militar, ¿cierto?»
«Negativo. Conforme a tu conocimiento, las redes de influencia parental detentan un peso gravitante en el acceso a la academia».
En esta demarcación territorial, los huérfanos representaban una proporción superior al ochenta por ciento del espectro demográfico, aun cuando subsistía un sector burgués que había logrado preservar acumulaciones de capital. Descendientes de oficiales jerárquicos tales como Platón, o pupilos adoptivos patrocinados por dignatarios como Bones. Únicamente dichos perfiles infantiles poseían la prerrogativa de acceder a la institución. La motivación subyacente por la cual Meursault —quien se había incorporado como soldado infante y ascendido mediante esfuerzo metódico hasta la jerarquía de mayor general— manifestaba una fijación tan acentuada con la estructura familiar obedecía, con alta probabilidad, a la impronta de dicho ordenamiento inequitativo.
«Influencias parentales… Manifiesto un profundo repudio hacia esa tipología de estructuras».
«¿Disculpa? Tal aseveración, formulada por el individuo que instrumentaliza los vínculos parentales con mayor intensidad que cualquier otro, denota una marcada incongruencia».
«Es probable que así sea».
«Un momento. No pretenderás insinuar…»
Le profundicé una sonrisa socarrona a Meursault, quien parecía haber descifrado el trasfondo.
«Mantén altas tus expectativas respecto al discurso de Platón».
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