El Legendario Prodigio Del Ducado Novela - Capítulo 132
Capítulo 132
Capítulo 132
El destino de la contienda dio un vuelco drástico en apenas un parpadeo.
Al momento en que Mikhail Lancaster se apartó de la línea principal con el objetivo de contener a la «Unidad de Defensa Móvil» bajo el mando de Felipe, tanto Dale como las tropas selectas pertenecientes a la Casa York sacaron partido de la situación para emprender una progresión sumamente contundente.
El destacamento principal de la Casa York, comandado bajo el alias del «Príncipe Negro», tampoco estuvo exento de la manipulación ejercida por las hechiceras de York.
De cara al público, las facultades de estas féminas se mantenían en la penumbra. No obstante, la repercusión que lograban causar en el escenario bélico actuando desde el anonimato distaba mucho de ser imperceptible.
Las artes místicas provenientes de la Torre Azul no se limitaban meramente a la alteración del agua o los hielos. Involucraban un vasto repertorio de condicionamientos psíquicos, persuasiones forzadas e imágenes ilusorias, calificadas con total acierto debido a su incesante inclinación por la astucia y el engaño.
Después de todo, un condicionamiento de carácter mental no requiere obligatoriamente estar enfocado hacia el bando rival.
«¡Por la honra de la Casa York!»
«¡Jamás den un paso atrás!»
Del mismo modo en que los comisarios de índole política imbuyen dogmas y fervor patriótico en la milicia, estas ejecutoras de la magia introducían de forma premeditada ciertos patrones morales, otorgando de ese modo una determinación inquebrantable a sus filas.
«Combatan motivados por sus certezas».
«El porvenir entero de York descansa sobre sus hombros».
«Visualicen un mañana donde sus proezas bélicas sean aplaudidas y recordadas del mismo modo que las de los grandes próceres de York».
Las hojas imbuidas en fulgor añil que sostenían los miembros de los Caballeros de la Rosa Azul destellaban de manera intensa. Pese a ello, dichos combatientes se encontraban distantes del estatus propio de los Caballeros del Aura. En el panorama más realista, apenas si rozaban el nivel de aprendices en el manejo de dicha energía.
Y con todo, aquellos simples novatos empleaban con total soltura la doctrina materializada bajo la forma de una «espada de aura».
Fue precisamente en ese instante cuando se develó con total claridad el auténtico potencial de las hechiceras de York.
Dominio de la mente y persuasión forzada. Las hojas de luz añil resplandecían alimentadas por los dogmas artificiales que ellas mismas habían sembrado.
Aquellas mujeres místicas carecían de extremidades aladas o apéndices caudales propios de las súcubos descritas en los mitos. El verdadero peligro que encarnaban no residía en su capacidad de seducción, sino en la destreza con la que lograban subyugar y alterar conciencias sin mayor complicación.
Por mediación de Margaret, Catherine y otras damas vinculadas a la aristocracia de York, guerreros de nivel básico fueron catapultados hasta la categoría de caballeros del aura.
Asimismo, resultaban del todo evidentes las estructuras conceptuales introducidas por la enigmática matrona Titania de la Casa York.
En ese sitio hacían acto de presencia los combatientes que daban forma a las protecciones nacidas de un ideal, identificados habitualmente como Maestros del Aura o Avatares.
«Ustedes representan a los paladines de la Casa York».
Los guerreros se movían inmersos en las «falsas ideologías» concebidas por la Reina de las Pesadillas.
«Oh, jamás dejaremos caer en el olvido sus actos de entrega».
Guiados como si estuviesen bajo el influjo de los dictados de Titania, los combatientes manifestaron sus proyecciones místicas, ensalzando el prestigio de York. En el fuero interno de cada uno, seguramente cobraba forma la ilusión de un futuro lleno de promesas donde obtenían el triunfo y recibían los honores correspondientes a los salvadores del territorio soberano.
Aunque aquello se redujera a un efímero delirio de la imaginación.
«De modo que en esto consiste el auténtico peso de la Casa York».
Finalmente lograba comprenderlo. Tal y como Titania había expuesto previamente, los conflictos bélicos no se ceñían en exclusividad al campo de acción de seres con capacidades fuera de lo común.
La manifestación de energía de un guerrero constituía, a fin de cuentas, la solidificación de un dogma, y las damas místicas de York implantaban dicho «dogma» valiéndose de sus dotes para condicionar el pensamiento ajeno. En cierta medida, el método guardaba bastantes similitudes con las melodías místicas de la Torre Blanca, las cuales robustecían la determinación al avivar las creencias y el temperamento combativo.
Únicamente bajo este entendimiento cobraba lógica la serenidad exhibida por la señora Titania a lo largo de la Primera Guerra de las Rosas. Ni el mismísimo Dale habría tenido la certeza absoluta de salir bien librado si le hubiera tocado confrontarla de forma directa hasta las últimas consecuencias.
Contando ya con los beneficios en el plano táctico que se habían consolidado mediante las directrices de Dale, la fuerza exteriorizada por el linaje de York sobrepasó con creces los cálculos iniciales del propio Dale.
«Quizá represente una fortuna el hecho de que no figuren en el bando contrario».
Caviló Dale para sus adentros, ladeando la mirada. Las circunstancias marchaban fijas. Dale se apoderaría del triunfo definitivo, en tanto que Titania junto con la asamblea de practicantes de la Torre Azul darían cumplimiento a lo pactado.
Por medio de aquella incursión de gran contundencia, las huestes pertenecientes a York consiguieron asfixiar la retaguardia de los destacamentos de Lancaster, transformando la contienda en un escenario donde las agrupaciones de York acorralaban al ejército de Lancaster de manera simultánea por el frente y por detrás.
El bastión defensivo y las unidades apostadas de York contuvieron la zona delantera, mientras las tropas de élite vinculadas al «Príncipe Negro» y a Titania, en compañía de los Caballeros de la Rosa Azul, asumieron el dominio sobre la fragmentada línea posterior de Lancaster.
Para el momento en que el escuadrón selecto comandado por Mikhail hizo su arribo, la sección principal del frente ya arrastraba deterioros fatales producto de múltiples colapsos en puntos clave.
Una única arremetida certera sacó provecho de las debilidades del contrincante, consiguiendo retener a guerreros de enorme peso mediante el uso de un elemento de distracción.
Cada ocasión en que la caballería guiada bajo las órdenes del «Príncipe Negro» se abría paso, las falanges de Lancaster terminaban diezmadas por completo, dando lugar a un rastro de devastación y fluidos vitales a su paso. Constituía una exhibición de habilidad desmedida, efectuada con la misma soltura de quien domina un terreno plenamente conocido.
Con evidente retraso, la facción de Lancaster procuró agrupar la totalidad de los efectivos que aún le quedaban disponibles, disponiéndose a encarar una última confrontación.
Los integrantes de los Caballeros de la Rosa Cruz, portando con orgullo la insignia de la flor blanca, arremetieron en bloque, al tiempo que el cuerpo ecuestre de los Caballeros de la Rosa Azul se organizaba para sostener la contención.
En el tramo resolutivo del conflicto, las divisiones principales se vieron las caras dispuestas a asestar el impacto definitivo.
Las extensiones de terreno llano que dividían los dominios de York y Lancaster terminaron teñidas de un tono escarlata. Distanciándose de la estrategia de York, que desde el inicio se posicionó de forma serena sobre las elevaciones, Lancaster se vio superado por la prisa y desató un ataque frontal.
La embestida de la fuerza montada, valiéndose de la rapidez que caracterizaba a los Caballeros de la Rosa Cruz, impactó de lleno contra los Caballeros de la Rosa Azul, quienes habían echado pie a tierra con la finalidad de rigidizar sus defensas.
El denominado «Príncipe Negro» también tomaba parte en el sitio, oculto de la vista pública y desempeñando el rol de un tirador emboscado mezclado entre los encargados de los arcos en las zonas laterales.
¡Pum!
En medio de la confusión generada por el impacto de las espadas y el brote constante de fluidos corporales, la acción de un armamento de precisión a distancia resultaba sumamente compleja de percibir, incluso para aquellos guerreros con estatus de «Maestros del Aura».
Bajo la constante descarga de proyectiles de madera, un proyectil singular bautizado como «Bala Sombra» rasgó el viento, buscando impactar de lleno en la zona craneal de los objetivos militares.
«No me desagradaría en absoluto materializar una pieza de artillería Gatling, no obstante…».
Legalmente, la figura del «Príncipe Negro» no poseía registro en este sitio. Con el fin de desvincular cualquier indicio sobre la intervención de Dale, resultaba indispensable eludir movimientos que atrajeran un exceso de miradas ajenas.
«¡En nombre de York!»
En breve, la caballería de Lancaster completó el ascenso por las elevaciones del terreno y ambas agrupaciones colisionaron con brutalidad. La vanguardia defensiva de los Caballeros de la Rosa Azul, plantada firmemente y sosteniendo sus protecciones metálicas ante el embate de los Caballeros de la Cruz Rosa, prorrumpió en clamores que rozaban el estado de enajenación.
Fue justo en ese preciso instante cuando aconteció el suceso.
Los guerreros bajo el mando de Lancaster procedieron a manifestar sus respectivos «avatares», cubriéndose de un destello que combinaba tonalidades rojizas y albas. Mikhail Lancaster, el descendiente secundario de la dinastía ducal, no supuso una variante a dicha acción.
El combatiente de matices rojos y blancos, que evocaba la figura del enviado del elemento ígneo y el resplandor solar, el caballero del sol.
«Por fin se hace presente».
Al constatar dicha escena, Dale no mostró el más mínimo titubeo.
«Hacernos cargo del segundo vástago del duque correrá por nuestra cuenta».
«Entendido».
Tras el intercambio de esas palabras, el tirador oculto en las penumbras abandonó su estado de pasividad. En su rol como el «Señor de las Sombras», avanzó con la firme determinación de sellar el desenlace del conflicto armado.
Los ejecutores de máxima categoría pertenecientes a la Corte de las Sombras, moviéndose tras los pasos de Dale, se desvanecieron disolviéndose junto con las corrientes de aire.
Una emanación lumínica de blancura absoluta y enceguecedora, semejante a la actividad de una corona de sol, estalló en el lugar.
La materia en su cuarto estado fundamental, el plasma, fue encauzada con intenciones bélicas, desencadenando los efectos propios de una perturbación solar.
Se trataba de un panorama que traía a la memoria los ataques de artillería característicos de la centuria veintiuna.
En medio del choque frontal de ambas potencias de gran envergadura, cualquier elemento localizado en la trayectoria resultó suprimido. Se produjo una oquedad en el sentido más estricto del término.
La estructura de contención conformada por los Caballeros de la Rosa Azul, desprovistos de cabalgaduras y aferrados a sus escudos, fue deshecha por completo, situación que Mikhail aprovechó para arremeter de inmediato junto a sus subordinados con el fin de introducirse por la brecha abierta.
Ocurrió entonces que una palpable vibración de hostilidad homicida se propagó proviniendo de todas las orientaciones posibles, obligando a Mikhail y a sus leales Caballeros de la Rosa Cruz a ponerse en guardia para encarar el peor de los panoramas.
Una ráfaga de viento cruzó el espacio y, en los puntos exactos donde teóricamente no debía permanecer alma alguna, cobraron forma siluetas humanas nacidas de la penumbra.
Se encontraban ataviados con vestiduras largas de tonalidad oscura y cubrían sus rostros empleando protecciones con la apariencia de picos de aves.
«La Corte de las Sombras…».
Pronunció Mikhail al percatarse de su presencia en el lugar.
«Y deduzco que el «Príncipe Negro» marcha en tu misma dirección».
«……»
Un mutismo absoluto se apoderó del entorno.
«Nos vincula un acuerdo formal».
Luego de una breve interrupción en el diálogo, uno de los ejecutores pertenecientes a la Corte de las Sombras tomó la palabra.
«No representamos más que a una asociación al margen de la ley enfocada en materializar las peticiones de un contratante».
«¿De qué figura se trata su contratante?».
«Dicho dato corresponde a un secreto de índole comercial».
Medir fuerzas con un individuo de capacidades sobresalientes como Mikhail Lancaster y el cuerpo de Caballeros de la Cruz Rosa que le servía demandaba la intervención de un «poder de carácter asimétrico» de idéntica o superior magnitud.
«¿Acaso el regente de Lancaster no está tomando parte activa en este conflicto bélico?».
«Al término de la pasada confrontación, mi progenitor realizó el juramento de no volver a emplear su hoja con propósitos de invasión hacia dominios externos».
«Y a pesar de tal promesa, te encuentras en este sitio, levantando imputaciones infundadas y violentando los terrenos de propiedad ajena».
Uno de los sujetos parapetados tras las máscaras de aspecto aviar soltó una exclamación cargada de desprecio.
«¿No tienes la intención de manifestar el plano de tu doctrina?».
Inquirió Mikhail dirigiéndose al ejecutor de la Corte de las Sombras.
«Su Distinción… o mejor dicho, sin que afecte en absoluto la relevancia que posea su linaje, emplearé la totalidad de mis capacidades».
En su condición de heraldo de las llamas y la claridad, reajustó la presión de su mano sobre la «Espada del Guerrero», la cual emanaba calor alimentada por el plasma. Los integrantes de los Caballeros de la Cruz Rosa que respaldaban a Mikhail adoptaron de igual modo sus respectivas posiciones de ataque.
En un terreno desprovisto de coberturas, un combate directo y carente de las ventajas tácticas que usualmente posee un ejecutor de incógnito. Por añadidura, la facción de Lancaster gozaba de una superioridad en cantidad de efectivos del todo contundente. No configuraba, bajo ninguna óptica, un panorama idóneo para los integrantes de la Corte de las Sombras.
No obstante, este sitio jamás estuvo pensado para ser su zona de confrontación habitual.
«Nos encontramos prevenidos para afrontar dicho escenario», manifestó uno de los asesinos oculto tras la máscara de pico de ave, produciendo un chasquido con sus dedos. Una corriente de energía de tonalidad oscura comenzó a girar en torno a sus extremidades inferiores.
En un abrir y cerrar de ojos, la denominada «Oscuridad de la Noche de Invierno» se manifestó sobre el sitio, atrapando en su influjo tanto a Mikhail Lancaster como a los Caballeros de la Rosa Cruz y a los propios miembros de la Corte de las Sombras por igual.
Una imponente estructura fortificada de color oscuro se elevaba en medio de aquella gélida y sombría noche de estación invernal, espacio donde los restos de carbón encendido flotaban provenientes del hogar del hogar del recinto fortificado.
Aquel entorno constituía el plano material de los conceptos abstractos, una determinación extrema nacida de la voluntad de combatir hasta el último aliento en su rol como practicante de las artes místicas.
«Por todos los demonios, las temperaturas son verdaderamente gélidas aquí», profirió uno de los sujetos de la máscara aviar, manifestando un leve estremecimiento corporal. A pesar de la gravedad que implicaba el choque inminente, se expresaba con una pasividad desapegada, tal como si el asunto concerniera a un tercero.
No cabía espacio a las equivocaciones respecto a que se trataba de una entidad de capacidades formidables, el estratega de la hoja letal, Baro.
«Contamos ya con la presencia de uno de los Siete Espadachines del Continente así como con diversos combatientes de gran peso de nuestra parte», añadió el individuo parapetado tras la máscara.
«Y habiendo sido testigos directos de lo que conforma «mi entorno conceptual», nos resulta imposible consentir que las tropas leales al príncipe Mikhail continúen con vida».
«… Expresas tus palabras como si yo representara un caso aparte», replicó Mikhail ante el planteamiento.
«El valor y la trascendencia de la estirpe que transita por nuestras venas difiere notablemente», sentenció el enmascarado.
El hecho de presenciar el plano conceptual de un individuo posee una trascendencia mayúscula. Implica de forma ineludible o bien un rechazo absoluto o una aceptación plena. No obstante, proyectar dicho dominio de ideas frente a los subordinados del príncipe constituía una acción indispensable orientada a la protección propia.
«No existe ningún componente de índole personal en esto. Se reduce puramente a transacciones de negocios, un pacto formal que la Corte de las Sombras ha tomado la decisión de validar».
«¿En qué consiste de forma específica dicho acuerdo?», demandó saber Mikhail.
«Garantizar el triunfo definitivo en la presente acción bélica», aportó como réplica el sujeto enmascarado.
«Con tal propósito en mente, tengo la determinación de privar de la libertad al príncipe Mikhail para posteriormente plantear un proceso de concertación de tregua con el linaje Lancaster».
«… Semejante planteamiento aporta cierta dosis de tranquilidad», enunció Mikhail, expresando su conformidad mediante un sutil movimiento de cabeza, conservando una postura serena y sin mostrar alteración alguna.
«No guardo el menor deseo de continuar desempeñando el papel de una pieza sacrificable en los movimientos tácticos diseñados por el «Príncipe Negro»».
Corrigió la posición de su mano en la empuñadura del arma.
—¿No comparte usted la misma visión, estimado Sephelia? —Mikhail dirigió sus palabras hacia uno de los componentes de los Caballeros de la Rosa Cruz que marchaba en su retaguardia.
El aludido procedió a retirarse la pesada protección de la cabeza, dejando a la vista una memorable cabellera de tonalidad azabache que caía de forma fluida. El armamento conocido como «Soulbringer» que sostenía en sus manos liberó finalmente su perturbadora energía espiritual.
«En el transcurso de una conflagración, no subsisten adversarios fijos ni alianzas destinadas a perdurar eternamente», manifestó el guerrero en cuestión.
«…».
Habiendo sido requerido previamente para retornar a la urbe principal por dictamen de la dinastía gobernante, uno de los integrantes pertenecientes al selecto grupo de los Siete Espadachines del Continente se encontraba nuevamente de vuelta.
En el preciso instante en que Dale se había distanciado de Lancaster con el objetivo de manifestar sus capacidades en favor de York…
La figura identificada como la «Hoja Fantasma Sephelia», que en épocas pasadas había brindado su esfuerzo combativo en beneficio del linaje York debido a sus lazos de parentesco lejano, se situaba ahora hombro con hombro junto a la facción de Lancaster, disponiendo su arma para la acción.
Capítulo 132
Comments for chapter "Capítulo 132"
MANGA DISCUSSION
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com
