El Legendario Prodigio Del Ducado Novela - Capítulo 118
Capítulo 118
Capítulo 118
Episodio 118
Tiempo después, cuando las gestiones de Mikhail Lancaster rindieron frutos y el progreso del territorio del Señor Demonio del Norte marchaba a paso firme, un emisario arribó de forma clandestina para entrevistarse con él. No cabía duda de que se trataba de un comisionado proveniente del Ducado de Lancaster.
La colonización y progreso de la región del Señor Demonio del Norte constituía un reto colosal. Demandaba años de persistencia, pacificar a las criaturas demoníacas, roturar los campos y erigir bastiones inéditos. Pese a ello, Dale no pretendía invertir la totalidad de su existencia en dicha labor. Jamás descuidó su meta fundamental, incluso portando el título de vizconde de Saxon.
Con la aparición del delegado de Lancaster, se presentaba la oportunidad para que Dale y Mikhail hicieran honor a su pacto. El conflicto sucesorio entre el ducado de Lancaster y el marquesado de York estaba a punto de estallar.
Por este motivo, Dale delegó el mando de su vizcondado en lugartenientes de absoluta fidelidad y retornó a los dominios de su progenitor, el duque de Saxon, con el propósito de respaldar a Mikhail Lancaster —el venidero rival y apóstol del fuego y la luz— en su calidad de sucesor al trono del ducado de Lancaster.
—La Gran Alianza Demoníaca, según mencionas.
En el despacho privado del duque de Saxon, Dale permanecía reunido con su progenitor y el otro aristócrata invitado: Mikhail Lancaster, el vástago menor de la dinastía Lancaster.
El alto noble oyó con atención y en absoluto silencio las explicaciones de Mikhail respecto a la coyuntura y su requerimiento.
—De todos los rivales posibles, el destino eligió a las brujas de York. Esto representará un auténtico desafío.
Las brujas de York, las marquesas de mayor relevancia en el imperio y consumadas practicantes de las artes oscuras, constituían oponentes formidables. El duque poseía un conocimiento profundo sobre los misterios del imperio y del planeta entero.
—Aun cuando el gran duque Lancaster ostenta el título de maestro de la espada celestial, medir fuerzas de forma simultánea contra la espada fantasma y la espada sagrada constituirá un reto mayúsculo.
La colisión de tres de las siete espadas legendarias de las tierras conocidas auguraba un conflicto encarnizado, cuyas consecuencias alterarían el panorama geopolítico. No representaba un tablado en el que Dale pudiera destacar de forma solitaria.
A causa de ello, el ducado de Lancaster requería el respaldo bélico de la dinastía Saxon, el marquesado de mayor relevancia en la zona septentrional, comandado por el hechicero oscuro más preeminente del continente.
—Nuestra estirpe de Lancaster guardará eterna gratitud ante la generosidad de la dinastía Saxon —aseguró Mikhail, exhibiendo con distinción la insignia de la rosa roja y blanca de su linaje grabada en la armadura.
—En caso de alzarnos con el triunfo en esta contienda, de mi posición como legítimo sucesor del ducado de Lancaster, asumo el compromiso de consolidar un «pacto inquebrantable» con Saxon, en conjunto con la Gran Alianza Demoníaca.
El joven noble procedió a convencer al gobernante de Saxon detallando las ventajas y beneficios recíprocos que obtendrían de la cooperación.
—Ni mi persona ni Sir Helmut poseemos la libertad de marcharnos hacia el ducado de Lancaster.
Los individuos de inmenso poder suelen estar condicionados por sus responsabilidades gubernamentales, de manera primordial en los dominios septentrionales de la familia Saxon. En tanto Dale permaneciera ausente, su progenitor, el Duque Negro, tutelaría los avances en la demarcación del Señor de los Demonios.
—No obstante, Dale, observo que tus convicciones se mantienen inalterables.
—……
—El conflicto por la herencia legítima entre Lancaster y York supera tus capacidades de control directas.
—Comprendo la situación a la perfección. Sin embargo, considero que el peligro acarrea un beneficio sustancial.
—¿A qué te refieres exactamente?
—El noble Mikhail se transformará en un pilar de enorme relevancia dentro de este imperio, además de un socio de gran valía para nuestros propios dominios.
—……
—Brindarle apoyo en su hora más crítica equivale a una inversión estratégica de cara a los tiempos venideros.
Las palabras de Dale sonaron firmes y seguras, provocando que Mikhail Lancaster contuviera el aliento por la tensión.
—Demuestras depositar un voto de confianza muy elevado en el joven aristócrata.
Pese a la brecha generacional, Mikhail Lancaster representaba un homólogo idóneo para Dale. Se erigía como el único integrante de la nobleza con quien Dale había forjado una auténtica camaradería, y su pertenencia al ducado de Lancaster conllevaba una enorme relevancia estratégica.
En su condición de apóstol del fuego y la luz, la noción que Mikhail albergaba sobre la concordia mundial se encontraba visiblemente alterada. Permanecía la incógnita de si acabaría transformándose en un adversario en el porvenir. No obstante, estructurar un pacto en la actualidad abría la posibilidad de eludir dicho desenlace, alcanzando dos metas prioritarias de un solo golpe.
—Lord Dale…
Mikhail esbozó un gesto de timidez y Dale desvió la mirada hacia su progenitor, el duque de Saxon.
—Mis peticiones son moderadas. Requiero que me conceda el liderazgo sobre los Caballeros Cuervo Nocturno y los miembros más antiguos de la Torre Negra.
—El marquesado de York ha consolidado un pacto militar con Lady Sephilia y el conde de Brandeburgo. Pese a que la dinastía imperial argumente mantenerse al margen, la intervención del segundo al mando de los Caballeros de la Cruz de Hierro evidencia una realidad distinta.
—Resulta prudente contemplar la opción de que la Torre Roja se encuentre implicada tras bambalinas.
—La dinastía Lancaster no capitulará con facilidad. Sin embargo, el contingente militar que pretendes llevar no ejercerá una relevancia sustancial en el teatro de operaciones principal.
Las huestes de jinetes y los veteranos de la Torre Negra representaban activos determinantes en reyertas de menor escala entre la baja nobleza. No obstante, en un choque frontal que involucraba a los marquesados de mayor peso en el imperio, sus capacidades resultaban insuficientes.
Carecían de una «fuerza de élite descomunal» entre sus filas.
—Esa cuestión no debe ser motivo de inquietud para usted.
A pesar de las advertencias, Dale mostró una sonrisa cargada de complicidad.
—Contamos con un aliado de inmenso poder capaz de alterar el rumbo del conflicto sin despertar las sospechas de la corte imperial.
—¿……?
Llegaba el momento de que los recursos secretos que Dale había recolectado demostraran su verdadero valor.
Frente al poderío de la espada celestial que esgrimía el gran duque Lancaster, la espada fantasma de Lady Sephilia, perteneciente al clan York, se incorporó al campo de batalla. Tras confirmarse el enlace nupcial de la segunda descendiente de York, Catalina, con el primogénito de Brandeburgo, Felipe, la facción contraria se había asegurado el respaldo de la «espada sagrada».
Con dos de las siete espadas legendarias apuntando directamente hacia los dominios del ducado de Lancaster, existía una única alternativa para balancear las fuerzas en disputa.
Evaluando las condiciones vigentes en el territorio de Sajonia, resultaba del todo inviable que Sir Helmut, uno de los siete maestros de la espada del continente, desamparara sus obligaciones de resguardo. La intervención directa del Duque Negro se proyectaba de igual modo inviable.
Sin embargo, Dale guardaba una «hoja armada» alternativa bajo su control.
Por aquellas horas, en el lúgubre recinto del bastión del Señor Demonio ubicado en el vizcondado sajón —núcleo operativo del sindicato de sicarios más temido del imperio, la Corte de las Sombras—, un individuo permanecía sentado de forma irreverente con las extremidades sobre el mueble principal, profiriendo imprecaciones mientras bebía su licor de golpe.
—¿Pretendes decirme que estamos hablando de una guerra de sucesión entre las casas de York y Lancaster?
Dale dialogaba de manera informal con el maestro Baro, el guerrero proscrito que ostentaba el renombre de «Espada Asesina», integrante del selecto grupo de los siete maestros de la espada, quien carecía por completo de ademanes aristocráticos.
—En efecto. La estirpe York, que previamente había pactado el matrimonio de su primogénita con el hijo mayor de Lancaster, Ricardo, manifiesta su total inconformidad ante la resolución de declarar heredero al segundo vástago, Miguel. Se encuentran decididos a movilizar sus ejércitos por este motivo. La corte imperial, amparándose en que se trata de un conflicto de «derecho consuetudinario», carece de justificaciones legales para mediar.
—Por consiguiente, la matrona poseedora de la Espada Fantasma que lidera la facción de York tomará parte activa en las hostilidades.
La alusión a la Espada Fantasma, Sephilia, causó una ligera alteración en el semblante de Dale. Dada su condición de segunda al mando en la guardia de la corona, los Caballeros de la Cruz de Hierro, su identidad revestía una importancia imposible de omitir.
—Espada Fantasma, Espada Sagrada, Espada Celestial. ¿Esas aberraciones de la naturaleza pretenden inmiscuirse en una disputa de infantes?
—Por desgracia para nuestros planes, nos vemos en la necesidad de intervenir también en esta «disputa de infantes».
—¿Acaso no tienen asuntos de mayor relevancia que atender? —masculló el maestro Baro con evidente descontento.
En ese preciso instante, la Santa de las Sombras, quien permanecía atenta al diálogo sin emitir sonido, tomó la palabra. Su rostro exhibía unas vendas de tonalidad oscura sobre la zona ocular.
—¿Has tenido la oportunidad de contemplar la manifestación espiritual de Mikhail Lancaster? —inquirió la Santa de las Sombras, poseedora de la facultad de percibir lo oculto al ojo humano. Dale asintió con ademán grave.
—Se trata del apóstol del fuego y la luz.
Rememorando la entidad espiritual que Mikhail había revelado con anterioridad, Dale brindó su réplica.
—Representa una amenaza seria. De cara al futuro, se erigirá como uno de los peligros más formidables para las tinieblas que comanda el «Señor de las Sombras».
—Me encuentro plenamente al tanto de dicha realidad —aseguró Dale.
—Sin embargo, en la coyuntura presente, ese factor no resulta prioritario. El pacto estratégico con el Ducado de Lancaster nos reportará dividendos de mayor consideración.
—¿Es esa una determinación que asumes en tu rol de «Apóstol Negro»?
El Apóstol Negro poseía el destino manifiesto de derribar el dominio hegemónico del fuego y la luz para instaurar el reino de las tinieblas. La Corte de las Sombras juraba lealtad al sucesor de Saxon persiguiendo ese objetivo final. Defraudar los principios que los unían representaría una falta de prudencia.
—En efecto —ratificó Dale con absoluta resolución.
—Y con el fin de materializar mis objetivos en calidad de Apóstol de la Oscuridad, demando la movilización inmediata de los recursos de la Corte de las Sombras.
Conforme pronunciaba estas palabras, la silueta oscura de Dale experimentó una agitación. No correspondía al movimiento de su habitual capa de sombras.
Desde las profundidades de la negrura emergió la figura definida de un ser humano.
Una guerrera despojada de la gracia divina, quien había aceptado convertirse en el instrumento de Dale dentro de una realidad desprovista de deidades. Una experta en el manejo de la energía vital y componente de los «Guardias de la Tumba», sujeta a un juramento solemne de total mutismo.
Resguardada por la penumbra, se mantenía la «Doncella Negra», inflexible en su misión perenne de escoltar a Dale.
—Considero que se presenta la oportunidad ideal para evaluar los frutos del adiestramiento de Aurelia —mencionó Dale.
La Doncella Negra, Aurelia, realizó un leve movimiento de cabeza en señal de conformidad y sumisión.
—Ciertamente, sometí a esa muchacha a un régimen extenuante… Quiero expresar que recibió una preparación de primer orden. Estuve a punto de perder la cordura en el proceso —comentó entre risas el maestro de la espada asesina.
Bajo la inflexible tutela de la Hoja de la Sombra, Aurelia se había desprendido de las doctrinas de la «Espada del Caballero» para asimilar en su totalidad las técnicas de la «Hoja del Asesino». Esta transmutación estilística la había consolidado como la temible Doncella Negra que representaba en el presente, modificando su esencia espiritual con cada nueva doctrina asimilada.
Una combatiente de aptitudes excepcionales, con el potencial de plantar cara a las Siete Espadas que poblaban el continente.
—En coordinación con los ejecutores más selectos de la Corte de las Sombras, nos constituiremos en el pilar oculto de poder para el Ducado de Lancaster.
Tras un prolongado periodo de concordia en el Imperio, se estructuraba por ocasión primera un escenario bélico donde un par de grandes ducados y guerreros de capacidades extraordinarias colisionarían empleando todo su potencial militar.
—No obstante, nuestra participación y los golpes que propinemos se mantendrán resguardados bajo el velo del misterio.
Asumiendo su rol como uno de los estrategas esenciales de este inminente conflicto, Dale emitió sus directrices en su condición de comandante supremo de la Corte de las Sombras, el «Señor de las Sombras», con potestad sobre los sicarios más temidos de las tierras conocidas.
—Vaya panorama, ¿me veré en la obligación de poner en juego la vida una vez más en este plano terrenal? —articuló el maestro Baro por lo bajo, un tanto condicionado por el talante solemne de Dale.
—Y que quede constancia de que valoro en gran medida mi propia existencia —agregó de inmediato.
—Ahórrate tus comentarios impertinentes —sentenció Dale, mostrando signos de impaciencia.
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