El Apocalipsis Necesita de un Profesional Novela - Capítulo 59
Capítulo 59
Capítulo 59: Promesa (2)
Barrí el campo de batalla con una sola y aguda mirada.
Un monstruo de gran clase ya había caído, muerto y enfriándose en la nieve. A lo lejos, en el extremo opuesto del campo, el Comandante se abría paso a través del caos con el cabello negro al viento, acaparando la atención de los monstruos y reteniendo su enfoque.
Al confirmar que se encontraba ileso, exhalé un suspiro de alivio.
De modo que logró resistir prescindiendo de mí.
Me había interrogado acerca de cómo lograban sobrevivir ante semejante densidad de monstruos de gran clase simultáneos. Los soldados, acatando las directrices del Comandante, reproducían una dinámica cíclica de fuego y repliegue, encauzando a las criaturas hacia una única hondonada y envolviéndolas en una disposición circular que blindaba la línea defensiva.
Afrontar a semejante pléyade de monstruos de gran clase de forma concurrente debió constituir un hito inédito incluso para él, mas su proceder denotaba una serenidad superior a lo concebible. Portaba vestigios hemáticos en el uniforme, pero ningún patrón cinético sugería que proviniesen de su propia anatomía.
Aún no había reparado en mi presencia. La totalidad de sus facultades cognitivas se hallaba volcada en la dirección táctica de sus subordinados.
Su resistencia supera las previsiones, no obstante…
Un perímetro de contención de tal naturaleza constituía exclusivamente un mecanismo de dilación temporal. Aun contando con el margen de fortuna necesario para preservar la formación, la munición se agotaría de manera inexorable y, en el instante en que tal evento acaeciera, el frente colapsaría de forma instantánea.
De no haber arribado al escenario en el momento preciso, el Comandante y la totalidad de los efectivos desplegados habrían perecido.
En ese instante, un flanco del cerco cedió.
—¡Ugh…!
Un soldado tropezó de espaldas y colapsó, arrastrando en su caída a varios compañeros, coyuntura que los monstruos capitalizaron de inmediato. Una de las bestias se abalanzó sobre los hombres dispersos sobre el manto níveo, desplegando fauces desmesuradas y exhibiendo dentadura cortante durante la embestida.
—¡A-aaah!
Contemplé cómo los soldados, presa del pánico, braceaban y reptaban de manera desesperada sobre la nieve, antes de extraer una munición de tonalidad albina desde el interior de mi gabán e impactarla de forma directa en el órgano ocular de la criatura.
Una munición albina carecía de potencial lesivo crítico frente a un monstruo de gran clase; sin embargo, al ser su coloración imperceptible para su espectro visual, jamás esquivaban un proyectil dirigido a los ojos. Se trataba de un recurso óptimo para la atracción de hostilidad (*aggro*).
El monstruo recibió la ojiva albina de lleno en el ojo, emitió un chillido estridente y viró bruscamente hacia la procedencia del vector balístico. La totalidad de las miradas en el sector —tanto las de la tropa como la del propio Comandante— convergieron en mi posición.
Perjuegué la repentina palidez en el rostro del Comandante al advertir mi presencia armado en medio de la llanura nival, mientras la estupefacción se dilataba paulatinamente en sus rasgos.
—¡Haydam! ¡¿Qué haces aquí?!
Resultaba comprensible. Hallar al propio descendiente apostado en el epicentro de un enjambre de monstruos desestabilizaría a cualquier sujeto.
Sin embargo, me encontraba incapacitado para prescindir de mi «progenitor» en esta coyuntura.
Mi ruta de vástago ilegítimo operaba exclusivamente bajo la condición de que el Comandante me confer precisión protectora hasta consolidar mi sucesión. Incluso si sucumbía en el presente segundo, Daphne, Meursault y los egresados de la Academia persistirían en mi respaldo; la anexión territorial no se tornaría categóricamente inviable…
La traba radicaba en mi minoría de edad relativa.
Si el Comandante sucumbía en el momento actual, el candidato con mayor probabilidad de investidura como sucesor no recaeríá en mi persona, sino en Meursault. Hayden se había alzado con el cargo de Comandante del Área de Cola mediante su enlace matrimonial con Daphne, hija del exdirigente, y el objeto de afecto sentimental de Daphne era precisamente Meursault.
Ambos manifestaban disposición favorable hacia mi persona de forma temporal. La naturaleza que adoptaría tal benevolencia una vez encumbrados en la cúspide del poder constituía una incógnita insondable.
Aunado a lo anterior… había empeñado mi palabra a Luna Moon respecto a la salvaguarda de Hayden.
La evocación del juramento formalizado al sustraer el anillo del sepulcro de Luna Moon evocó su efigie de manera involuntaria: aquel semblante de notable simetría con el de mi progenitora. Desplacé tal constructo mental con deliberada firmeza.
Improcedencia de distracciones. Con independencia de mi condición de jugador, lidiar de forma individual con semejante volumen de monstruos de gran clase exigía agudeza inalterable.
Accioné el mecanismo de carga del fusil ubicado en mi dorsal y precipité mi carrera directamente contra la bestia que arremetía en mi contra.
—¡¿Qu…?!
—¡Insensato! ¡Haydam!
Erupciones vocales resonaron perimetralmente al percatarse de que eludía el repliegue y optaba por una trayectoria de colisión frontal contra la carga del monstruo. Ignoré la totalidad de las advertencias, deslizándome sobre la superficie congelada con la técnica de un patinador, e incursioné limpiamente bajo el plano mandibular de la criatura.
El fundamento táctico para posicionarme bajo el mentón resultaba elemental: tras recibir la munición albina, el monstruo había evitado la retracción cefálica posterior. Por el contrario, había contraído la mandíbula con extrema rigidez contra su propio torso por mero automatismo reflejo, asemejándose a una maniobra de cobertura defensiva.
Ahí yace.
Propulsé un proyectil con trayectoria ascendente hacia el tejido blando submandibular. La criatura experimentó una torsión espasmódica, advirtiendo el vector de amenaza, e intentó rotar.
La respuesta cinética evidenció la localización del núcleo. No obstante, el armamento portátil en mi poder había sido diseñado considerando los umbrales de tolerancia al retroceso infantiles, careciendo de un poder de detención significativo.
Tal circunstancia motivaba precisamente las directrices conferidas a Meursault.
Ejecutar fuego subsiguiente a mi detonación.
—¡Bang! ¡Bang!
Dos detonaciones sucesivas tronaron en estrecha proximidad temporal y espacial. Meursault no había incurrido en fanfarronería al aseverar su aptitud para impactar cualquier blanco previamente señalado. Su primera ojiva desintegró parcialmente la estructura mandibular del monstruo; la segunda colisionó con absoluta precisión en el mismo punto de penetración de mi proyectil.
Se produjo la fragmentación de una estructura interna acompañada de un crujido denso y húmedo. La masa corporal de la criatura perdió estabilidad lateral. Me zafé mediante una maniobra de rodamiento desde la zona inferior del mentón y vociferé hacia las unidades circundantes:
—¡Replieguen!
Los combatientes, dubitativos entre supervisar mi integridad y prevenir la arremetida del siguiente monstruo, se dispersaron con presteza ante mi directriz. Dos de los especímenes previamente inmovilizados colapsaron bajo la masa del ejemplar abatido, sucumbiendo aplastados por la descomunal estructura orgánica.
Los monstruos remanentes orientaron su atención fugazmente hacia mi ubicación, si bien la escasez numérica en este sector del campo invalidaba la persistencia de su interés. En su lugar, redirigieron su marcha hacia los efectivos que se habían apiñado durante las maniobras evasivas del cadáver desplomado.
—Hah-hah… Lord Haydam, por favor, cese en sus actos temerarios…
Meursault había arribado mediante desplazamiento a la carrera, experimentando una marcada hiperventilación. Sin desviar mi foco visual de las criaturas que hostigaban a la tropa, extendí mi extremidad superior.
—Munición albina.
Maniobró un suspiro de proporciones monumentales ante la exhibición de mi mano extendida y la ausencia de contacto visual, si bien un instante después depositó una ojiva albina compacta en mi palma. La percutí directamente en la región occipital de un monstruo en el preciso instante en que este giraba sustrayéndose de mi perspectiva.
Al otro lado del campo, el Comandante evidenciaba plena consciencia de mi maniobra deliberada para centralizar la hostilidad (*aggro*). Su mirada convergía en mi persona con la intensidad propia de quien proyecta una aniquilación total. Por el momento, esta estrategia se consolidaba como la alternativa óptima para la supervivencia mutua.
Desplacé mi eje visual y fijé la atención en el monstruo que cargaba contra mí estimulado por el estímulo cromático. Sobre el dorso de su hocico, un núcleo lucía resplandeciente a simple vista.
Un núcleo con semejante grado de exposición superficial y que preserva constantes vitales. Debe pertenecer a la categoría de los especímenes dotados de mayor raciocinio.
Había esquivado los proyectiles mediante elevaciones cefálicas sistemáticas. Cualquier observador convencional habría enfocado un blanco de tal obviedad; sin embargo, el puente nasal se conservaba comparativamente íntegro, mientras que la zona ventral mandibular se hallaba seccionada en jirones.
Un espécimen de esta estirpe revestía mayor complejidad operativa que el precedentemente abatido, cuyo núcleo se situaba submandibularmente. La estirpe humana, salvo supuestos de captura incruenta, concluye invariablemente… motivo por el cual las cacerías convencionales saturaban a la criatura con un volumen de fuego desproporcionado hasta provocar su colisión, procediendo ulteriormente a la localización y destrucción del núcleo.
No obstante, mi perfil operativo dista de dichos parámetros.
Si mi condición anatómica inhabilitaba el impacto directo sobre el blanco…
Remitía el resultado a la convergencia estocástica.
Previamente a la ejecución, deslicé una ojeada tangencial superando al monstruo arremetiente en dirección al Comandante posicionado a retaguardia.
La distancia resulta suficiente. El efecto pasivo del título puede experimentar una interrupción momentánea.
Tras verificar la separación espacial, muté mi denominación equipada de Amigo de Luna Moon a Tirador Mágico (*Magic Marksman*).
Conforme al último registro cuantitativo, conservaba un margen aproximado de tres disparos previos al umbral del séptimo. Un único espécimen no agotaría las reservas logísticas.
Nivelé el cañón del arma. La criatura ejecutó una elevación cefálica, exponiendo…
Empero, ardides tácticos de tal simpleza carecían de repercusión ante las prerrogativas del Tirador Mágico (*Magic Marksman*).
Perpetré el disparo sin atisbo de titubeo. El proyectil perforó el tejido ventral debilitado de la mandíbula —el idéntico segmento tisular previamente lacerado por fuego concentrado— y atravesó de forma rectilínea el núcleo emplazado en el plano opuesto del hocico.
El monstruo desplomó sus estructuras en el mismo sitio, semejando la interrupción súbita de un circuito eléctrico. La inercia cinética propulsó al cadáver sobre la superficie nival hasta detenerse abruptamente a escasos centímetros de mi posición.
Meursault se había aproximado con el propósito de proporcionar cobertura complementaria al disparo. Al constatar el abatimiento del monstruo mediante una única ojiva, me observó con absoluta estupefacción.
—Usted…
—¡Wooooaaah!
Cualquier réplica verbal por parte de Meursault quedó disipada por la irrupción de una ovación coral. Subsistían monstruos de gran clase en el terreno operativo, mas la irrupción imprevista de un infante capaz de neutralizar a dos de ellos en secuencia temporal inmediata pareció extirpar la noción de peligro en la tropa, concentrada en contemplarme con patente admiración.
La neutralización expeditiva de dos unidades confirió un respiro operativo a los equipos colaterales. El par de entidades abatidas bajo el peso del primer monstruo había sido finiquitado por efectivos que capitalizaron la ventana táctica sin dilación.
Cuatro unidades restantes.
La ejecución consecutiva de dos blancos había redirigido el foco de hostilidad (*aggro*) del cuarteto subsiguiente de monstruos de forma directa hacia mi posición. Verifiqué el inventario municional remanente y profirí instrucciones a los soldados.
Manifestaron vacilación momentánea, divididos entre la obediencia normativa y el desconcierto, hasta divisar la aproximación de Meursault a retaguardia de los contingentes, auxiliando a las bajas y… sumándose al repliegue general.
Despejado el campo de operadores humanos, se tornó perceptible la trayectoria de tres figuras aproximándose a través de los intersticios entre las bestias que arremetían en mi contra.
El Comandante había transferido el mando operativo a un tercero y avanzaba portando el fusil orientado hacia las entidades. Platón le secundaba con un semblante congestionado de euforia. A su zaga, impulsada por motivaciones insondables para mi discernimiento, la díscola Yeobo se desplazaba a la carrera sobre la nieve con la máxima celeridad que permitía su cortísima longitud extremidad.
Me hallo incapacitado para mantener activo al Tirador Mágico (*Magic Marksman*).
El séptimo proyectil asociado al Tirador Mágico (*Magic Marksman*) impactaba invariablemente sobre el individuo de mayor valía afectiva para el operador. El quebranto de cualquiera de los tres sujetos mencionados acarrearía una catástrofe sistémica; asimismo, sostener un encuentro con el Comandante careciendo de la equipación de Amigo de Luna Moon conllevaba el riesgo de sembrar desconfianza en su estructura psicológica.
En el milisegundo en que sustituí al Tirador Mágico por el Amigo de Luna Moon…
Aconteció una anomalía táctica.
—¿…Eh?
La totalidad de los cuatro monstruos que ejecutaban la embestida en mi contra experimentaron una contracción sincrónica, convulsionando sus macizas estructuras orgánicas. Retrocedieron mediante propulsión posterior, viraron sus trayectorias y emprendieron la huida, esquivando ostensiblemente mi vector de desplazamiento mientras avanzaba en su dirección. Inclusive ante el avance del Comandante a escasa distancia de ellos, flanquearon su posición y se disiparon más allá del horizonte nival.
Descendí el cañón del arma que había elevado preventivamente ante una eventual agresión dirigida al Comandante, experimentando una sensación de marcada incongruencia.
—¿Qué ha ocurrido?
A pesar de la inverosimilitud del fenómeno, se habían dispersado con la dinámica de la fauna de presa ante un superdepredador, denotando un pánico visceral en cada vector de su retirada.
¿Por qué motivo?
Poseía repertorios de títulos con capacidad para inducir pavor en la fauna monstruosa; no obstante, Amigo de Luna Moon carecía de tales atributos. Incluso si albergara una propiedad similar, ningún título documentado en las Zonas Seguras ostentaba el potencial de provocar la huida aterrorizada de cuatro monstruos de gran clase de manera simultánea. Adicionalmente, había portado al Amigo de Luna Moon desde mi arribo al teatro de operaciones, habiéndolo sustituido de forma efímera por el Tirador Mágico antes de restituirlo a su ranura original.
De haber sido el título el factor determinante de la disuasión, el efecto operativo se habría manifestado en el instante mismo de mi materialización en el sector.
Se impone una investigación exhaustiva al respecto…
Cualquiera que hubiese sido el desencadenante de la desbandada —así como su potencial correlación con la súbita desaparición de los monstruos en la Zona de Equipo previa— constituía un interrogante merecedor de esclarecimiento riguroso.
No obstante, en la coyuntura actual, su retirada precipitada había preservado mi integridad vital.
Continuaba observando el vector de fuga cuando expresiones verbales de la tropa se elevaron desde el sector distal del campo, impregnadas de…
—¿A-acaban esas entidades de huir de la presencia de Lord Haydam?
—¡Dos monstruos neutralizados con dos proyectiles resultaron insuficientes para colmar sus capacidades…!
—¡¿Ha disuadido a cuatro monstruos de gran clase apelando exclusivamente a su impronta imponente…?!
Comprendo.
Un nuevo constructo ficticio destinado a engrosar la mitología circundante a mi génesis.
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