El Legendario Prodigio Del Ducado Novela - Capítulo 117
Capítulo 117
Capítulo 117
Capítulo 117
Episodio 117
En los sectores más recónditos del laberinto, los sucesores de dos prestigiosos linajes ducales encaraban a una bestia aterradora que irradiaba una ponzoña absoluta.
Se trataba de un arácnido de proporciones descomunales, cuyo cuerpo alcanzaba varios metros de envergadura.
Con todo, las dimensiones de la criatura no eran su característica más aberrante.
Las extremidades del monstruo estaban constituidas por miembros de seres humanos, cada uno extendiéndose por metros, mientras que sus globos oculares se encontraban rodeados por semblantes humanos. Dichos rostros reflejaban múltiples sentimientos —regocijo, furia, melancolía y dicha—, pero de todos ellos brotaban fluidos hemáticos a modo de lágrimas.
Daba la impresión de que los restos de una decena de individuos hubiesen sido fragmentados y unificados en aquella monstruosa fisonomía arácnida. No guardaba semejanza con un rival común como un orco, sino que se manifestaba como una verdadera deformidad, incluso bajo las lógicas de este entorno.
«Fascinante», articuló Mikhail Lancaster, fijando su atención en el espécimen.
«He escuchado relatos de eruditos acerca del Gran Laberinto del Dominio del Rey Demonio».
«Seguramente, crónicas vinculadas a los demonios antiguos».
«¿Consideras que los restos mortales que estructuran a esa bestia correspondieron a sujetos de sus experimentos?».
«¿Quién podría asegurarlo?».
«Existen rumores que apuntan a que los ancestrales demonios persisten aguardando su momento en los sectores más bajos de este laberinto».
«Resulta sorprendente de qué lugares extrae la gente semejantes narraciones».
Dale guardó silencio. Él tampoco poseía un conocimiento absoluto respecto al Dominio del Rey Demonio.
«Como mínimo, los restos humanos no proliferan en una estructura laberíntica desprovistos de una razón».
Una realidad resultaba innegable: los fragmentos biológicos que daban forma a la entidad eran incuestionablemente de origen humano. El origen de los mismos y el método mediante el cual terminaron fusionados en semejante abominación continuaba siendo una incógnita.
Las ocho estructuras oculares de la araña, conformadas individualmente por un rostro humano, los observaban con fijeza, vertiendo llanto de sangre a la par que exteriorizaban un sinfín de estados de ánimo.
«Una vez que concluya el conflicto de herencia frente a la familia York, nuestra casa Lancaster se volcará por completo en respaldar el pacto con la familia Saxon y la «pionera del Dominio del Rey Demonio»», testificó Mikhail, aferrando el sector superior de su arma, la Pacificadora.
Hizo alusión a la relevante coalición establecida entre las casas Lancaster y Saxon con el fin de oponerse a las huestes demoníacas.
«Dicho de otro modo, adentrarse en los sectores más lúgubres de este laberinto y del propio Dominio del Rey Demonio no constituye una quimera».
«Tu planteamiento va a recibir un análisis positivo», contestó Dale, no detectando ningún perjuicio en las condiciones planteadas.
«Pese a ello…».
Interrumpió su discurso, plenamente consciente de que dar el visto bueno a la alianza y coordinar las cláusulas precisas eran acciones muy distintas.
«Comprendes bien que, en tanto permanezca vinculado a las tareas de colonización del Dominio del Rey Demonio portando el estandarte del vizconde de Saxon, me resulta imposible marcharme de inmediato».
«Oh, no hay motivo para inquietarse por ese detalle», replicó Mikhail esbozando una mueca de complicidad.
En este entorno, los acontecimientos no se desarrollan con presteza. Planificar una campaña militar consume meses, e incluso el desplazamiento entre regiones continentales resulta una tarea pausada en comparación con las dinámicas del siglo XXI.
«Puesto que el vizconde sajón ha decidido integrarse junto a nosotros en esta coalición antidemoniaca, resulta procedente que manifestemos nuestra honestidad en primera instancia».
«¿A qué te refieres con ello?».
«Mientras la familia York convoca a sus allegados, mi progenitor movilizará de igual modo a los contingentes de la casa Lancaster para la contienda. Ese proceso requerirá bastante tiempo».
Los enfrentamientos armados no se desencadenan de forma imprevista, de manera particular cuando involucran a linajes de gran calibre como los Lancaster y los York.
«Llegado el instante preciso, mi progenitor despachará a un portavoz hacia el territorio del Rey Demonio».
Bajo esa línea, Mikhail añadió: «Hasta que ese momento acontezca, brindaré mi apoyo en la tarea de poblar el sector septentrional del dominio del Rey Demonio, tal como lo requiere el vizconde sajón».
No daba muestras de albergar ambición por los posibles tesoros o reliquias místicas ocultas en las entrañas del laberinto.
«Presto juramento para salvaguardar los terrenos de los colonos agricultores y dirigir mi filo en contra de las criaturas demoníacas que acechan este territorio».
«¿Y cuál es el beneficio que buscas?».
«La tranquilidad de todos nuestros semejantes», manifestó Mikhail Lancaster exhibiendo una sonrisa. La tranquilidad de todos nuestros semejantes. Dale optó por mantenerse callado.
En esa precisa fracción de segundo, la aberrante araña, constituida por restos humanos, arremetió contra sus posiciones empleando una rapidez pavorosa, emulando el movimiento de un arácnido cazador.
No obstante, en el trayecto de su avance, Mikhail Lancaster terminó cubierto por una energía de matices rojizos y blanquecinos.
La manifestación corpórea de Mikhail, la «Armadura de los Ideales», que representaba la esencia del Apóstol del Fuego y la Luz, resplandeció con la intensidad de un astro, liberando ráfagas flamígeras destructoras que igualaban la temperatura solar.
El resplandor del alba cubría el metal de la Pacificadora en tanto Mikhail avanzaba con agresividad.
«Las manifestaciones corpóreas resultan sumamente eficientes», reflexionó.
La armadura de los ideales.
Cuando un usuario de la magia extiende el plano de los ideales, esto representa una separación de la realidad tangible, exponiendo sus consideraciones más privadas. En contraposición, los guerreros experimentan menores impedimentos, salvo en escenarios tan deplorables como el vinculado al Espadachín Sagrado.
Explicado de forma llana, los guerreros disponen de la capacidad de manifestar todo su potencial con un desgaste menor en comparación con los usuarios de la magia.
El Apóstol del Fuego y la Luz descargó la Pacificadora, despedazando los miembros humanos que estructuraban a la aberrante araña.
Los semblantes humanos que hacían las veces de órganos visuales de la araña emitieron alaridos de dolor, perdiendo cualquier rasgo de su gesticulación.
Una ráfaga de fuego níveo y cristalino brotó con fuerza.
Constituyó una detonación lumínica comparable a una corona solar. Dale asimiló de manera innata la esencia de aquel calor desmedido.
La corona, que recubre al astro rey, consiste en una zona atmosférica de plasma que se proyecta desde los astros energéticos.
«Plasma…»
Una agrupación de partículas elementales, iones y cargas electrónicas autónomas desarrolladas mediante el incremento térmico de sustancias gaseosas.
El Apóstol del Fuego y la Luz manifestaba una capacidad de demolición abrumadora que hacía honor a su reputación.
La ráfaga de plasma devastó todo elemento presente en su trayectoria, extinguiendo cualquier rastro. Ni un residuo de polvo sobrevivió al impacto. El índice térmico alcanzó magnitudes tan desmedidas que incluso la «piedra mágica» que la criatura debió haber entregado tras su caída fue pulverizada.
«Vaya, qué situación», pronunció Mikhail, desvaneciendo su manifestación corpórea mientras mostraba una expresión de ligera vergüenza.
Con todo, ni las llamaradas de tono azulado que proyectaba lograban disipar la penumbra que se guarecía bajo la protección del Sin Rostro.
«……»
Dale conservó su postura silente, evaluando el escenario en que aquella ráfaga de plasma pudiera ser orientada en su contra.
Mikhail Lancaster poseía un poder formidable. No obstante, ni su nivel se equiparaba al de las Siete Espadas del Continente.
El individuo con mayor proximidad a las Siete Espadas. Ni siquiera Mikhail lograba igualar esa cumbre.
El entorno terrenal es inmenso y alberga a numerosos guerreros de gran calibre.
Incluso Dale, considerado el talento más sobresaliente dentro de los confines del Imperio, divisaba cumbres que todavía le resultaba imposible conquistar. Pese a ello, la existencia de tales colosos no le provocaba desánimo. Por el contrario, incrementaba la motivación en su fuero interno.
La coalición entre las facciones de Lancaster y Sajonia con el propósito de combatir a los demonios.
Pese a ello, resultaba imprudente divulgarla de forma gubernamental en ese instante. En el momento en que la noticia trascendiera, la estirpe de los York percibiría el riesgo y activaría sus mecanismos de respuesta.
Por tal motivo, Mikhail Lancaster utilizó su acero en favor de la estabilidad del Dominio del Rey Demonio bajo la fachada de un simple «aventurero».
En condiciones de confidencialidad, asumió el rol de «Mensajero de la Paz», custodiando y asegurando los accesos en el Dominio del Rey Demonio conforme a las directrices encomendadas por el vizconde sajón.
Un dominador de la energía vital, un guerrero apto para manifestar una representación corpórea, concentra el potencial equivalente al de un regimiento íntegro.
Un ejército concentrado en un solo individuo.
Disponer de un baluarte de tales características que empleara su acero por la tranquilidad del Dominio del Rey Demonio constituía un beneficio incalculable para los intereses de Dale.
De forma particular para las entidades demoníacas que rehuían las batallas campales frente a los contingentes sajones y optaban por ofensivas de desgaste contra los colonos del campo, el surgimiento de «Mikhail Lancaster» representaba un verdadero tormento.
Las huestes demoníacas carecían de grandes premisas filosóficas orientadas a expandir la maldad. Sus asaltos contra los terrenos de producción agrícola constituían simples disputas orientadas a la supervivencia propia. Sin embargo, las tareas de colonización lideradas por Dale en el Dominio del Rey Demonio representaban de igual forma una «disputa orientada a la supervivencia», orientada a lograr cosechas en los terrenos gélidos de Saxon y otorgar un espacio habitable a los pobladores del ducado.
Facciones demoníacas y comunidades humanas. Dos corrientes incapaces de compartir el mismo espacio, combatiendo mutuamente por subsistir.
Esa era la auténtica circunstancia que envolvía la ocupación del Dominio del Rey Demonio. No obstante, una cantidad considerable de habitantes de la región sostenían la idea de que trabajaban los terrenos pertenecientes a la divinidad en oposición a las fuerzas del mal. Una gran cantidad de religiosos integrados como colonos, movilizados por dogmas espirituales, trabajaban los suelos congelados frente al peligro de las criaturas, y Dale no pretendía desacreditar tales pensamientos.
La espiritualidad posee la facultad de cegar el entendimiento de un sujeto, al tiempo que le otorga una tenacidad inquebrantable.
Incluso si se trata de un dogma desviado y carente de rectitud.
«¡Oh, Catherine! ¡Mi estimada Catherine!»
«Jeje, príncipe Felipe, te excedes con tus palabras…».
Felipe, el renombrado seductor, gesticuló como si careciera de respuestas ante la presencia de una dama de semejante atractivo.
El miembro conflictivo dentro de la dinastía de un conde, un especialista en acumular fracasos, el descendiente del Espadachín Sagrado que acumulaba la mayor cantidad de oprobio en la geografía continental.
A pesar de ello, la gesticulación que «Catalina de York» dedicaba a Felipe se percibía limpia y dotada de un encanto inigualable.
«Aun cuando la sociedad decida juzgarte negativamente, príncipe Felipe…».
Catherine frotó con delicadeza la zona lateral del rostro de Felipe, aproximándose para transmitirle palabras al oído.
«Tengo certeza de ello. Poseo la seguridad de que te transformarás en una figura heroica para este imperio».
«¡Ah, estás manifestando la verdad!».
La expresión de Catalina portaba una dulzura comparable a la alocución de una figura mística, y ante tales muestras de afecto, Felipe se vio incapaz de contener el torrente de sensaciones que emergía en su pecho.
«Consigo percibir las «cualidades auténticas» del príncipe Felipe que el resto de las personas no logran identificar».
Su gesticulación distaba por completo de las expresiones ensayadas que caracterizaban a las damas de compañía con quienes Felipe había lidiado en recurrentes escenarios. Sus expresiones al oído se distanciaban de los comentarios lisonjeros que solían manifestar de forma habitual.
Constituía una manifestación de afecto real, dirigida de forma directa hacia lo más íntimo de su ser.
«¡Oh, Catherine! ¡Dueña de mi afecto, mi prometida!».
Imposibilitado para reprimir sus sentimientos, Felipe estrechó entre sus brazos a Catalina. Pese a ello, no constituyó un movimiento motivado por bajas pasiones. Alejado de su fama de hombre disoluto, la retuvo con la delicadeza que se le otorgaría al objeto de mayor valor en la existencia.
«Por consiguiente, mi querido protector, te pido que no defraudes las metas que he depositado en ti».
Resguardada en el pecho de Felipe, Catalina le transmitió sutilmente aquellas palabras al oído.
La expresión afectuosa de su rostro se disipó de manera inmediata, siendo reemplazada por un semblante sumamente frío y completamente desprovisto de calidez humana.
Capítulo 117
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